• Caracas (Venezuela)

Sergio Monsalve

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Derrocamiento de falsos líderes

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La crítica superficial y anodina le bajó los pulgares, por acto reflejo, a X Men: Apocalipsis. El reduccionismo periodístico ejerce el oficio así, de manera previsible, acomplejada y provinciana. Leen las reseñas ajenas y se suelen subir al avión de cabotaje de los veredictos consensuados. Les cuesta formularse un pensamiento independiente.

Prejuiciados y condicionados, encuentran en la nueva película de Bryan Singer el blanco perfecto de sus ataques programados. La tildan de fallida, ridícula, la peor de la trilogía. Nada menos cierto.

De ahora en más procedemos a reivindicarla, sin prescindir de un análisis de su contenido latente, presto a la controversia.

En su duración operática, el filme envuelve diversas capas de interpretación.

La primera desarrolla un conflicto histórico, de proporciones bíblicas y evangélicas, sobre la fundación, el declive y el renacimiento de la civilización.

El hombre, según el libreto, desciende de un pecado original, de una traición, de una raza mutante condenada a morar en las catacumbas, los espacios clandestinos y las zonas oscuras del planeta Tierra.

El prólogo abre en una simbólica pirámide, cuyo interior esconde el secreto del devenir maldito de la voluntad de poder. Puede confundir la naturaleza plástica y efectista del empaque, deliberadamente barroco. Un toque kitsch, de esencia irónica, identificado con la paleta de colores chillones de Flash Gordon y otros excesos del mestizaje genérico after pop, como bien lo afirma la colega Malena Ferrer.

Pero el mensaje de fondo se impone, a pesar de la desmesura formal, para refrendarse en la excelsa sección de créditos, una síntesis del espiral distópico de la condición humana, desde la esclavitud de Egipto, pasando por los campos de concentración hasta llegar al metafórico año de 1983, la época del rearme moral republicano.

Ronald Reagan figura en varios fragmentos de la pieza, secundado por referentes de la Guerra Fría, a quienes el villano de la película considera falsos líderes.

Oscar Isaac interpreta al mefistofélico ángel de la muerte, enfundado en una túnica con capucha. De pocas palabras y tragicómicos estallidos de violencia, encarna un arquetipo del terrorismo contemporáneo, asociado a la cultura del Medio Oriente. Una tendencia del cine mainstream islamofóbico de los últimos tiempos. Discutible por su falta de aristas.

Los héroes viven un período de crisis, depresión y división. La constante de 2016. Recordar los ejemplos de Batman versus Superman y Capitán América: Civil War.

¿Qué distingue a X Men: Apocalipsis de sus propuestas homólogas? Claramente rehúye de las intensidades expresionistas y solemnes de la DC Comics.

En tal sentido, adopta la visión lúdica y cínica de la Marvel, apelando a una efectiva combinación de humor negro con melodrama de catástrofe.

De la amalgama posmoderna y revisionista de la dirección emerge un sugestivo collage de viñetas, set pieces y logradas secuencias de acción.

En la lista de honor cabe destacar las vigorosas escenas de los traumas de Magneto (tributarias de The Birds y de la estética de Shoah),  los guiños a los íconos multimedia de los ochenta (Atari, la chaqueta de Michael Jackson, el look de Volver al futuro, la cita a El retorno del jedi, la música metalera), cada uno de los performances del entrañable diablo teenager (Nightcrawler), la huida al centro comercial, las alusiones al Lynch monstruoso de Dune, el profuso sello queer del realizador, el intro de Cyclops, la telúrica liberación de Wolverine y el impresionante despliegue técnico del juego de pausa de Quicksilver (la joya de la corona del reparto emergente).

De nuevo, creíbles y aceptables los dilemas del profesor Xavier, Mystique y Beast.

Toda una ofrenda a los geeks y fanáticos de las excentricidades y placeres culposos del diseño vintage, de la moda retro.

El desenlace sí peca de tradicional, complaciente y amoldado a los patrones del exploitation post 11 de septiembre.

El etnocentrismo saca las garras y tasajea de un palmo el argumento de operación comando de rescate del mundo. Cierre convencional de batalla campal, carente de identidad. El engendro maquiavélico de la república árabe capitaliza el cliché de la fobia musulmana, erradicada por el ejercicio de rutina de los redentores del universo amenazado.

Golosina masticada y urgida de un recambio de sabor.

Al margen de su happy ending de fórmula, X Men: Apocalipsis aprueba el test, deleita las retinas y despierta un sinnúmero de ideas de interés.

Los discriminados toman el control ante el desvarío y la incompetencia de las autoridades. La pregunta queda esbozada al final.

¿Nos vamos a seguir dejando gobernar por ídolos de pies de barro o les oponemos una dura resistencia, para conjurarlos?