• Caracas (Venezuela)

Santiago Zerpa

Al instante

En búsqueda del genio

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“Tal vez, solo los genios son verdaderos hombres”.

Aldous Huxley 

 

En 1939, RKO Pictures contrata a un joven prospecto para escribir, producir y dirigir dos películas. Tiene completa libertad en los proyectos, privilegio que grandes nombres de la industria ni soñaban en el momento. Un año antes el joven había adquirido fama mundial de la noche a la mañana, tras representar en la radio junto a algunos colegas una adaptación de La guerra de los mundos, del escritor H.G. Wells. Antes había tenido éxito local con su compañía teatral, pero fue la radio la que lo catapultó a ser una de las figuras más influyentes del cine. La inestabilidad social de un país que observaba el inicio de la Segunda Guerra Mundial logró una audiencia sensibilizada que se aterrorizó al escuchar que la tierra era invadida por seres extraterrestres. Nueva Jersey tembló al no entender que lo que escuchaban era la adaptación de una obra literaria. Y así el chico logró su gran paso a la industria de Hollywood. Su primera obra cinematográfica, que realizó sin ninguna experiencia previa, fue poco entendida y recibió duras críticas en su momento, pero años después fue redescubierta hasta ser catalogada como una de las mejores y más influyentes películas occidentales de todos los tiempos: Citizen Kane. La trama, los personajes, la cinematografía y el guion eran tan revolucionarios que todavía siguen influyendo en el mundo actual. El joven era Orson Welles, y había logrado todo eso con solo 24 años. Creo, sin ir muy lejos, que Welles es la clara explicación de que hay personas que son auténticos genios de nacimiento. Nacen siendo creadores, y gracias a que enfilaron rápidamente en el camino correcto de sus respectivas vidas, pudieron crear obras maestras desde temprana edad. Ejemplos de que los artistas nacen, que llevan dentro la esencia de lo que son desde el momento en que salen del vientre de su madre. Y claro, también hay artistas que se hacen, que estudian, practican y perfeccionan diferentes ramas del quehacer cultural durante años. Pero los genios son de nacimiento. En teoría no necesitan ningún estudio porque lo llevan implícito dentro de ellos, y si deciden hacerlo, todo es un extra, herramientas que harán sus vidas más sencillas, un bonus en el juego de la vida que tienen ganado desde el comienzo. Pero no todos los genios corren la misma suerte, no todos son Welles, o Mozart, que desde niños logran encauzarse en el correcto sendero hacia su genialidad. La gran mayoría en realidad nacen perdidos, recorriendo falsos caminos a lo largo de sus vidas, o caminos paralelos, o terminan extraviados en la jungla víctima de sus miedos, fracasos o desesperación. Manejando un taxi en vez de estar escribiendo la próxima gran obra de teatro, vendiendo seguros en vez de fotografiar aquello que más nadie puede ver, encerrado en una oficina en vez de filmar una película que apabulle a Citizen Kane. No todos tienen la oportunidad de nacer con un pie plantado en la vía correcta, pero muchas veces el dinero logra que no te atrevas siquiera a divisar la meta. Esclavos del dinero, nuestra sociedad no es apta para genios creadores. Nacemos bajo la premisa de que el artista, el escritor, el actor es un muerto de hambre. ¿De qué vivirás? ¿Cómo vas a mantenerte a ti y a tu familia? Una cultura que circula con base en diplomas y méritos académicos necesarios para engrosar un bolsillo, pero que carece seriamente en cuanto a genios y cultura se refiere. La creatividad debe verse como un animal en peligro de extinción. ¿Qué hacer entonces? Carl Gustav Jung pudo dedicar su vida al psicoanálisis y a la psicología analítica, en parte, porque estaba casado con una millonaria. Podía viajar, leer, estudiar y pensar hasta el cansancio porque siempre tendría un techo sin importar lo que pasara. Así es sencillo revolucionar el mundo a través del genio (si se posee). Caso contrario y maravilloso es el del artista estadounidense Jean-Michel Basquiat, que aun siendo drogadicto y viviendo en la calle, dedicaba tiempo y concentración en crear su arte. Otro genio que, por fortuna, fue reconocido en vida y logró encauzar su camino a pesar de todas las adversidades que sufría. Quizás creaba porque no tenía nada que perder. Quizás no tener miedo es la solución para los que no son Welles, o Mozart, o Jung. Crear, trabajar, dejarse llevar por el genio a pesar de todo, sin tener temor a la caída. Al fin y al cabo, no crear, ni escribir, ni pintar, ni cantar, ni filmar, ni fotografiar, a pesar de que te quemas por dentro con ganas de hacerlo, es tan terrible como estar muerto. No escuchar tu naturaleza es sentenciarte antes de empezar. Y nunca es tarde para respirar profundo, poner un pie delante del otro, y empezar a moverte hasta aquella labor creativa, necesaria, en carencia, de la genialidad.