• Caracas (Venezuela)

Sergio Antillano

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Sergio Antillano

Morir en el umbral

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Mortalidad materna denominan las estadísticas médicas al drama de mujeres que fallecen durante el embarazo, o “dando a luz”, o en los siguientes 45 días del alumbramiento (llamado “puerperio”), por causas asociadas a su embarazo. Entre los profesionales y académicos de ciencias médicas, familiarizados con estos términos y problemática, hay preocupación por este asunto. Cada año, unos 136 millones de niños nacen en el planeta y de las mujeres que los traen a la vida, 530.000 fallecen por causas evitables. Son 400 las madres que mueren en el mundo, por cada 100.000 niños nacidos vivos.

A ese trágico destino se suma otro drama. Los expertos denominan “mortalidad infantil” al registro donde contabilizan los muchos niños que fallecen antes de los 5 años de edad, por causas igualmente evitables. De los 136 millones de niños nacidos anualmente, unos 8 millones mueren antes del primer año de vida, y 10 millones más, antes de cumplir los 5 años.

La mortalidad materna y la infantil son espeluznantes problemas de salud pública, y sus cifras en los diferentes países sirven de indicadores de desarrollo humano que evidencian grandes disparidades entre naciones con diferentes niveles de desarrollo. Basta saber que 99% de esas muertes ocurren en países pobres y en vías de desarrollo. Son muertes evitables con cuidados médicos básicos y oportunos, sistemas de salud eficientes y niveles de información y educación elementales en una sociedad del siglo XXI.

Mientras algunos se regodean en retóricas de marcado acento populista y verbo (solo verbo) que proclama justicia social; mientras pasean consignas “antiimperialistas” por innumerables foros donde se retratan en grupo los protagonistas de este supuesto nuevo amanecer del continente, en América Latina y el Caribe, en especial en Centroamérica y la región andina, los servicios de salud no han sido exitosos contra la mortalidad materna, cuyas cifras permanecen tan altas que su erradicación se incluyó sin éxito, en los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Una embarazada en el Caribe o América Latina tiene 27 veces más posibilidades de morir como consecuencia del embarazo o el parto, que en Estados Unidos… cuando ninguna mujer debiera morir por esas causas.

En Venezuela, la tasa de mortalidad materna del año 2009 fue de 73,1 mujeres fallecidas por cada 100.000 niños nacidos vivos; sin embargo, en 13 de los 24 estados se presentan tasas mayores que el promedio nacional (registran de 80 a 180/100.000 nv). Ese año, la mortalidad infantil promedio en el país fue de 19,1 niños fallecidos por cada 1.000 nacidos vivos, y hay 7 estados que tienen índices mayores. Hay retardo en la publicación de las estadísticas y muchas cifras que registran esta situación en el país presentan disparidades y contradicciones numéricas, pero todas las fuentes marcan una misma tendencia de permanencia o empeoramiento.

Estas muertes injustas e injustificables están asociadas a la pobreza, manifestada en malnutrición y deficiente instrucción de las embarazadas y las madres, entre quienes es común el analfabetismo y/o la desinformación en estos asuntos. Inciden barreras de lenguaje, cuando el español no es la lengua materna de la mujer madre, y se afecta la calidad de atención que reciben las embarazadas, con idioma y rasgos culturales distintos a los del personal de salud.

La desinformación hace muchas veces obviar el control prenatal, obstétrico y pediátrico. En ocasiones hay dificultades para acceso a centros de salud, médicos, medicamentos y vitaminas. Las regiones con mayor mortalidad materna e infantil carecen de programas eficaces de educación sexual y reproductiva, planificación familiar o sobre embarazo, enfermedades asociadas y cuidados a infantes.

Las muertes de embarazadas se producen muchas veces por afecciones no controladas, infecciones o emergencias en el último trimestre o en sala de partos. Buena parte de los niños fallecen por su bajo peso al nacer, o por el llamado síndrome de dificultad respiratoria, por ausencia de vacunas y, en general, por carencia de cuidados pediátricos apropiados.

Quienes laboran en ambulatorios no suelen estar comunicados con especialistas y hospitales; no tienen a quién consultar segunda opinión, ni servicios de información y actualización de conocimientos. Carecen de tecnologías de información y comunicaciones que pueden incidir positivamente sobre su desempeño y elevar la calidad de la atención médica y preventiva que prestan. Mejorar conocimientos y destrezas de médicos, enfermeras, y auxiliares, y elevar el nivel de información de la población en materia de embarazo, ayudará a reducir la mortalidad materna e infantil. Esa es la estrategia de la iniciativa de prevención de mortalidad materno-infantil, que se ha iniciado desde la UCV, a través de la plataforma tecnológica de información y comunicación que tiene instalada su Facultad de Medicina, con el programa SOS Telemedicina para Venezuela. Una red de ambulatorios conectados al programa, en diversas zonas del país, son nicho inicial de este nuevo esfuerzo por ayudar.

 *Planificador ambiental. Ingeniero civil.