• Caracas (Venezuela)

Sergio Monsalve

Al instante

Cine venezolano después del 6D

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Los resultados del 6 de diciembre impulsarán un cambio en todas las estructuras del sector cultural (vinculado al poder público). El cine no será la excepción.

La nueva correlación de fuerzas de la Asamblea Nacional deberá establecer correctivos y reformar esquemas, heredados de la caduca tradición de la hegemonía comunicacional de la quinta república.

En tal sentido, aportamos algunas críticas y sugerencias, para incentivar la discusión de los integrantes del gremio audiovisual.

No se pretende imponer una agenda de criterios dogmáticos y cerrados. Solo ventilar y proponer un conjunto de ideas, desde nuestro humilde espacio de Internet. Dependerá de cada quien tomarlas en consideración o no.

Una prioridad es volver a abrir la ventana del debate de la Segunda Reforma de Ley. Por suerte no fue sancionada antes de la celebración de los comicios parlamentarios. Al día de hoy, todavía quedan muchos puntos por aclarar y definir en el confuso proyecto, presentado hasta ahora y sujeto a una tímida revisión.

Los disidentes plantearon serios cuestionamientos al complejo entramado de conflictos de interés, esbozados por los artículos polémicos del reglamento: el de los topes de los porcentajes de distribución, el del resguardo a las películas de valor “artístico”, el de los ajustes de las unidades tributarias, el del incremento de las tasas y tarifas por concepto de recaudación de taquilla.

Así, todo el peso de las contribuciones económicas a los fondos de subvención, recae sobre las espaldas de la empresa privada y del ciudadano común, quien paga entonces, sin consultársele, una especie de diezmo, de impuesto, a través de la compra del boleto de su preferencia.

¿Suena lógico en las actuales condiciones de la situación país, asfixiado por las tenazas de un mercado contraído y deprimido? ¿Cuál es el beneficio directo para el espectador?

¿Ver cómo su dinero se despilfarra en la producción de una serie de telefilmes de dudosa calidad?

Por lo tanto, la audiencia tiene el derecho de participar activamente en el diseño del instrumento legal. Como mínimo, someterlo a una elección libre y ajena a las componendas de los circuitos de élite. Por lo demás, al Estado también le toca asumir responsabilidad en la asignación de la renta anual para los créditos de las piezas locales.

Incluso, promover iniciativas independientes, de bajo presupuesto, cuyo éxito comercial sea posteriormente recompensado y no al revés, como suele ocurrir.

Pasando la página, asomamos otro tema delicado. El presente y el futuro de la Villa del Cine, transfigurada en un aparato burocrático de propaganda, modalidad “caja negra”, al servicio exclusivo de los fines políticos de la nomenclatura del socialismo del siglo XXI. Su falta de transparencia siempre mueve a la sospecha.

Ruedan largometrajes a discreción, los estrenan por trámite y apenas duran un par de semanas en cartelera.

Fracasaron con el paradigma de la reconstrucción histórica (a las órdenes de las campañas del PSUV) y con el programa escapista de abordar géneros redituables (retrocediendo 50 años en la evolución del lenguaje de las imágenes en movimiento). Tampoco el público respondió a sus llamados proselitistas de conciencia.

Por ello, la institución requiere modificar sus pautas y orientaciones erradas, fruto de la complicidad paternalista, del pensamiento único y de la ausencia de una verdadera contraloría social. Estimamos razonable adaptarla a los patrones del CNAC, llamando a concursos y convocatorias realmente plurales, exentas de compromisos con la línea editorial de VTV, digitada por el Minci.

En el contexto de la victoria de las parlamentarias, nos merecemos una oferta estética de cintas a la altura de las circunstancias.

Borrar del mapa límites anacrónicos como las listas negras decretadas por Farruco Sesto, los métodos de escuelita amateur disfrazados de mascaradas de guerrilla, las búsquedas de chivos expiatorios (Hollywood, la conspiración de la industria foránea del espectáculo), las presiones de las viejas roscas dulces, los pactos de no agresión con el populismo y la decadencia de la pornografía sensacionalista, oportunista, reguetonera.

Por fortuna, soplan vientos de alternabilidad democrática. El horizonte empieza a despejarse. El principal desafío consiste en recuperar la brújula del éxito, aceptando los retos demandados por el soberano al momento de ejercer su derecho ciudadano.

Cuestión de administrar la victoria con inteligencia, sensibilidad y tolerancia.

A reivindicar la diversidad de opiniones y versiones por amplificar en la pantalla grande.

Gana el equilibrio de la balanza.

Pierde el régimen de la desigualdad de oportunidades.