• Caracas (Venezuela)

Sergio Monsalve

Al instante

4 mujeres: Still Alice, Insurgente, La inmigrante y Ninfomanía

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La moraleja de La Cenicienta unificó la diversidad temática de la cartelera, a principios de 2015. Lo comentamos semanas atrás. En la columna de hoy reseñamos el caso opuesto. Es otra coincidencia argumental: la de películas protagonizadas por víctimas o victimarias de diferentes circunstancias sociales, políticas y culturales.

Pasamos de un paisaje bucólico, de cuento de hadas, a una zona de conflicto, guerra, crisis, condena, redención e imposibilidad de escape.

De nuevo, la condición femenina sirve como vitrina para exhibir no un desfile de vestidos impecables y zapatillas de cristal, sino un conjunto de tacones rotos, uniformes de combate, harapos y diseños alternativos. Ropa provocadora y contemporánea para cubrir cuerpos afligidos, mutilados, renegados y disidentes.

Obligada a disfrazarse de prostituta, la protagonista de La inmigrante sufre el calvario de la marginalidad y la trata de blancas, por su condición de exiliada polaca, refugiada en las malas calles de Nueva York.

El filme, de ribetes clásicos, describe la disolución de la promesa de la tierra de las oportunidades. Explotada, esclavizada y abusada, la meretriz encarna la visión desencantada del director James Gray sobre el mito del sueño americano. Una obra pesimista y desoladora, en la tradición de Sergio Leone, del crepuscular John Ford y del Scorsese de Taxi Driver. Su plano final, partido en dos, envuelve la cinta en una atmósfera de modernidad melancólica, a la manera del mejor Antonioni (compárese con el desenlace de El reportero, por ejemplo).

Del pretérito pegamos un brinco hacia un futuro incierto en Insurgente, segunda parte de la franquicia estelarizada por la réplica de la chica de Los juegos del hambre. Con el cabello corto, la figura del reparto encabeza una rebelión contra un poder despótico y distópico.

De la pornografía apocalíptica a la revisión efectista de la ciencia ficción, la pieza explora el laberinto de la realidad virtual, mientras ofrece un caudal de acciones populistas de videojuego.

Constituye la apuesta de un multimedio por capitalizar el mercado de la resistencia, animado por el escepticismo de la generación del milenio. Refuerza estereotipos de la dominación masculina como la tirana, la amazona y la elegida.

A pesar de ello, la antiheroína recupera el espíritu de combate del síndrome de Trinity, para desafiar a la dictadura de las máquinas y demoler barreras, en pos de la libertad de los suyos.

Sea como moda o tendencia de lo mainstream, la bandera de la emancipación siempre será bien recibida en tiempos en los que manda y gobierna la hegemonía.

El tercer eslabón de la cadena rompe con el molde del cine espectáculo, del blockbuster inspirado en un best seller. Lleva por título Still Alice y supone la consagración de Julianne Moore en los premios de la Academia, así como la reivindicación de Kristen Stewart después de su vapuleada pasantía por los predios de la saga Crepúsculo.

El performance de la veterana pelirroja se emparenta con su contribución para el largometraje Safe, al traducir el desconcierto físico y existencial de una madre enferma. Le diagnostican un alzhéimer prematuro y su mundo cambia por completo. Descubre el afecto incondicional de su familia, el desmoronamiento de su carrera profesional, la irreversible pérdida de la memoria, la lucha, la progresiva resignación, la aceptación de su estado de salud. Un proceso ilustrado con dignidad, modestia y adecuados recursos expresivos. De una ejecución limpia, discreta, independiente.

La grata sorpresa es incorporada por la estrella ascendente del elenco, la socorrida exvampira. Por cierto, también la pudimos disfrutar en la reciente Clouds of Sils Maria. Natural, espontánea y compasiva, ella invoca el compromiso ético defendido por Susan Sontag en el ensayo “Ante el dolor de los demás”. Una hija solidaria y humana frente al padecimiento de su progenitora. Ambas se redimen y aprenden juntas el valor de la fraternidad, de los recuerdos imborrables, de la fragilidad de nuestras supuestas certidumbres.

Por último, Ninfomanía Vol. 1 compensa las omisiones y censuras de 50 sombras de Grey. Realizada por Lars von Trier, narra las aventuras y desventuras de una devoradora de hombres cuyo apetito sexual es insaciable.

El autor no la somete al escarnio, no la juzga, no la crucifica, no le impone una etiqueta, no la marca con el sello de la letra escarlata. La psicoanaliza en una suerte de sesión de terapia y desahogo, al lado de un sereno interlocutor, dispuesto a rescatarla y a escucharla.  Él es pescador y relaciona cada anécdota del personaje principal con las técnicas de caza de su oficio.

Afectada por el complejo de culpa, el diálogo va liberando las tensiones y angustias de la atribulada depredadora. Una especie de confesión se despliega en la pantalla, aunque no hay absolución o indulgencia por los pecados cometidos. Solo contemplamos el desarrollo de un ejercicio de catarsis. Le sobran un par de numeritos recargados en su drama. Le falta la contundencia, la capacidad de choque de Idiotas, cuando el fundador del Dogma 95 golpeaba con menos cálculo.

De cualquier modo, nos gusta la clausura del primer episodio en medio de un clima de tempestad e inquietud. La saturación conduce a la inhibición, a la autoanestesia. Y lo peor es no sentir nada.

¿El amor se diluye por el consumo compulsivo de los ritos carnales? Pregunta que se responderá en la siguiente entrega del díptico.

Por lo pronto, nos despedimos con un signo de interrogación en la cabeza.

Le agradecemos a las cuatro películas citadas por invitarnos a meditar, a formularnos incógnitas, a reflexionar con ustedes.