• Caracas (Venezuela)

Sergio Dahbar

Al instante

Réquiem por el teléfono público

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Aparentemente tienen los días contados teléfonos fijos, controles remotos, GPS, cabinas telefónicas, DVD as contados e tienemn ns  otea acabinas telefriodista, graduado en la Universidad Central de Venezuela,  Harper, y contarle la ay Blue Ray, cámaras de video y fotos, MP3, calculadoras, despertadores, grabadoras de voz, relojes pulsera, linternas… El avance de la tecnología es implacable.

Yo lamento la desaparición del teléfono público. Una noticia en El País de España, escrita por Daniel Verdú, da cuenta de este fenómeno a partir de la rutina de una cabina en el centro de Madrid, la número 7313U, que en diez horas continuas apenas usan tres personas: Un inmigrante boliviano, una novia olvidadiza y un romántico de la comunicación.

En 2016 desaparecerán 25.820 cabinas en España, de cien mil que había en el año 2000. Verdú reporta una caída interanual del 40 por ciento de este segmento comercial. Hoy es un negocio deficitario. Los móviles (50 millones de líneas) y los locutorios le dieron la estocada final. Dolorosa realidad para un aparato que revolucionó las comunicaciones por primera vez en la península en 1928, desde restaurantes y hoteles. Recién en 1966 se pararon en la calle para que la gente pudiera llamar.

La cabina telefónica inglesa, roja por fuera, había nacido en 1924, diseñada por Sir Giles Gilbert Scott, nieto, hijo y padre de arquitectos. La leyenda urbana asegura que se basó en la tumba de Sin John Soane, que data de 1816, para diseñar lo que sería uno de los emblemas británicos más populares.

La noticia produce desconcierto en mi extraña memoria cinematográfica. Siempre me ha impresionado cómo Clark Kent utiliza de vestuario una de estas cabinas para mutar en Superman a la hora de salvar el planeta.

Utilizar este singular espacio para la comunicación como pasaje secreto o mágico no se agota en el héroe venido de Krypton: Harry Potter lo usa de ascensor para ir al Ministerio de la Magia; así como el superagente 86 baja al cuartel general de Control en el corazón de la tierra. Neo y Trinity escapan de Matrix en la película homónima.

¿Qué hubiera sido de Los pájaros sin la cabina telefónica donde se resguarda la protagonista? ¿De qué manera Michael Corleone (El padrino) hubiera llamado a casa para verificar si habían asesinado a su padre? ¿Qué otro teléfono hubiera usado Mac (Local Hero), empleado de una petrolera, para comunicarle al dueño de la empresa, Harper, la actividad de la aurora boreal en Escocia?

En Venezuela existieron 80.000 líneas de teléfonos públicos en su mejor momento: año 2000. Era un excelente negocio, casi 10% de los ingresos de Cantv (400.000.000 de dólares). Los centros de comunicaciones eran una oportunidad óptima de franquiciar el negocio, y ofrecer banda ancha para muchos. Se coleccionaban tarjetas con paisajes venezolanos.

Entre nosotros el celular no llegó a matar al teléfono público, porque antes lo asesinó el control de precios que congeló la tarifa, hacia 2002. A partir de ese año el negocio de la telefonía pública cayó en picada, como otros servicios del Estado.

Llegamos a tener Edelca, Inos, Cantv, Electricidad de Caracas, empresas admirables en su desempeño privada, en las que valía la pena construir una carrera laboral. Todo eso se derrumbó en las manos de quienes venían a salvarnos.

Hoy, la fatal encrucijada venezolana coincide con otra de carácter global. Los teléfonos públicos desaparecen y quizás el único museo significativo de estos objetos se encuentre en la memoria del séptimo arte.

Como es el caso de una cabina que estuvo mucho tiempo en el medio de la nada, en el desierto de Mojave en California. Ya desapareció, porque nadie la usaba, y sólo queda una película que da cuenta de lo que fue su existencia. Pero eso es harina de otra columna.