• Caracas (Venezuela)

Sergio Antillano

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Sergio Antillano

Naturaleza inatrapable

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En el Museo de Ciencias se conserva un oso frontino que fue disecado hace muchas décadas, en actitud agresiva, feroz, mostrando afilada dentadura y en posición de ataque. Una forma de representación del animal que está muy lejos de la usual conducta pacífica de ese plantígrado vegetariano y escurridizo que habita selvas de la sierra de Perijá y bosques andinos. El taxidermista no hizo más que plasmar su particular percepción del oso y creó lo que quizás para muchos es la única imagen que tienen del oso andino.

También una buena parte del arte refleja visiones y sentimientos particulares que los artistas tienen de la infinita naturaleza. En muchas colecciones públicas y privadas se ha conservado ese valioso patrimonio cultural, casi sin percatarse de que lo que allí se resguarda y preserva para siempre es la naturaleza misma.

El aspecto de la biodiversidad más asociado a la cultura son las infinitas formas de “ver”, percibir y representar cualquiera de los múltiples componentes de eso que llamamos diversidad biológica. Las formas de representación que han creado y crean los artistas vienen conformando un mosaico plural de percepciones de ese inatrapable mundo exterior que nos envuelve.

El concepto mismo de biodiversidad es una construcción teórica, pero también las formas de representación de las especies animales, de las plantas y paisajes, de la luz, los cielos y los mares son aproximaciones, todavía más subjetivas, a esa naturaleza abundante y diversa que habitamos.

Producto de procesos culturales de significación y resignificación, la naturaleza está plasmada en pinturas y dibujos, fotografías y collages e ilustraciones que a su vez se multiplican cuando son reproducidos en ediciones serigráficas, impresiones, litografías o glicé, o son llevadas a ilustrar monedas, billetes, calendarios, libros, libretas, cuadernos, afiches, postales, estampillas, y otros medios de multiplicación de la belleza construida por los artistas. Artistas que atrapan en el lienzo o el chip de su cámara la infinita diversidad natural del país nos dan la oportunidad de asirnos a esas imágenes, y el arte entonces es nuestra ventana a ese universo natural.

El cardenalito, por ejemplo, no ha sido visto vivo por la inmensa mayoría de los venezolanos, y quizás tampoco han tenido cerca un turpial o un querrequerre, pero su imagen colorida está en el imaginario colectivo gracias a ilustraciones, dibujos y fotografías… o hasta documentales de TV. Lo mismo pasa con el paisaje. Quién negaría que para millones de venezolanos el Ávila es ese que de mil maneras dejó Cabré atrapado en los marcos. ¿No está acaso la luz del Orinoco en muchas obras de Soto?

En 1933, Armando Reverón capturó, en lienzo, un paisaje natural con toda la luz que su mirada definía. Esa obra, de singular valor en la plástica nacional, es conservada con riguroso celo en el Banco Central de Venezuela, junto a otros segmentos de la geografía del país reinterpretada por creadores avezados. Allí, en la entidad llamada a resguardar las reservas contables de la nación, también (y hasta más importante) se resguarda aquello tan valioso que no tiene precio. El arte como forma de reinterpretación cultural del avasallante entorno natural de Venezuela está en esa colección patrimonial que recoge el paisaje, la zoología y botánica presentes en ensamblajes, collages, esculturas y lienzos, que ha reunido ese banco en sus 73 años de existencia. En esas abstracciones de decenas de artistas está la huella perenne del cautivante paisaje, fauna y vegetación que ofrece la avasallante geografía natural de Venezuela.

En esa tupida selva de creaciones, están 130 ilustraciones policromas de aves, pintadas por Walter Arp que en 1965 Luis Pastori hizo publicar en un libro llamado Avifauna venezolana. Esas acuarelas serán mostradas a partir de mañana en el Centro Cultural del BCV. Allí, junto al torrente de aves se dará repaso a estampillas, billetes, libretas y una muestra de libros sobre naturaleza que el BCV tiene en su biblioteca pública.

Al conservar y difundir piezas de arte, o cualquier otra forma de semantización del paisaje, la fauna o la flora, las instituciones ayudan a la semiosis social del hecho biológico y de la naturaleza, al tiempo que realizan una invaluable contribución a la didáctica y conocimiento público del entorno natural a través del canto plural que para celebrar esta tierra, han creado artistas e ilustradores usando desde las piedras con sus petroglifos, hasta el chip de estos tiempos digitales.

 

*Planificador ambiental. Ingeniero