• Caracas (Venezuela)

Sergio Monsalve

Al instante

Venezuela a través del espejo

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A falta de un cine comprometido con la realidad urgente de Venezuela, el crítico debe conformarse con buscar proyecciones distantes de la llamada situación país. Las encontramos dentro de la cartelera, como ecos lejanos de nuestra película distópica.

El conjuro 2, filme bendito del perverso James Wan, revisita la tragedia terrorífica de Poltergeist y El exorcista, desplazándola a la Inglaterra de 1978, sumida en el caos, la depresión, la decadencia urbana y la miseria social.

Una madre divorciada apenas puede mantener a cinco hijos, asolados por los fantasmas del hambre, el abandono y la ruina de una emblemática casa del fin de los tiempos. Mal abastecidos y alimentados, los niños son presa fácil de los juegos macabros de la locura, la esquizofrenia y la pesadilla expresionista del decorado.

En la joven protagonista se encarna la posesión diabólica de un estado de descontrol, a merced de fenómenos paranormales muy cercanos: apagones periódicos, invasiones violentas de la morada, disfuncionalidad familiar, aislamiento, pánico, bipolaridad y declive moral.

Las instituciones y los poderes constituidos no logran descubrir una cura a la sintomática enfermedad de la víctima del acoso. 

Los medios la explotan, las autoridades la condenan al olvido de las causas perdidas, los entes religiosos se limpian las manos como Pilatos y la ciencia solo alcanza a esgrimir un veredicto de puro escepticismo.

Al rescate de la chica vendrán héroes modestos, vestidos de civil. Una pareja de investigadores independientes, los vecinos de la cuadra, los humildes afectados por el drama.

La colega Malena Ferrer detecta el vínculo estético con la reciente obra maestra del género, The Babadook. La pieza culmina en una tradicional secuencia de purificación espiritual del alma corrompida por los entes externos.

El astuto realizador apela a la sabia reformulación del patrón clásico, salpicándolo de destellos subversivos y pecaminosos. Hay una aparente victoria de la cruzada de la esperanza, pero los créditos despiertan a la audiencia del sueño idílico, devolviéndola al origen de los espantosos hechos relatados. Cierre punketo, modo The Clash, de no futuro. Distinga usted la relación con el ambiente tenebrista y pesimista de la quinta república.

Lo mismo cabe para la fallida Alicia a través del espejo, nueva adaptación pirotécnica de la novela de Lewis Carroll. El diseño burtoniano de producción engulle al contenido y lo opaca, transfigurándolo en un reflejo menor de una demencia audiovisual de Terry William (The Imaginarium of Doctor Parnassus). A pesar de sus innumerables defectos argumentales, un filme de resonancias existenciales válidas de destacar (el feminismo, la invitación a refugiarse en el laberinto de las quimeras suspendidas, la lucha contra la racionalidad dominante, la reivindicación del emprendimiento individual, la defensa de los disidentes, considerados locos por la aristocracia victoriana).

Otro tanto apreciamos en la lograda y electrizante Money Monster, compañera de batalla de The Big Short, Margin Call y 99 Homes, consecuencias de los efectos devastadores del crack de la bolsa de 2008. En ella, el público venezolano revivirá parte del concepto de la estupenda 100 años de perdón de Alejandro Saderman. Consumado híbrido entre Tarde de perros, Network y Mad City (Robert Andrés Gómez dixit). Admite un par de cuestionamientos. Primero, la contradicción de denunciar los estragos del capitalismo, sin renunciar a sus esquemas de instrumentalización comercial. El Hollywood progre comulga con las incongruencias del socialismo bolivariano (vulgar liberalismo salvaje pintado de rojo).  Segundo, el reduccionismo de echarle la culpa a un chivo expiatorio, a una manzana podrida, en lugar de atacar el fondo de la bancarrota generada por el sistema. En su descargo, el epílogo compensa el truco de la conclusión del tercer acto.

Los ladrones siguen en libertad y gobiernan la Reserva Federal. Ergo, la disfrutamos como una sátira feroz de nuestra banca envilecida y de su valle de zamuros, apadrinados por la dizque revolución.