• Caracas (Venezuela)

Sergio Dahbar

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El copista y la mujer apasionada

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Algo notable ocurrirá en los primeros días de enero de 2016: la editorial española Planeta pondrá a la venta una historia de amor imposible. El libro se llama La pasión de Madmoiselle S.

Madmoiselle S es Simone, una mujer desconocida de principios del siglo veinte que se ha enamorado de un hombre casado, que es además más joven que ella. “El recuerdo de aquellas caricias me trastorna de forma extraña. (…) Quiero que me ames con todo el ardor de tu deseo, que me hagas gozar violentamente bajo tus abrazos perversos”.

Simone ha conocido el fuego del amor. Se encuentra poseída por el arrebato de la pasión y le implora a su amante Charles. Quiere verlo pronto. Simone es una mujer atrevida. Rompe las convenciones sexuales de las mujeres que la rodean. Ninguna duda la asalta: quiere complacer al hombre que la hace feliz con el cuerpo y desdichada con su ausencia.

La pregunta más importante es cómo llegaron estas cartas, marcadas con la caligrafía del corazón y la locura, a convertirse en un libro anónimo. La correspondencia, atada con un lazo que se desintegra, fue encontrada en el desván de una casa de provincia.

La encontró un diplomático francés (Jean-Yves Berthault), hurgando en un desván lleno de polvo y cosas inútiles. Un verdadero tesoro del amor imposible y una reliquia de un mundo que pareciera desvanecerse como tantas otras felicidades.

El mundo que se desintegra es la escritura manual, con lápiz o pluma fuente o bolígrafo, sobre un papel en el que el grafito o la tinta deja una huella para la eternidad. Y eso es lo que pareciera que no vamos a ver más. De hecho, descubrimientos como el del diplomático en el desván en el futuro serán casi imposibles.

Siempre que pienso en la desaparición inevitable del mundo como lo conocemos hoy, con libros impresos en papel y cartas de amor que huelen a “no me olvides’’, invoco la lectura de: La historia de la escritura (Siruela, 2015), de Ewan Clayton. Es un fascinante viaje a través de la escritura, que muestra cómo ha cambiado nuestra relación con la palabra escrita en la era digital.

Clayton tuvo problemas en su infancia para escribir. De ahí que la caligrafía se convirtió en una obsesión. Y que más tarde, obstinado, aprendiera a hacer un libro con sus manos. Desde la escritura hasta el encuadernado. Tras una enfermedad, entró en un monasterio, primero como lego y luego como fraile. Como miembro de la Sociedad de Amanuenses e Iluminadores, se convirtió en copista.

Al dejar el monasterio, fue contratado como asesor de Xerox PARC, el Palo Alto Research Center de Xerox Corporation, en California. “En este laboratorio se inventó el ordenador personal en red, el concepto de Windows, el Ethernet y la impresora láser, además de gran parte de la tecnología que está detrás de nuestra actual revolución de la información’’. Fue captado porque era un copista y un experto en caligrafía, justamente su limitación cuando era niño.

Para rebatir cualquier temor por el futuro, Clayton usa el ejemplo de su propio padre, que desde hace años les escribe cartas a sus hijos. Antes en papel, después a máquina de escribir, más tarde en computadora, ahora con videos incorporados. Es un alivio que gente como Ewan Clayton vean el futuro con optimismo.

Volvamos a Simone. “Pego mis labios a los tuyos, en un beso profundo en el que pongo todo mi corazón…”. No pudo retener en sus manos a Charles. Quizás él no toleró que ella fuera más activa. Quizás quería volver, después de semejante pasión sexual, a su vida de casado. Quizás era un tonto.

Lo relevante es que ella era capaz de morir por amor. Y que dejó un testimonio de su corazón en llamas para la posteridad. Merece ser comprendida.