• Caracas (Venezuela)

Sergio Monsalve

Al instante

Locura divina

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Fernando Vallejo abandonó el cine porque lo consideró un embeleco del siglo XX, sin futuro. Pudo haber tenido razón. Pero falló en el pronóstico.

Las imágenes en movimiento siguen produciendo un arte consistente, enigmático y destinado a perdurar en el tiempo. Ahora bien, lo de la trampa y el truco debemos ponerlo entre comillas. Sí corre peligro de extinción la estética de la desaparición, del efectismo, del pan y circo, de la barraca de feria.

Por inercia, la maquinaria del entretenimiento girará sus tuercas y engranajes oxidados. La audiencia consumirá por acto reflejo el bulo, el engaño, la mentira de la temporada. Ahí no hay salvación posible.

Con todo, la industria llega a redimirse, cuando estrena logradas películas de género, honestas en intenciones y principios.

Now You See Me 2 es un claro ejemplo de un juego sardónico e inteligente con las cartas marcadas de Hollywood. De paso, vuelve a derribar el mito de “las segundas partes jamás fueron buenas”.

La original sorprendió a medio mundo. Revisaba un filón agotado, el de las tramas conspirativas de prestidigitadores, y lo dotaba de un brío hipermoderno, sofisticado, intertextual, atractivo, mordaz. Fue un thriller de suspenso con un ritmo endiablado, un reparto seductor y un ejercicio de exposición de la doble moral del poder.

La continuación mantiene el mismo esquema formal y conceptual, pero añadiéndole nuevos giros, secundarios, argumentos e ilusiones por develar a los famosos Cuatro Jinetes del elenco coral.

De ascendencia oriental, el realizador aporta una lúdica y sensible contribución del gentilicio chino, por cortesía de un par de dueños de una tienda de magia, aliados a la cruzada de los protagonistas.

Descentrada en su estructura dramática, la historia despliega una narración globalizada, desde Estados Unidos hasta Londres, pasando por Macao. La estrategia de atacar el mercado asiático funciona y aporta exotismo a la puesta en escena, gracias además a los cimientos del sólido guion.

Metalinguístico del segundo inicial al último, el libreto termina de atar varios cabos sueltos del relato fundacional, brindándole soporte con flash-backs, diálogos punzantes, frases ocurrentes, maniobras inesperadas y un catálogo de citas sublimes (dedicadas a  John Carpenter, Steven Spielberg, Orson Welles, John Woo y Robert Bresson).

A propósito, una de la secuencias climáticas, la del robo del chip, contagia no solo por su soberbia planificación audiovisual, sino también por su exquisita manera de trasladar las complejas coreografías de Pickpocket a un espacio contemporáneo, high tech y dislocado, a lo Misión Imposible de Brian De Palma.

El ingenioso Woody Harrelson repite en un delirante doble papel. De igual modo, Dave Franco y Jesse Eisenberg se reincorporan al grupo de mosqueteros, quienes ante la ausencia de Isla Fisher (Henley Reeves) encuentran el reemplazo ideal en la figura de la espléndida Lizzy Caplan (Lula). Mark Ruffalo resuelve sus dilemas y conflictos paterno filiales con el impagable Morgan Freeman. Michael Caine intenta organizar la venganza perfecta en complicidad con su hijo bastardo, Walter, caracterizado por un as bajo la manga, un acierto de casting, un autoparódico Daniel Radcliffe, cuyo performance de villano goza del tino de gastarle una broma cruel al fanático de Harry Potter. Luego de una temporada en el laberinto del alcohol y de malas elecciones actorales, el consentido de la escuela de Hogwarts obtiene una alta calificación, apartándose del estereotipo de niño noble y dejándose arrastrar por el lado oscuro de la fuerza. Aprendió la lección de Voldermort y la llevó a la práctica delante de las cámaras del prometedor Jon M. Chu.

Ahora lo ves y desvanece, frente a tus ojos, el aparato de control orwelliano del presente distópico. El mensaje del subtexto en la línea de Spectre.

Descubriendo el simulacro de un planeta vigilado por intereses personales, corporativos y gubernamentales. De 1984 a 2016.

En el tarot de la geopolítica, somos la baraja del fool, del tonto, de la insensatez. Hemos caído por inocentes. En una segunda mirada, el naipe del cero activa una suerte de locura divina. Es la apuesta de Now You See Me 2 y su alucinado desenmascaramiento de las redes internacionales de estafadores.

Oportuna respuesta a los programadores de la restricción y prohibición de libertades.

La sociedad de la transparencia es una farsa, un complot.

Por la preservación de nuestro derecho a la privacidad, a la intimidad, al anonimato y a la desobediencia.