• Caracas (Venezuela)

Santiago Zerpa

Al instante

Tarantino, los bares y los cafés

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1)  El bar

El bar es un elemento fundamental en la obra de Quentin Tarantino, y reluce a lo largo de su filmografía. Lo vimos en Reservoir Dogs, cuando Mr. Orange cuenta su anécdota sobre la marihuana para ganarse la confianza del jefe. Lo vimos en Pulp Fiction, donde Marcellus Wallace convence a Butch en perder el próximo combate. También está en Four Rooms, en la escena de The Man From Hollywood (la que dirige y actúa el propio Tarantino), donde, en el bar de la habitación, se procede al reto de encender el yesquero y a la consiguiente amputación del dedo. En Jackie Brown, cuando ella se encuentra con Max Cherry después de salir de prisión. En Inglorious Basterds el bar es una de las escenas más trascendentales de la película, con King Kong, whiskey y montones de disparos de por medio. Y, por supuesto, también aparece en Death Proof.

El bar no es solo un lugar donde Tarantino puede plasmar toda la iconografía que inunda su cabeza, cosa que de igual forma termina haciendo. El bar es donde se desarrollan elementos claves necesarios para el desarrollo de sus historias. Una excusa para desnudar a sus personajes y poder ver las partes más oscuras de los mismos a través de un conglomerado de diálogos que solo son posibles con alcohol de por medio. No es un escenario más ni un telón de fondo. El bar viene a constituir una ostra donde puedes, por unos segundos, vislumbrar sus perlas.

En Death Proof el bar es un lugar de descubrimiento. El Texas Chili Parlor (que en realidad existe, y ya es un lugar icónico para los fans de Tarantino) es una pasarela por la que pasan los personajes que han aparecido hasta el momento y se desnudan mostrándose por completo ante nosotros. El alcohol es una excusa para desinhibirse y quitarse las máscaras en medio de una estancia segura/amena/cálida donde se está entre iguales. En un bar nadie te juzga porque todos están en la misma posición, gatillo que logra que los personajes se muestren como en realidad son, y dejen a un lado el disfraz con el que diariamente deben afrontar la realidad, ofreciendo un refugio en el cual pueden soltar lengua y espíritu. Y así vemos cómo Stuntman Mike aprovecha el bar para inmiscuirse en el mundo privado de las chicas, avanzando en su macabro plan. Puede comer, tomar y hasta flirtear sin que nadie sospeche de él. Logra convencer a Arlene de que le haga un lapdance, después de jugar con su mente, y consigue llevarse a Pam en su auto con la excusa de dejarla en su casa. La función primordial del bar es demostrarnos un Stuntman Mike bipolar, sádico, que juega y se inmiscuye con la víctima. Es decir, su verdadera naturaleza. El gato que agarra al ratón y lo mantiene moribundo en la boca, pero que no termina de soltarlo o comerlo. Un Mike que es capaz de todo (como buen doble de riesgo) y que se camufla entre nachos calculando su próximo golpe. Ahí lo descubrimos en realidad y se nos demuestra sin tapujos, cosa que no sucede en el resto de la película y que además sería imposible en otro escenario. El bar se vuelve la técnica de evolución de los personajes, y quizás también de nosotros, personajes de nuestras propias vidas.

 

2)  Jack Rabbit Slim’s

Un cartel con la imagen (en neón) de un gran conejo de aspecto brusco se alza sobre el establecimiento. Abajo aparece el nombre: Jack Rabbit Slim’s. Más abajo, el eslogan: “Lo mejor después de la máquina del tiempo”. Ese es el lugar al que van Vincent Vega y Mia Wallace en la película Pulp Fiction, un restaurante temático/retro de la cultura pop de los cincuenta y finales de los sesenta. El local en sí es una explosión de la iconografía de las películas, televisión y música de esas dos décadas.

Vincent entra al restaurante acompañado por una cámara que nos recuerda enseguida a Henry Hill entrando al Copacabana en la película Goodfellas de Martin Scorsese. Un plano secuencia nos hace un pequeño recorrido del lugar mostrándonos una infinidad de detalles a medida que avanza. Un ambiente al estilo de la caricatura Archie, decorado con carteles de películas destacadas de los años cincuenta y una gran pancarta en la pared que dice: “No se permiten zapatos” (cosa que veremos cuando Vincent y Mia suban al escenario y se descalcen antes de bailar). Hay unas ventanas panorámicas que no dan a la calle sino que proyectan, por detrás de ellas, escenas callejeras de películas en blanco y negro. Hay una pista de carritos eléctricos que se mueven por inercia, pues aunque tenga espectadores nadie los maneja. Un piso de tablero de ajedrez, mucho neón y sombrillas playeras terminan de rematar el local. No solo nos recuerda el mismo espíritu de American Graffiti (George Lucas, 1973), Red Line 7000 (Howard Hawks, 1965) y Speedway (Norman Taurog, 1968) protagonizada esta última por el mismísimo Elvis Presley, sino que también nos presenta un sello justificador de la cultura norteamericana que vive, late, y sigue vigente. Un discurso de identidad que se hace fuerte, y que ha sido afianzado bajo el poder de la historia.

Vincent, tras ser recibido por Ed Sullivan, camina y nos muestra que los mesoneros que atienden en el Jack Rabbit Slim's son Buddy Holly, James Dean, Dean Martin, Marilyn Monroe, Mamie van Doren, El Zorro y un enano disfrazado como el Botones de Jerry Lewis que grita “CALL FOR PHILLIP MORRIS”, un comercial de cigarrillos de la época. En el escenario hay un imitador de Ricky Nelson cantando “Waitin’ in School”. Después de sentarse en una mesa/carro convertible le piden a su mesero (que imita a Buddy Holly) lo que van a consumir esa noche. Vincent un steak Douglas Sirk acompañado de Coca-Cola de vainilla. Mia pide una hamburguesa Durward Kirby y una malteada de cinco dólares (al estilo Martin & Lewis). Hasta este momento la cantidad de referencias de la cultura pop cincuentera es enorme. Luego viene el concurso de twist. La pareja sube al escenario y nos deleitan con una enorme cantidad de movimientos de la época, “a storm of all types of cool moves” según las palabras del propio Tarantino. Hacen pasos como “The Swim”, “The Twist” y el “The Watusi”, en una escena de baile que marcó hito en la historia cinematográfica y que ha sido recreada innumerable cantidad de veces.

Pero Jack Rabbit Slim’s, aparte de demostrar la pasión de Tarantino a la iconografía de los cincuenta, a la saturación, a la cultura de masas, a lo kitsch, también utiliza el local como un factor clave del desarrollo de la historia, de igual manera que el bar en sus otras películas. Es ahí donde Vincent y Mia se nos muestran como en verdad son, aunque en esencia no tan diferente a la escena del bar en Death Proof. El twist por el lapdance, la malteada por la cerveza, el steak por los nachos. Dos asesinos hablando con mujeres hermosas e inalcanzables. Una conversación que, como enclave narratológico, nos inmiscuye en la mente de los personajes, no hace quererlos, nos hace no estar preparados para todo lo que viene después.