• Caracas (Venezuela)

Sara Bloomfield e Irina Bokova

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¿Goebbels ganó?

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En la Alemania de los años treinta del siglo pasado, los líderes del partido nazi entendieron el poder que tenía la comunicación masiva para diseminar el odio y el antisemitismo. “La propaganda –escribió Hitler– es un arma verdaderamente terrible en manos de un experto”. En su ascenso al poder, los nazis pusieron en práctica tecnologías de comunicaciones modernas y sofisticadas, incluidos la radio y el cine, para ganar la batalla de las ideas –y así forjar la opinión y el comportamiento públicos– entre una población bien educada en una democracia incipiente.

Los nazis ya no están pero la propaganda perdura, y su potencial es más letal que nunca. Ahora que se conmemora el 71 aniversario de la liberación de Auschwitz-Birkenau, el 27 de enero, grupos extremistas en todo el mundo hacen uso de nuevas tecnologías para incitar al odio y perpetrar nuevos asesinatos y genocidios masivos. Es por esa razón que la Unesco ha decidido basar el Día Internacional de Conmemoración de este año en el tema “De las palabras al genocidio: la propaganda antisemita y el Holocausto”. En esta ocasión, la Unesco y el Museo Estadounidense Conmemorativo del Holocausto (USHMM) están aunando fuerzas para presentar en la sede de la Unesco la exhibición Estado de engaño: el poder de la propaganda nazi. 

A comienzos de los años treinta, una época de profunda crisis económica, muchos alemanes estaban dispuestos a pasar por alto el antisemitismo de los nazis, porque se sentían atraídos por otros aspectos del mensaje del partido. Los nazis lo sabían: en el período previo a las elecciones de 1932, el partido se basó en el campo emergente de la investigación de la opinión pública para sondear las necesidades, esperanzas y miedos de los obreros y los trabajadores de cuello blanco, la clase media, las mujeres, los agricultores y los jóvenes. Los propagandistas nazis, en conformidad, le bajaron el tono a la retórica antisemita y presentaron al partido como la única fuerza política capaz de crear empleos y llevar alimentos a las mesas alemanas. De la misma manera, convencieron a las mujeres que acababan de ganar el derecho al voto cuando se retrataron como los defensores de la feminidad y la familia alemana tradicional.

El nacionalismo extremo de Hitler resonaba en muchas audiencias, incluidos los jóvenes que querían restablecer el poderío militar y los territorios perdidos de Alemania. Pero el antisemitismo furibundo permaneció en el centro de la visión mundial nazi. Tan pronto como el partido llegó al poder, en 1933, comenzó a implementar políticas en contra de los judíos. Los nazis eliminaron las fuentes alternativas de información, quemando libros y arrestando periodistas mientras se preparaban para promover su objetivo de establecer una Europa “aria” unida.

En el mundo interconectado de hoy, los individuos y los grupos no estatales motivados por ideologías extremas pueden usar el poder de las nuevas tecnologías para moldear actitudes y creencias, e incitar a la violencia en una escala global. Desde 2014, el Estado Islámico (ISIS) ha diseminado más de 700 videos de propaganda, hechos a la medida de varias audiencias, en todos los idiomas principales, para maximizar el alcance y el impacto de su mensaje.

Casi 50.000 cuentas de Twitter están difundiendo estos vehículos de odio, con la intención de explotar la ignorancia, la intolerancia y las divisiones dentro de las sociedades. Los jóvenes son el blanco del reclutamiento. Dentro de los territorios que controla, el ISIS persigue y mata a individuos con fundamentos religiosos y culturales. Un informe reciente del USHMM concluyó que el grupo ha cometido actos de genocidio contra la población minoritaria yazidi bajo su control.

Otra tendencia preocupante es el uso cada vez más sofisticado del discurso del odio dirigido contra las minorías y los migrantes. Una retórica violenta, exclusivista y discriminatoria ha regresado a Europa –la tierra del Holocausto–. Nacionalistas extremos explotan la actual crisis de refugiados, en un contexto de miedo y ataques terroristas mortales, para ganar grandes cantidades de seguidores.

Estado de engaño nos muestra hasta qué punto la propaganda puede tener consecuencias mortales. El Holocausto comenzó con palabras, no asesinatos en masa. Debemos recordar cómo el veneno del antisemitismo y el racismo, proyectado a través de los medios masivos, y a través de sistemas políticos, culturales y educacionales, llevaron a un continente a la violencia masiva y al genocidio. 

Hoy, frente a la nueva propaganda de odio, nuestro desafío consiste en emplear el poder de las nuevas tecnologías de comunicación para fortalecer el pluralismo y la dignidad humana para todos, para combatir todas las formas de antisemitismo y negación del Holocausto. Esta nueva guerra por los corazones y las mentes solo se puede ganar si actualizamos y mejoramos las herramientas de educación, cultura, ciencia y comunicación. La Unesco fue creada hace 70 años con este objetivo, lidera un programa global para la educación sobre el Holocausto y la prevención del genocidio y trabaja con gobiernos y maestros para inculcar esta historia en las aulas. 

Las bombas y las balas por sí solas no pueden derrotar el veneno político. También debemos ganar la batalla de las ideas. Las escuelas, los museos y los medios deben fomentar la alfabetización mediática para ayudar a los jóvenes a desarrollar capacidades de pensamiento crítico. Los intelectuales, artistas y figuras públicas deben destacar el peligro de la indiferencia hacia aquellos grupos que abrazan la intolerancia y la exclusión. Y los líderes políticos deberían estimular la integración social y el entendimiento mutuo. Así es como podemos rendir tributo a las víctimas del Holocausto –no solo para lamentar a los muertos, sino también para fortalecer a los vivos.

 

*Sara Bloomfield es directora del Museo Estadounidense Conmemorativo del Holocausto. Irina Bokova es directora general de la Unesco.

 

Copyright: Project Syndicate, 2016.
www.project-syndicate.org