• Caracas (Venezuela)

Sergio Monsalve

Al instante

Paraíso, purgatorio e infierno

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Reportes de mínima recaudación. Las vimos a sala vacía. Ambas películas de no ficción y venezolanas. La tendencia del género en 2015. Cumplir dos semanas en cartelera, salir ipso facto de las marquesinas, a pesar de la calidad de sus argumentos. 

Lo hemos comentado desde enero. E insistimos con las preguntas para buscar respuestas y alternativas, porque al final todos pierden: promotores del CNAC, exhibidores, distribuidores y espectadores.

¿Por qué el público las castiga con el látigo de la indiferencia? ¿Culpa de una mala campaña de mercadeo, de los condicionamientos ancestrales de la demanda, de la falta de educación en la materia, de las asimetrías de la oferta, de la necesidad de apostar a lo seguro por la ficha de la cultura del entretenimiento, de la alergia colectiva a enfrentarse con la dura realidad, de los socorridos jinetes del apocalipsis económico, de la situación país o de un conjunto de escenarios incomprensibles?

Cualquiera sea el caso, debemos reconocerlos, atajarlos, discutirlos y atenderlos a tiempo, pues sus daños colaterales siguen afectando tanto a la industria nacional como a los directamente involucrados en el problema.

Fingir demencia, hacerse el sueco, correr la arruga, solo prolonga la agonía y no resuelve el meollo del asunto.

Por tanto, recomendamos abrir un debate serio sobre el tema.

Cruzar opiniones, promover la participación ciudadana, invitar a formular propuestas diferentes a las tradicionales. De lo contrario, nos conformaremos con ser testigos de un verdadero genocidio silencioso, el de filmes pequeños condenados a la guillotina del estado actual de las cosas.

Así acusamos recibo de dos títulos ignorados por la audiencia: Fe de chamán y Sin vuelta, documentales de creación unidos por la voluntad de sembrar inquietudes, plantear dilemas comprometidos y visibilizar cuestiones políticamente incorrectas, diluidas entre los paraísos artificiales de la publicidad, el espectáculo, la propaganda oficial.

Fe de chamán aborda el conflicto del proceso de inserción de los jóvenes de las tribus originarias de Venezuela en el sistema educativo de la ULA. Un convenio de la universidad les garantiza y les facilita la posibilidad de entrar a estudiar una carrera en la prestigiosa institución de la zona andina.

Con honestidad y transparencia, el trabajo muestra las virtudes y defectos del programa, según la perspectiva de diversos de sus beneficiarios y becarios.

La integración de algunos se dificulta por la carencia de recursos y la barrera del idioma. Una chica lo intenta, al conseguir un empleo como vendedora de productos Herbalife, pero fracasa en su proyecto debido a las circunstancias adversas.

Uno de los personajes principales sí logra su cometido, por su propio empeño y dedicación. Proactivo y optimista, jamás renuncia a sus raíces y quiere aportarle la sabiduría indígena a la investigación científica de la medicina.

Relacionándose con el subtexto de Dauna, lo que lleva el río, el mensaje de Fe de chamán apuesta por la reconciliación del ámbito académico con el mundo de las etnias nacionales.

Emocionante la escena cuando descubrimos al primer licenciado del grupo, ovacionado en el acto de grado mientras viste con orgullo la indumentaria de su estirpe.

De igual modo, sentimos empatía por quienes se notan perdidos en la traslación y parecen destinados a engrosar la lista de deserciones. La pluralidad de voces y figuras enriquece el valor del filme.

En el mismo sentido, Sin vuelta despliega un menú de opciones, a cual más dramática, cruda y emblemática.

La protagonista se encuentra varada en un limbo, en un purgatorio, en un calvario, en un régimen de libertad condicional, tras cumplir una condena de tres años, acusada por el delito de tráfico de estupefacientes. Gitana, discriminada y marginada, la cámara registra el desarrollo de su trágica historia, como la víctima de un decorado laberíntico, inseguro, periférico y espectral de una mengua difícil de maquillar. Es un viaje por el lado oculto por la censura del socialismo del siglo XXI. Los contrastes son elocuentes y estremecedores.

La Caracas del chavismo ostenta su red inabarcable de consignas, afiches y gigantografías, dedicadas a celebrar la gestión del líder único, a favor de las madres de la patria.

Paralelamente, la pobre mujer de la cinta sobrevive como puede en un entorno precario y vulnerable. Ella mira a la distancia a Hugo Rafael, haciendo campaña, alrededor de El Silencio. No hay conexión e identificación. Los comentarios sobran.

El deambular de la señora, por una ciudad ruinosa y distópica, rememora los traumas femeninos de la escuela italiana de la posguerra. De Mamma Roma a la descomposición urbana de Alemania año cero. También resemantiza los frescos descarnados de la indigencia vernácula, ilustrados por los lentes de Jesús Enrique Guédez, Josefina Jordán y Ugo Ulive. El del realizador no es el procedimiento de un vampiro de la pornomiseria al uso (arquetipo demolido por la magnífica Agarrando pueblo).  

El método del autor es el de la observación y la indagación antropológica de la alteridad, nada ingenua o complaciente. Además, elude el recurso simplista de hacer casting y seleccionar a una dama ejemplar. La doña humilde y honrada de comercial de arepas.

En Sin vuelta contemplamos cuerpos heridos, sufridos, marcados y desligados de los cánones establecidos de belleza. Una anciana cuida a la hija de la ex reclusa. Las balas de los gallitos alegres suenan de cerca y amedrentan a los habitantes del barrio.

La bebita juega en lugares peligrosos, normalizados por la cotidianidad.

La madre castiga y regaña a la niña con una cierta dosis de violencia doméstica, naturalizada y producto de la desesperación. De a poco, la película humaniza al reparto disfuncional de caracteres. Surgen el afecto, la nobleza, el cariño, la redención, el foco de esperanza y dignidad. Aunque el futuro de la protagonista es incierto como el de la república.

Un ícono de una nación de siluetas y perfiles mallugados, abandonados a su suerte en un infierno de falsas promesas paternalistas.