• Caracas (Venezuela)

Sergio Monsalve

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Oportuno el estreno de Las Sufragistas a pocos días de celebrarse los comicios del 6 de diciembre. La película se yergue en un alegato feminista, puro y duro, exento de concesiones paternalistas, plañideras, conservadoras.

Políticamente incorrecta y subversiva, rectifica el error de cálculo del cierre de la saga de Hunger Games.

Si el final de la epopeya de Sinsajo: Parte 2 complace a la dominación masculina, el desenlace del drama protagonizado por una encomiable Carey Mulligan ofrece una verdadera respuesta al cine del poder misógino, sin depender de las estructuras coercitivas de la hegemonía de los señores de las sombras.

Desde la concepción hasta la ejecución, el filme expone una seria declaración de principios, a favor de la gesta de las pioneras inglesas, quienes decidieron enfrentar a un sistema democrático injusto, para abogar, defender y conseguir la aprobación de su derecho al voto, entre el siglo XIX y el XX.

Un largo y espinoso camino, lleno de obstáculos, burlas, menosprecios, inquisiciones y demás tropelías. La cacería de brujas al modo de la vieja escuela machista.

Por tanto, una cinta de plena vigencia en Venezuela, cuando el atropello a la mujer disidente se impone y decreta bajo el amparo de las autoridades incompetentes del partido de gobierno.

Coherente con la premisa del guión, la ficha técnica despliega un conjunto de nombres de profesionales talentosas. Tal es el caso de la directora Sarah Gravon, una eficiente y comprometida diseñadora de ambientes opresivos de época. Reconstruye la historia apelando a una batería de recursos de primera línea. Derrocha creatividad en el montaje de las secuencias de tragedia y suspenso. Por cierto, el ritmo de la trama evoca la atmósfera conspirativa del clásico, La Batalla de Argel.

Las protagonistas siembran dinamita en buzones de correo, quiebran vitrinas de tiendas, adoptan métodos de guerrilla urbana, ejercen la práctica de la resistencia activa. Incluso una de las cabecillas del grupo llega al extremo de inmolarse. Por supuesto, todo ello plantea un dilema complicado de encajar y asimilar para el mundo occidental en la actualidad.

Con las protestas de París ante la cumbre del cambio climático, aunado a los recientes atentados sufridos por la capital de Francia, el contenido de Las Sufragistas despertará polémica, al glorificar un pasado de desobediencia civil, hoy condenado, considerado ilegal y reprimido a fuerza de brutalidad policial. ¿Es una oda al terrorismo? La pregunta incómoda debe responderla cada espectador, con madurez y dentro del contexto de la obra, escrita por la pluma de Abi Morgan, cuyo libreto destila oficio, capacidad de síntesis y calidad literaria.

Del reparto destacamos el trabajo interpretativo de Helena Bonham Carter, Brendan Gleeson y Ben Whishaw.

La siempre deslumbrante Meryl Streep es solo una sombra de sus mejores papeles, quizás una figura emblemática, reducida a una breve aparición. La escurridiza y misteriosa abeja reina del panal de la insurrección. Una fuente de inspiración para la auténtica heroína del relato, Maud, la chica humilde víctima del abuso y del acoso, destinada a cobrar conciencia de su estado de esclavitud. Ella se libera y emancipa a la audiencia, mediante su ejemplo. La recordaremos el próximo domingo al momento de elegir a los candidatos a la Asamblea Nacional.

Por un cambio necesario, oponerse al régimen de los caballeros oscurantistas es la única alternativa.