• Caracas (Venezuela)

Sergio Dahbar

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Fantasía revolucionaria

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Entre las fantasías revolucionarias más retorcidas que resguarda la historia de la humanidad existe una realmente asombrosa. Entra en la categoría de los salvadores de la patria que mutan en productores cinematográficos.

La joya de la corona se la lleva Kim Jong-il (1942/2011), líder supremo de Corea del Norte por 17 años y conocido como Querido Líder. Era hijo del gran asesino Kim Il-sung (1912/1994). Y padre del actual jefe de Estado de ese país: Kim Jong-un.

¿Quién era Kim Jong-il, más allá de ser el heredero de un dictador que se convirtió en supremo autócrata? Un fanático del cine. Admiraba a Sean Connery y a Elizabeth Taylor. Moría por las películas de James Bond y Rambo.

En 1978 aún no era el líder de Corea del Norte, sino el hijo de Kim Il-sung y planificó el rocambolesco secuestro, inicialmente, de la primera actriz de Corea del Sur, que se encontraba de gira en Hong Kong, Choi Eun-hee. Había posado al lado de Marilyn Monroe en el pasado. Era una leyenda.

Y más tarde de su esposo, Shin Sang-ok, el cineasta de moda. En ese momento ambos estaban separados y tenían problemas con el poder del general Park Chung-hee, en Corea del Sur.

Al conocer al Querido Líder de Corea del Norte, Choi Eun-hee quedó impactada. “Gracias por venir, madame Choi. Imagino que estará agotada del viaje. Permítame darle la bienvenida. Soy Kim Jong-il. (...) Está preciosa –le dirá–. Estos pantalones acampanados le sientan de maravilla”.

Estas líneas pertenecen a un libro que acaba de aparecer en España, en la editorial Turner, Producciones Kim Jong-il presenta…, de Paul Fischer. Escrito a partir de las autobiografías de la actriz y su esposo, y de 50 testigos que fueron entrevistados.

Kim Jong-il recluye a la actriz en una mansión: allí le envía flores, productos de Estée Lauder, ropa de lujo japonesa. Y será la invitada de honor a cenas con platos deslumbrantes occidentales y vino blanco francés. Observa en esas fiestas cómo las jóvenes de la Brigada del Placer satisfacen a la élite del régimen.

Así permanecerá durante ocho años, en la esclavitud, sometida a los caprichos de un hombre infantil, poderoso y errático, en un país donde se reproducen lleno de hambre, presos políticos y campos de reeducación.

¿Qué es lo que quería Kim Jong-il? Convertir Corea del Norte en potencia cinematográfica socialista. Con la ayuda del director y su esposa, filman ocho películas. Tienen acceso a helicópteros, soldados, trenes con explosivos, tomas submarinas de Alemania Oriental…

Entre 1985 y 1986 grabaron cuatro películas: el primer melodrama romántico y con un beso de la historia de Corea del Norte, Amor, amor, mi amor; la ficción realista Sal, con escenas eróticas y una violación; el musical La historia de Shim Chong; y la primera cinta nacional de artes marciales, Hong Kil-Dong.

No cabe duda de que diversifican los géneros y las ambiciones. Se convierten en estrellas. Nadie es más popular en Corea del Norte que Choi y Shin, relata el productor saudí –residenciado en Londres– Paul Fischer.

Pero la obra de culto fue Pulgasari: el devorador de hierro. Imitaron a Godzilla, pero con ropaje comunista: un dragón “con conciencia social” que se alimenta de hierro se une a los campesinos de una provincia coreana de la Edad Media y se enfrenta al gobernador. Pero el monstruo es insaciable y acaba comiéndose también las armas de los granjeros.

La pareja convenció al Querido Líder de buscar en Austria recursos para recrear en cine a Genghis Khan. En Viena logran colarse en la Embajada de Estados Unidos. La pesadilla había llegado a su fin. No para los coreanos que siguen soportando a una dinastía psicótica que gobierna un país como si fuera su propia casa. Por lo menos, para la pareja que en esta aventura siniestra recuperó el amor perdido.