• Caracas (Venezuela)

Sergio Monsalve

Al instante

Vigilar y castigar

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La falla de origen del borrador de la segunda Reforma de la Ley de Cine radica en su naturaleza coercitiva de vigilancia y castigo.

Sin querer queriendo, resucita los peores presagios de la teoría de Michel Foucault.

Artículo por artículo, propuesta por propuesta, establece una férrea estructura de control, propia de las sociedades disciplinarias cuestionadas y desentrañadas por el filósofo francés.

Grosso modo, podemos catalogar el proyecto como la expresión de un panóptico cultural, en el que el Estado pretende arrogarse el derecho de verticalizar y centralizar todas las funciones de la industria audiovisual nacional.

Al estilo de un Leviatán insaciable, adquiere la forma de un pulpo con siete tentáculos, diseñados para exprimir las alicaídas ubres de la empresa privada, golpeada por los avatares de la crisis económica generada por el mismo gobierno.

Así, en una época de vacas flacas, se busca aumentar las recaudaciones del sector, a costillas del dinero de los contribuyentes de las grandes compañías del medio, afectadas por la depresión financiera. Irónica manera de subvencionar un aparato de corte socialista con la plata producida por el “satanizado” mercado capitalista.

Después hablan de los males del sistema neoliberal. Luego izan la bandera, por mera demagogia, de la protección de la identidad y la soberanía nacional, en defensa de la penetración ideológica del eterno chivo expiatorio, del único villano de la película. Por supuesto, nos referimos a Hollywood, el enemigo principal, según los códigos binarios del nuevo reglamento. Aquí empiezan a salir a flote los principales lastres de la iniciativa.

Señores, ¿cómo van a imponerle un límite de un máximo de 20% de cuota pantalla a los estrenos internacionales, si de sus éxitos en taquilla dependen las recaudaciones destinadas a Fonprocine para sufragar los costos de las cintas vernáculas? Las matemáticas son sencillas. Saquen las cuentas.

Les sangrarán los ojos al leerlo, pero a ustedes les conviene apostar a la victoria de los caballos importados de la temporada de verano. Por cada boleto vendido para Jurassic World, ingresa más efectivo a la caja chica manejada por el CNAC.

Por tanto, aunque les duela reconocerlo, con la meca no se metan, pues gracias a ella sobrevive su modelo de negocios.  

En tal sentido, renuncien a la idea de imitar el paradigma del Seniat, al aumentar indiscriminadamente las multas de 300 a 3.000 unidades tributarias por comerse la luz, tragarse la flecha o cruzar la raya amarilla.

Insistimos, es demasiado el incremento, como la escandalosa subida del IVA en la industria de España. Aprendamos de los errores cometidos afuera. La medida tuvo un efecto boomerang.

Tampoco vale la pena obligar a una distribuidora del extranjero a difundir 30% de contenido venezolano, so pena de recibir una sanción, cuando ello le resta autonomía a la inversión foránea, rompe con su ADN corporativo y perjudica sus márgenes de ganancia. Por defecto, volvemos al punto de partida. Menos billete para las arcas de Fonprocine.

Igualmente, elevar la tasa de 5% a 12% no resuelve el problema de raíz y termina por desalentar, por contraer, por erosionar las bases de la plataforma, al extremo de ponerla en jaque, condicionar su vulnerable estabilidad y llevarla a la quiebra.

Los cambios pintan bellos en el papel. Por desgracia, no soportan un análisis serio. Le tejen una soga al cuello del cine nacional.

Cargados de buenas intenciones, como los Minions, agravan la enfermedad, en lugar de proporcionarle una cura.

Le damos el beneficio de la duda al boleto único, porque facilitaría el monitoreo online del box office. Ojalá no sea utilizado para regular los precios.

En cuanto a la fundación de un circuito alternativo de exhibición, el asunto se presta a discusión. Ya existe la red de Cinematecas Regionales. El parque de salas instituido es suficiente para cubrir la demanda. Lo demás, en nuestra opinión, sería un derroche innecesario de bolívares devaluados.

¿Certificado para obras de interés artístico y cultural? Versos y cuentos chinos con sabor a antaño. Quedados en la nota de la escuela de Frankfurt. Hoy, a un cinéfilo, curtido y abierto, le gusta la diversidad, sin los prejuicios del manifiesto comunista de Corea del Norte. Una noche consume un blockbuster palomitero. Al día siguiente, disfruta de un filme de autor.

Materias pendientes, archivos abandonados. ¿Y la piratería, la articulación con la autopista de la información, la controlaría social, el combate a la persistencia de las roscas dulces?

Mejor luchemos por elevar la calidad, evitar la complacencia y erradicar a los grupos de presión.

Una última sugerencia. Pensemos en configurar comisiones de curadores y veedores, absolutamente desligados del rollo partidista de la polarización. Gente honesta y transparente.

Basta de la condescendencia de lanzar cualquier bodrio a la cartelera, nada más porque lleva impreso el rótulo de “hecho en Venezuela”. Es imperativo filtrar, distinguir el grano de la paja. Así trabajan en el mundo real, separando el lomito del bofe. De lo contrario, el desangre continuará.

Por una reforma auténtica, divorciada y separada de los conflictos de interés. A someterla a debate. A sacudirla. A depurarla. 

Por ahora, luce como un manual de instrucciones para adiestrar a un fiscal de tránsito, con complejo de víctima de una conspiración del imperio.

Clásico de la izquierda caviar.

Le falta un marco ético y estético de altura. 

Le sobra el trasfondo reciclado del populismo del siglo XXI.

Típico del síndrome de Robin Hood.

Lo de costumbre. Saldar las deudas y los compromisos adquiridos, expropiando los recursos de los emprendedores civiles.

La revolución se limpia las manos y no piensa aportar un peso para el pote.

Una mantequilla.

¿Dakazo en 24 cuadros por segundo?

¿Cuadrando el plan, justo antes de la derrota en las parlamentarias?  

En síntesis, un esquema derivado de la visión rentista petrolera, clientelar e intervencionista (enfocada en el cobro de impuestos y diezmos).