• Caracas (Venezuela)

Sergio Dahbar

Al instante

Sergio Dahbar

La madre siempre llama dos veces

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Siempre hace falta una culpa originaria. El escritor de novelas policiales James Ellroy tenía 10 años en junio de 1958 y había pasado el fin de semana con su padre, Armand Ellroy. El niño debía regresar los domingos a casa de la madre, en la localidad de El Monte. Esta vez se encontraron con policías, periodistas y muchos curiosos.

Jean Hilliker Ellroy, 43 años, enfermera en una fábrica, había sido violada y estrangulada con un cordón de seda. La encontraron con una media alrededor del cuello, muy cerca de un sendero lateral donde los adolescentes iban a hacer el amor.

Lo que nadie supo en ese momento es que ese muchacho frágil no sintió tristeza por la muerte trágica de su madre. En secreto, con el alma atragantada, recibió una corriente de felicidad. Un fotógrafo se acercó y le tomó una foto: esa imagen del escritor permanece intacta.

La madre de James Ellroy, Jean Hilliker, vivió quince minutos de gloria el 12 de diciembre de 1938, cuando fue escogida entre participantes de toda la nación como una de las cuatro mujeres más encantadoras de América, en un concurso patrocinado por una firma de cosméticos.

Jean Hilliker se separó de Armand Ellroy en 1954, pero continuaron peleando. La espiaba, tras la pista de una infidelidad para poder quitarle el hijo. Harta, se mudó a la localidad de El Monte, la ciudad de las mujeres divorciadas.

Su hijo la odiaba por alejarlo de su padre y por haberse convertido en alcohólica. También se arrinconaban otros sentimientos: poseía curiosidad por ver a su madre desnuda en la bañera, por mirarle un seno que no tenía pezón (se lo habían operado tiempo atrás). El viernes previo al fin de semana que la mataron, James Ellroy peleó con su madre y deseó que se muriera.

En 1994 Ellroy recibió la llamada de un conocido. Le comentó que pensaba escribir sobre crímenes no resueltos, y que había solicitado el archivo de Jean Hilliker. Ellroy nunca quiso enfrentar esos rastros de su madre, pero esta vez aceptó. El archivo lo condujo a un detective a punto de retirarse, Bill Stone, quien lo ayudó a investigar años después el asesinato de su madre.

No lograron iluminar las zonas ocultas del caso Jean Hilliker, ni descubrieron testigos que no hubieran aparecido en la investigación. Cruzaron datos, compararon crímenes de la época, volvieron sobre las fotos. La investigación solo sirvió para que James Ellroy exorcizara esa vivencia en el libro Mis rincones oscuros (1996).

Años de terapia le permitieron advertir que había deseado a su madre hasta el punto de sentir que ese sentimiento la había matado. Sentía culpa. Quizás por esa razón su obra (La dalia negra, L. A. Confidencial…) está marcada por mujeres maltratadas, una forma de hablar del brutal asesinato de su madre, un enigma sin resolver.

Como todos vuelven al escenario del crimen, Ellroy ha visitado por segunda vez a su madre. A la caza de la mujer (Mondadori, 2011) nació como una texto en primera persona para la edición estadounidense de la revista Playboy (similar al que antes entregaran Gabriel García Márquez, Ian Fleming, Ray Bradbury, Haruki Murakami, Jack Kerouac o Norman Mailer).

Luego se convirtió en un libro. Comienza con su madre (otra cosa hubiera sido imposible), pero también refiere a su niñera alemana (con la que se acercó al sexo a los 9 años) y hace un repaso de las mujeres que han pasado por su vida, las que lo dejaron en la carretera o las que no pudo alcanzar. Como bien aclara la casa editora, “es la confesión de un depredador, un tratado sobre la culpabilidad y sobre el poder de una maldición”. Un libro que hay que leer, aun cuando uno tenga una relación tranquila con su madre.