• Caracas (Venezuela)

Santiago Zerpa

Al instante

Paraíso

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A está sentado en una mesa del bar. Toma una cerveza y revisa a cada rato su celular. Se le ve nervioso. Una camarera ronda el lugar, limpiando la barra y atendiendo a otros clientes. A vuelve a sacar su celular, marca un número, llama, pero nadie parece contestarle. Termina la llamada molesto. Se termina su cerveza de un trago. Enseguida B entra al bar, y A se levanta de un salto para abrazarlo.

A: ¿Cómo estás? ¿Cuánto había pasado desde que no nos veíamos?

B: No sé… ¿un par de semanas? Estoy full con el trabajo. Logré escaparme porque me lo pediste como cien veces.

A: Jajajaja, que exagerado eres. Pero vamos, siéntate. ¿Quieres una cerveza?

B: Bueno, pero una y ya, que me tengo que ir temprano.

A y B se sientan en la mesa. A levanta la mano para llamar a la camarera y le pide un par de cervezas. Sonríe de oreja a oreja mientras lo hace.

A: Me alegra mucho que vinieras. Por un momento pensé que no ibas a aparecer hoy.

B: Llegué diez minutos tarde, y fue porque no encontraba lugar donde estacionar el auto. Tuve que dejarlo al frente.

A: Ahí al frente va a estar bien, no le va a pasar nada.

B: Seguro, pero ahora tengo que darle veinte pesos al trapito que me lo está “cuidando”. Si no, seguro que regreso y tiene la puerta rayada.

A: ¿Veinte pesos por estacionarte en la calle? Joder…

B: Sí, joder…

Llega la camarera con el par de cervezas y la sirve en los vasos. A le vuelve a sonreír y se le queda mirando el culo mientras se va.

A: Uff, qué culo.

B: Sí… no está mal.

A: ¿No está mal? Es el culo de los culos. Del uno al diez es un doce. Es EL culo.

B: Pensé que estabas saliendo con Sol.

A: Estoy saliendo con Sol. ¿Qué tiene que ver? ¿No puedo admirar un hermoso culo cuando se me pone al frente?

B: No he dicho eso, claro que puedes, mirar no tiene nada de malo, pero…

A: Exacto. Ama al pecado y perdona al pecador. ¿No era así?

A se toma media cerveza de un trago. B sorbe poco a poco el contenido de su vaso. Se miran y sonríen.

B: ¿Para qué me pediste que viniera?

A: Para hablar. Para ponernos al día. Para verte coño. Eres mi mejor amigo y tengo años sin saber de ti.

B: Dos semanas.

A: En tiempo de amistad eso es demasiado tiempo.

B: ¿Te pasa algo con Sol? ¿Por eso quieres que hablemos?

A: ¿Por qué carajo piensas que me pasa algo con Sol?

B: No sé, cosas mías.

A: ¿Sabes algo que yo no sepa?

B: ¿Debería saber algo que no sé?

A y B se miran fijamente. Siguen tomando cerveza. B se levanta.

B: Voy al baño, ya vuelvo.

B se dirige al baño y desaparece de escena. A aprovecha la oportunidad para volver a revisar su teléfono. Revisa los mensajes y resopla. Mira hacia arriba. Intenta llamar por teléfono. En eso regresa la camarera. A le pide, con señas, que le traiga dos cervezas más. Cuando la camarera se va, A se le queda mirando el culo. Se muerde los labios. B regresa del baño y se vuelve a sentar. A guarda su teléfono.

B: Este bar está agradable. Nunca había venido.

A: Era el bar favorito de Charly García antes de que muriera. Venía siempre y agarraba unas borracheras terribles. Lo tenían que sacar entre cuatro porque se ponía violento y empezaba a lanzarle vasos a todos los que se le ponían al frente. Pero era Charly. A Charly no se le podía decir que no.

B: Charly no ha muerto…

A: Pero está sobrio, y ahora la música que hace es una cagada. Para mí se murió, y bien muerto.

La camarera regresa con dos cervezas nuevas. Las sirve y se va.

A: Salud. Por mi mejor amigo. Por quien haría cualquier cosa.

B: Salud.

Ambos toman un largo trago de cerveza. Se relamen los labios.

A: Es en serio. Haría cualquier cosa por ti. Lo sabes, ¿no?

B: Sí, lo sé. Yo también haría cualquier cosa.

