• Caracas (Venezuela)

Sergio Dahbar

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Sergio Dahbar

Fieras exóticas

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No crea el lector que las únicas fieras exóticas del universo se encuentran en el paralelo del Caribe donde convergen Caracas y La Habana. Aquí las hay y son tan esperpénticas como peligrosas. Hace catorce años que andan por ahí.

Para muestra basta la reacción de un diplomático de carrera que toleró sin empachos que el tiramealgo violador de Nicaragua insultara a los venezolanos el pasado 10 de enero.

Pero este señor de reacciones teatrales no pudo soportar que el embajador panameño emitiera su opinión sobre el vacío de poder y la ausencia del Presidente de Venezuela. Lo llamó "mal pintor" y –dueño de una chequera infinita– lo mandó a destituir. Se sabía que Panamá atrae los dólares de los boliburgueses como la mala suerte. Pero nunca que los defendieran con los dientes.

Insisto. Aquí hay fieras exóticas. Pero en otras latitudes también se reproducen. Debe tratarse de una enfermedad que aún la OMS no ha advertido como epidemia. Pero anda cerca.

Me refiero –para entrar en materia– a Alejandro Cao de Benós de Lés y Pérez. Parece que se hubiera escapado del Bestiario fantástico de Jorge Luis Borges.

No me van a decir que tiene mal nombre este muchacho catalán de 38 años, cachetón, que de niño prefería hablar con sus profesores antes que patear insensatamente una pelota con sus compañeros de escuela.

Hoy Alejandro Cao de Benós de Lés y Pérez es el delegado especial del Comité de Relaciones Culturales en el Extranjero de la República Democrática Popular de Corea. Un título que lo honra, por el que es capaz de cantar óperas en Pyongyang en honor del Querido Líder.

Alejandro, como lo llamaremos a partir de ahora para ahorrarle tinta al periódico, vive en Vespella de Gaià, pequeñísima localidad de Tarragona. Entre 2.000 almas se refugia este hijo y nieto de la realeza española, algo venida a menos.

Primogénito de los barones de Lés, condes de Argelejo y marqueses de Rosalmonte, todos títulos ganados en campos de batalla por sus antepasados. Formaron parte de las avanzadas que conquistaron la isla de Bioko (Guinea Ecuatorial) y libraron batallas en Francia y Nápoles.

Este descendiente de la derecha más rancia española, algo desteñida ya, pero sin duda carca, siempre quiso ser militar. Así se lo confesó al periodista Oriol Rodríguez, Esquire. "Por mi carácter siempre me ha gustado la disciplina, los valores, el honor". Durante dos años formó parte del cuerpo de Artillería y de la Fuerza Aérea".

En la encrucijada de su adolescencia la derecha española lo perdió para siempre. Se volvió socialista, pero no cualquiera. Se abrazó, como si hubiera conocido a la primera amante de su vida, a la idea Suche.

Como se oye. El catecismo norcoreano, aquella verdad que inoculó Kim Il-sung, y que puede categorizarse más o menos así: "El hombre es dueño de su propio destino y puede transformar la naturaleza que lo rodea".

Este muchacho diseña páginas web para pagar la hipoteca española y organiza viajes a Corea del Norte por 2.500 euros los 10 días, viajando desde Pekín. También cree que Corea del Norte es una democracia feliz, justa y ejemplar. Sin clases sociales.

Cuando un periodista de El País de España le preguntó si creía que era una nación con pluralismo político, se despachó con estas palabras: "Es lo que quiere el enemigo para infiltrarse y destruirnos".

Piensa también que "la prensa debe ser para educar al pueblo y no para confundirlo". ¿Amnistía Internacional? "No puede entrar en Corea del Norte porque como la ONU está al servicio de Estados Unidos".

Niega la existencia de campos de concentración. Los llama campos de reeducación para la corrección moral e ideológica. ¿Homosexualidad? Se la respeta, pero en privado. "Los coreanos no son dados a la efusividad". Esto es bello.

Alejandro ha sido rebautizado en Corea del Norte: "Cho Sun Il" lo llaman en la tierra de los queridos líderes. Quiere decir Una sola Corea. Y nada de lo que responda se distancia de lo que otros fanáticos comunistas repiten como si hubieran mamado del mismo tetero: "soberanía", "independencia", "bienestar común", "inclusión"...

Todas sus opiniones coinciden con una mirada del mundo arcaica, que uno creía desaparecida del planeta. Pero ha resultado como esos virus irreductibles que cuando regresan muerden con furia.