• Caracas (Venezuela)

Sergio Monsalve

Al instante

El Dilema de Fuera del aire

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Sábado en la tarde. Función a sala llena. Hay poder de convocatoria. ¿La censura tiene sentido en el siglo XXI? Fuera del aire responde a la pregunta con su éxito de taquilla.

La gente brinda respaldo al derecho de la libertad de expresión. En pocas palabras, busca la manera de romper los cercos de la comunicación, de saltar las viejas barreras entre emisor y receptor.

A Luis Chataing lo sacaron de la parrilla de Televen, de forma abrupta, bajo una serie de absurdas presiones internas y externas. Ni siquiera pudo despedirse de su audiencia. De ahí nace la idea de concluir su programa a través de una gira de presentaciones en vivo, donde todo sería registrado en cámara. Luego de un apretado proceso de producción y edición del material rodado, vería luz un documental. Hoy figura en la cartelera y compite con los blockbusters de la temporada. La dulce revancha del famoso locutor ante la intentona de acallar su voz.

Sin ser una obra maestra, Fuera del aire derriba algunos mitos y tabús de la pantalla criolla. ¿El grueso del público solo quiere evadirse de la realidad, fingir demencia y consumir enlatados de animación? Mentira.

¿Es mejor no meterse con el gobierno, pasar agachado, resignarse a filmar películas complacientes o amoldadas al canon oficial? Falso.

Por supuesto, un natural antecedente fue la crítica vertida en el largometraje de Mariana Rondón, Pelo Malo. Pero en materia documental había una deuda por saldar con el enfoque político de la oposición.

Naturalmente, no podemos olvidar el caso de Tiempos de dictadura. Aun así, la pieza de Carlos Oteyza basa su discurso en el paralelismo del pasado con el presente. Es decir, desarrolla un planteamiento indirecto, desde los cimientos de la historia.

Los demás ejemplos son proyectos dirigidos hacia las plataformas alternativas, debido a las conocidas restricciones de las redes tradicionales, controladas por el Estado.

En consecuencia, Fuera del aire sienta un interesante precedente en la cartelera, más allá de sus elementos discutibles de fondo. Para equilibrar la balanza y no caer en los clichés del pensamiento binario, comentaremos sus virtudes y defectos.

En su descargo, la película cuenta con una impecable factura técnica. El empaque gráfico logra despertar la atención del respetable, a partir de la estupenda sección de créditos, a modo de introducción y presentación del problema.

La fotografía capta los detalles de los personajes, destaca la riqueza visual de las locaciones, pasando del plano íntimo al colectivo.

Al estilo de una road movie, el lente amplifica las bondades del paisajismo nacional, siguiendo el recorrido de un viaje por Venezuela, con el objetivo de reafirmar valores como la identidad.

Aquí cabe extrañar la imagen de un territorio signado por la pobreza y la estrechez económica. Nunca saldremos de una burbuja de habitaciones de hotel, cabinas de radio, desplazamientos varios, auditorios, arenas, aeropuertos, piscinas y postales de calendario.

La música y el audio componen un espacio sonoro afable, cálido, motivacional.

El argumento del libreto cumple una función didáctica, reflexiva y lúdica sobre el tema en cuestión. Nos enseña cómo montar un espectáculo a gran escala, arrancando por la discusión de la idea, transitando por sus bajadas y subidas, hasta culminar en la última estación de la travesía (el Fórum de Valencia).

Durante el trayecto, conocemos más de la vida y la óptica del protagonista, acompañado por el testimonio de sus fanáticos e incondicionales.

Delante del director Héctor Palma, Luis Chataing se desahoga y tiende a revelar sus facetas como padre, creativo y humorista.

Rescatamos la escena del encuentro con Vanessa Davies. Una reconciliación de una patria dividida y polarizada. Ejercicio de ciudadanía, aceptación de las diferencias y solidaridad gremial, frente a las amenazas de la mordaza.

Los reporteros del show aportan una visión fresca, desenfadada, distintiva de las angustias, expectativas y sentimientos de una generación de relevo.

¿Cuáles puntos merecen una revisión? Primero, el montaje. La duración pudo acortarse, sin perder efectividad. La extensión hace redundante al mensaje.

Segundo, falta una opinión disidente, divergente, distinta al coro del aplauso, la celebración. Se corre el riesgo de pecar de unidimensional. No es la intención de Fuera del aire, aunque acaba pareciendo el espejo invertido de Al sur de la frontera, La revolución no será transmitida" y Mi amigo, Hugo. Un concierto carente de tonos desafinados, para el lucimiento del dueño de la batuta.

Tercero, surge la duda de si la invocación de Renny Ottolina es un homenaje, una fuente de inspiración o una comparación forzada.

Cuarto, el epílogo, de halagos mutuos, luce demasiado autoindulgente. Quinto, el largo eleva un pedestal para la construcción de un héroe mesiánico. Por tanto, el lenguaje del documental se confunde con el de la publicidad y el mercadeo. Sexto, la gracia, a veces, brilla por su ausencia.

Al final, el saldo es un poco desigual. Nos alegramos por el triunfo de un equipo, cuya postura se pretendió silenciar, invitándonos a apostar por el futuro de quienes ofrecen resistencia.

Marcamos distancia con el costado populista del traje hecho a la medida.

¿La preventa de un prospecto a candidato? Yo voto por la permanencia del colega en su papel de comunicador social. Sea como sea, la decisión dependerá del destino y de la voluntad del soberano, del elector.