• Caracas (Venezuela)

Sergio Monsalve

Al instante

Filtraciones de Hollywood

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Semana de secuelas aparentemente inofensivas, integradas, dóciles, domesticadas.

El crítico ortodoxo puede despacharlas en una primera mirada indiferente y desganada, para después meterlas en su saquito de odio y calificarlas de productos infames de la cultura mainstream.  Los colegas trasnochados son peores.

Llenos de prejuicios, ni siquiera hacen la tarea de verlas, conformándose con desautorizarlas desde el tráiler. Lo de ellos es replegarse en la zona de confort de un mentado cine de autor incólume, combativo y disidente. Una utopía válida, pero abolida.

Establecen jerarquías pasadas de moda. Siguen creyendo en la anacrónica distinción entre las bellas artes, lo estrictamente comercial y la socorrida civilización del espectáculo.

Evaden la realidad y prefieren esconderse en la cueva de la mentira, como la protagonista de Good Bye Lenin. El mundo cambió, los viejos códigos se alteraron, lo bajo se imbricó con lo alto y los antiguos esquemas no sirven para comprender la mediática contemporánea. Los invitamos a actualizarse.

Pongamos el caso de dos anatemas de la temporada para el especialista en festivales de rarezas exóticas, herméticas y minimalistas (homogeneizadas por un manierismo decadente).

Nos referimos a las desternillantes y mordaces Día de la Independencia 2 y Buscando a Dory. Leer las reseñas de los “entendidos” sobre ellas provoca un poco de hastío y decepción ante su incapacidad de darles el mínimo beneficio de la duda. Las revientan con los mismos adjetivos y cuestionamientos desfasados. O les cuesta descifrar el subtexto o les gusta subirse al convoy de los creadores de consensos sofisticados. Definitivamente, nos separa una grieta. De ahora en adelante les demostraremos su equívoco, su error de percepción. Si les apetece, hay un foro abierto para discutirlo.

Empecemos por la primera del binomio, la dirigida por el francotirador alemán Roland Emmerich, a quien subestiman por ignorancia. ¿De verdad ustedes se la tomaron en serio? Perdieron el tiempo, amigos. La desmesura del largometraje revela una intención comunicativa totalmente opuesta, la de exponer el delirio de una cruzada nacionalista y global por salvar al planeta de una invasión extraterrestre. Aun así, el realizador aplica el método contrario al de Tim Burton en Mars Attack, una caricatura salvaje y despiadada del género.

Día de la Independencia 2 guarda mayor cariño por sus estrafalarios personajes, mientras los envuelve en una serie de situaciones deliberadamente cínicas y absurdas. Al final, la consciente saturación de clichés y guiños picantes demuelen la plataforma hipertextual del blockbuster de ciencia ficción en un registro paralelo al de la subversiva y tragicómica Starship Troopers de Paul Verhoeven. Atentos a la disparatada secuencia del epílogo. Epítome colosal de una parodia al filón de catástrofes apocalípticas, alimentadas por el síndrome post 11 de septiembre. 20 años después de la original, el tanque de los noventa vuelve para exhibir las delirantes fantasías paranoicas del milenio.

Buscando a Dory también engaña de entrada al público escéptico. Amaga con ser una réplica de la versión animada estelarizada por Nemo, uno de los íconos de Pixar.

Pronto, y en especial desde el segundo acto, activa un divertido ejercicio de demolición de los pilares de un acuario y por ende de los pivotes de Sea World, de la propia industria y de Disney (el estudio patrocinador del filme, lastrado apenas por un par de flashbacks redundantes y adaptados al patrón didáctico de Inside Out).

Con unos secundarios inolvidables y otro cierre desternillante, Buscando a Dory evidencia cómo se filtra el descontento por los muros y los estanques de la meca, hasta implosionarlos por dentro, con el detonante del humor y la chispa de una gracia liberadora. Introducida por un magnífico corto de pichones y conchas de mar, la pieza descubre el vasto océano de creatividad, sumergido en las supuestas arenas estériles de la cartelera de verano.

Risa inteligente entre pulpos, moluscos, calamares galácticos, presidentes kamikazes, punch lines y gags de aliento iconoclasta. Recomendable para desconectarse de la situación país.