• Caracas (Venezuela)

Sergio Antillano

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Sergio Antillano

Cultura para 2013

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El trabajo cultural no es sólo actos, festivales, eventos. No se debe confundir Cultura con entretenimiento, tarimas, espectáculo o “actos culturales”.

El trabajo de desarrollo cultural desde la gestión pública es una poderosa herramienta de combate a la pobreza material, pero requiere un esfuerzo sistémico, integral, que respete la naturaleza del hecho cultural, dirigiendo sus acciones hacia el apoyo y acompañamiento de la creación.

La belleza y fortaleza del país radican en el mosaico de nuestras diferencias culturales. Esa diversidad la evidencian diversos colectivos e individuos en una infinita variedad de expresiones creativas. Esta nación, de múltiples culturas indígenas, urbanas y rurales, es territorio de identidad plural que sobrevive a las imposiciones e intentos de homogeneizar su multiculturalidad.

El bienestar de una sociedad está directamente asociado al nivel de desarrollo cultural de los individuos y a la diversidad del colectivo. Elevar la capacidad de abstracción y la creatividad de las personas, liberar sus potencialidades innovadoras y su poder de emprendimiento, son las mejores estrategias para lograr derrotar la pobreza material de un pueblo. Pero ello sólo es posible en condiciones de Libertad y respeto al pensamiento de cada quien.

El Arte y, en general, la cultura, requiere de Libertad plena que las autoridades públicas deben garantizar con respeto a la diversidad y al pluralismo. Los cultores de nuestras tradiciones, artistas y creadores, promotores y trabajadores culturales, merecen y necesitan apoyo del Estado y de los entes oficiales sin que medie sectarismo político-partidista y sin sesgo ideológico de ningún tipo. Un ambiente democrático, de respeto a la expresión y lenguajes de cada individuo, puede garantizar que crezcan los espacios de ejercicio pleno de esos “poderes creativos del Pueblo” de los que hablaba Aquiles Nazoa.

El desarrollo cultural genera seres dignos y críticos; ciudadanos con poderosas herramientas para cambiar la realidad y transformar estructuras sociales, con plena conciencia de su condición humana y reconocimiento de sí mismos. Ellos son el resultado de entornos de libertad donde la expresión no paga peaje político ni rinde pleitesía a caudillos ni a doctrinas.

El apoyo a la cultura debiera ser ajeno a la miserable manipulación que lo condiciona a subordinación, lealtades forzadas, incondicionalidad o docilidad frente a Gobierno alguno, al Poder, a un partido o a una ideología. La Cultura sólo requiere recibir apoyo, respeto y acompañamiento solidario; no directrices, “líneas” partidistas, direccionalidad ni coacciones chantajistas.

La centralización también perturba la autonomía y eficiencia de la gestión cultural y debilita las libertades públicas. Cuando un alienante proceso de control se impone desde instancias de Poder, y se centralizan recursos y decisiones, se afecta la usual rebeldía e irreverencia de los creadores y promotores culturales, que temen ser víctimas de exclusión por sectarismo político. El valor crítico y transformador de la cultura y del arte en particular, es vulnerado y algunos creadores buscan adaptarse o callan por necesidad o temor. El trabajo cultural es eficaz estrategia de combate a la pobreza material, sólo cuando se realiza sin coacción ni chantaje político.

La Cultura se refiere a la búsqueda de sentidos, que es innata al ser humano. La política cultural pública debe orientarse a liberar de toda presión dominante, controladora o que pretenda darle direccionalidad interesada a esos procesos de “semantización” o de “resemantización”. Esa semiosis de la sociedad, no debe ser frenada imponiéndole un sentido que ya esté dado desde el Poder del Estado. El socialismo no debe ser un callejón sin salida al que obligue la “cultura” oficial.

El trabajo cultural verdadero, es liberador; no ofrece respuestas y fórmulas hechas, no dirige ni controla la búsqueda de sentido...sino que apoya y facilita esos procesos de creación, esos procesos culturales. Así concebida por el Estado, la política cultural ayuda con eficacia a superar la pobreza, la precariedad y vacío de la existencia de las personas; eleva al ciudadano, crea empleo, propicia la humanización de los espacios urbanos, fortalece la pluralidad y las identidades locales, regionales y nacionales, garantiza la participación e inclusión de todos y contribuye a la convivencia, la tolerancia y la paz.

 

Gerente cultural; Especialista en mediación del conocimiento y Museos.

MSc en Comunicación visual y en Planificación ambiental.

Ingeniero