• Caracas (Venezuela)

Sergio Monsalve

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Sergio Monsalve

Purga política

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Purge: Anarchy es un modélico filme palimpsesto, cuyo guión conserva la memoria del género de terror para escribir su historia en tiempo presente.

Esmerada secuela de La noche de la expiación, la película parte de la misma premisa argumental, con el fin de recuperar las huellas de los padres fundadores de la llamada pesadilla americana, una corriente surgida entre las décadas de los setenta, ochenta y noventa.

De igual modo, la pieza rinde homenaje a varios autores emblemáticos de la contracultura, de la vanguardia.

En adelante, dividiremos la reseña a la luz de las citas explícitas e implícitas descubiertas en el contenido del largometraje. Cada subtítulo de la nota aludirá al nombre de un director de culto.

 

John Carpenter. En primer lugar, James DeMonaco (realizador de Purge: Anarchy) establece un diálogo con la obra de John Carpenter al volverle a imprimir un sello político a la segunda entrega de su franquicia. Valor añadido del conflicto, precisamente cuando las cintas del filón privilegian la mecánica del espanto y el brinco por encima de las ideas de choque, de las tramas subversivas.

En doce horas y un futuro cercano, el Estado decreta la absoluta libertad para ejercer la violencia, al extremo de llegar a la muerte. Ello, según el libreto, reduce la tasa de criminalidad y garantiza la paz social durante el año. Pero a un costo muy alto, al parecer del enfoque crítico del subtexto.

De nuevo, resucitando el espíritu de Carpenter, Purge: Anarchy proyecta una oscura distopía a la manera de Escape de Nueva York, donde la ciudad cobra un protagonismo fundamental, como espejo de una sociedad aparentemente civilizada,  aunque entregada de lleno a la celebración ritual del darwinismo salvaje, a punta de bala y cuchillo. Todo supervisado, vigilado y controlado por el complejo militar industrial.

En consecuencia, el gobierno impone una forma encubierta de fascismo. Así, regresamos a los predios de las teorías conspirativas y paranoicas de trabajos como They Live.

A su estilo, el mensaje evoca la denuncia de Michael Moore en Bowling for Columbine, al poner en tela de juicio las doctrinas de la asociación nacional del rifle. 

Como dato adicional, Frank Grillo interpreta a un clásico antihéroe, de tintes rebeldes y westerianos, en la tradición del actor fetiche de John Carpenter, Kurt Russell.

 

Tobe Hooper. La matanza de Texas supone el canto del cisne de Tobe Hooper. Ella inaugura la tendencia del pánico verité, cámara en mano y a plena luz del día, casi como un falso documental. Además, su personaje Leatherface marcó un antes y un después en la evolución de la escuela. De allí Purge: Anarchy reinventa una estética de lo macabro, vinculada al hiperrealismo y al uso de máscaras espeluznantes. Referentes, signos y verdugos de una crónica roja, muy próxima al caos de la inseguridad venezolana.

En paralelo, la pantalla explota el grano de las texturas digitales, recordando las exploraciones fotográficas de Michael Mann y Nicolas Winding Refn en nuestras urbes fantasmagóricas y deshumanizadas.

 

George Romero. Por último, Purge: Anarchy bebe de las fuentes de las alegorías y parábolas apocalípticas de George Romero, el maestro de la filosofía zombie.

Adaptando sus preceptos sociales y morales, la película concluye con tres reflexiones pesimistas. Uno, todos somos potenciales muertos en vida. Dos, la purga refuerza la ley del más fuerte, cebándose en los focos de la miseria y la pobreza. Para rematar, los poderosos festejan la fecha, cual Día de Acción de Gracias, dándose un banquete de sangre, sudor y vísceras, comparable con el sadismo de Pasolini en Saló.

¿Cuál es la salida? James DeMonaco tiende a reservarse la respuesta para el tercer capítulo. Sin embargo, Purge: Anarchy va anticipando un par de soluciones. Resistir (emulando los métodos de guerrilla de Spike Lee) y solidarizarse con los demás (siguiendo las consignas de Susan Sontag).

En síntesis, recomendable, fija en la lista de 2014 y una de las cumbres del terror en el año.