• Caracas (Venezuela)

Santiago Zerpa

Al instante

Veintiséis

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Cumplir años es raro. Para el momento en que se publique este artículo ya tendré veintiséis años sobre la tierra; ya habré celebrado, abierto un par de regalos y picado una torta con una vela encima. También habré ido a dormirme y, a la mañana siguiente, todo habrá sido tan fugaz que la rutina no me dará tiempo de asimilar lo vivido. Otro cumpleaños para la lista, y volver a vivir tu vida de siempre, sin torta, sin obsequios y con un muro de Facebook repleto de mensajes circunstancialmente parecidos, entre los de personas que en realidad quieres y de otros que ni sabías que existían (y que después te preguntas cómo llegaron a ser tus amigos en Facebook).

Pero cumplir años me es raro porque siempre quedo inconforme conmigo mismo. Es decir, siempre estoy esperando otra cosa para el Santiago del año que viene. Espero, por ejemplo, que ese Santiago del futuro lea más libros, vea más películas o que escriba el triple de lo que escribe ahora. Y siempre, un año después, quedo con el mismo vacío por dentro, con una voz en la cabeza que susurra: pudiste haber hecho más, o haberlo hecho mejor. Pudiste haberte leído aquella novela de Irvine Welsh en vez de haber salido aquella noche, o peor aún, pudiste haber escrito el cuento ganador de tal concurso durante el tiempo que te tomaste yendo a tal reunión. La voz interna es dura y aterradora, por lo que fácilmente terminas dándote golpes de pecho a la menor oportunidad de introspección personal. Los cumpleaños son, junto con la Navidad, las fechas con más índices de depresión en todo el mundo. Y no es raro, porque son momentos de reflexión en los que nos miramos a la cara sin ninguna clase de filtro. Por lo general, la verdad no es agradable y duele bastante. Por eso decidí hacer algo diferente, para no empezar a señalarme mis faltas y ahogar las culpas en vino. Aquí va una pequeña lista, escueta, sencilla, de algunas cosas que hice durante el año pasado y que me gustaría compartir. Comenzaré diciendo que no son recomendaciones ni mucho menos. Son experiencias, las mías. No es algo revelador ni trascendental excepto para mí mismo, pero bueno, al fin y al cabo todo en el mundo es así, subjetivo y personal.

1)                Libros: aunque la pila de libros siempre va en aumento, y poco a poco va colmando los rincones de mi pequeño monoambiente porteño, hay algunos que sin duda me marcaron durante el transcurso del año pasado. Leer Tristicruel  de mi amigo Domingo Michelli fue una experiencia tan hermosa como triste, y no dudo en decir que es un gran libro. Valle Zamuro de Camilo Pino, El Lejano Oeste de Alejandro Castro y Dinero fácil fueron gratas sorpresas dentro mi agridulce experiencia con la literatura venezolana. Papi de Rita Indiana y Nosotros caminamos en sueños de Patricio Pron fueron dos bellezas de novelas, salvajes y crudas tanto en sus historias como en su lenguaje. Finalmente, debo mencionar que haberme releído On The Road de Jack Kerouac debe haber sido una de los momentos más gratos y reveladores que he tenido como lector en mucho tiempo. Provoca montarte enseguida en un viejo convertible y recorrer cada mugriento rincón de Norteamérica, tomando alcohol de dudosa procedencia mientras escuchas la irrepetible voz del bebop que marcó esa época.

2)                Películas: Birdman de Alejandro González Iñárritu, Whiplash de Damien Chazelle y Boyhood de Richard Linklater fueron mis preferidas, y al parecer también las de la Academia. Frank de Leonard Abrahamson fue una retorcida y sincera experiencia. Volver a ver Hiroshima Mon Amour de Alain Resnais o Touch of Evil de Orson Welles, o mejor dicho, estudiarlas, admirarlas. Mad Max: Fury Road de George Miller sigue siendo, a pesar de lo que digan algunos, una de las mejores películas de acción que haya visto. Wild de Jean-Marc Vallée y Wildlike de Frank Hall Green hicieron que me dieran ganas de peregrinar por paisajes inhóspitos en busca de mi propio ser.

3)                Series: Hannibal es una joya visual y sonora. Sense8 es entretenida aunque a veces confusa y absurda, al puro estilo de los hermanos Wachowski. Daredevil es la perfecta serie de superhéroes si te gustan los superhéroes, como es mi caso. Fargo, Utopia y Luther son tres grandísimas series, tanto a nivel de guion como de personajes, que todo el mundo debería ver ya.

4)                Actividades: con veinticinco años aprendí a hacer algo que se suponía debí haber aprendido de niño. Tras decenas de paquetes, pude hacer una bomba de chicle de un tamaño aceptable. También pude montarme en una bicicleta, y debo aceptar que es una cosa increíble. Un cuarto de siglo sin saber andar en bici, sin pedalear esquivando árboles y señoras que pasean a sus perros por el parque es demasiado tiempo. Y aunque no me arrepiento de haber pasado las patinatas de mi infancia sentado y leyendo mientras los demás rodaban por la vida, quizás sí me arrepiento de no haberme a atrevido a hacerlo antes. Sin duda hay un antes y un después de andar sobre dos ruedas.

Ahora, con veintiséis recién cumplidos, sigo sintiendo que los cumpleaños son raros. Pero tengo ganas de ver lo que se viene. Como diría mi padre: sigo con las mismas ganas de comerme al mundo. Así que, a mi yo futuro: no te deprimas y sigue en el camino.