A: ¿Lo harías?

B: Me escapé del trabajo y le mentí a mi esposa para venir a verte. Podría estar jugando con mis hijos, podría estar durmiendo, podría estar trabajando, que es lo que se suponía que debo hacer. Y aquí estoy. En un bar de mala muerte tomando cerveza con el estúpido de mi amigo que tiene media hora intentándome decir algo que no me dice. Así que sí.

A se queda mirando indignado a B. Finalmente se ríe y toma un trago de cerveza.

A: Está bien, está bien. Te voy a decir. Lo que quiero… lo que quiero es que me hagas un favor.

B: ¿Te pasa algo con Sol?

A: No. Bueno… sí. No estamos muy bien. Pero lo que te quiero pedir no tiene nada que ver con ella. En verdad tiene todo que ver con ella, pero no. ¿Me explico?

B: No.

A: Quiere que la lleve a Bora Bora.

B: ¿Qué?

A: Bora Bora.

B: ¿Dónde queda eso? ¿Por Iguazú?

A: No. Es un grupo de islas de la Polinesia Francesa. Agua cristalina, arrecifes de coral, toda la langosta que puedas comer. Masajes, spa, y los indiecitos autóctonos te tratan como a su fucking rey. Es el paraíso.

B: ¿Y no es un viaje muy caro?

A: Es extremadamente caro. Y no tengo ni un dólar. Ese es el problema.

B: Me encantaría poder prestarte plata, pero…

La camarera regresa. A vuelve a pedirle un par de cervezas y algo de maní. Le sonríe. La camarera le sonríe de vuelta. Apenas se va, A vuelve a poner cara de preocupación. B lo mira, callado.

B: ¿Por qué Sol quiere ir a Bonga Bonga? Qué ganas de joder…

A: Bora Bora. Pero no sé… lo vio en una revista y se le metió entre las cejas que necesita ir. Tenemos dos meses que no cogemos. Dos meses. Se la pasa con un humor de mierda todo los días. Echada en la cama, llorando, puteándome por cualquier estupidez. Que si dejé los zapatos en la sala, que si volví a comprar pizza para cenar y eso da cáncer.

B: ¿Y crees que ese viaje podría solucionarlo todo?

A: Sí. Honestamente, sí. Creo que es la única solución posible. Esas islas son un pedazo del paraíso en la tierra. Si Jesús resucitara hoy, se iría a vivir la eternidad en una de esas playas. Surfearía todos los días sobre su cruz, fumaría de su pipa celestial, conquistaría vírgenes boraborenses que…

B: ¿Cuánto dinero necesitas?

A: Veinte.

B: ¿20.000 dólares?

A: Esas islas quedan en el otro lado del mundo. Los pasajes, el resort, la buena vida, el shopping… Si. Más o menos eso.

B: Estás jodido.

A: Sí. Lo estoy. A menos…

La camarera regresa. Sirve la cerveza y le sonríe a A. Él le devuelve la sonrisa y le guiña un ojo. Ella se va. A se le queda viendo el culo, hasta que pone cara de resignación.

B: ¿Por qué no dejas a Sol y te vas con la camarera?

A: Estoy enamorado de Sol.

B: Pero la camarera tiene un culo de doce.

A: De trece. Pero Sol… Sol es mi sol.

B: ¿Has pensado llevarla a Tigre?

A: He pensado conseguir los 20.000. Con suerte, más que eso. Y por eso necesito tu ayuda.

B se queda callado y toma cerveza. A no toma, se pone serio, se cruza de brazos y mira fijamente a B.

B: Me da miedo preguntar. No, de hecho, no voy a preguntar. No quiero saber nada de lo que estás pensando.

A: Secuestramos a mi jefe. Lo llevamos hasta su casa y lo obligamos a que nos abra su caja fuerte. Estoy seguro de que tiene más de 50.000 billetes verdes guardados ahí. Es un trabajo fácil, de máximo media hora. Lo he estado siguiendo y…

B: ¿Pero qué estás diciendo? ¿Te volviste loco? Por qué no mejor asaltas este bar si ya estás en eso. A lo mejor reúnes plata para comprarte algo de ropa nueva para cuando vayas a raptar a tu jefe.

A: Eso suena muy a Tarantino. Lo que yo digo es…

B lo hace callar. Se levanta de la mesa y recoge sus cosas. Deja un billete sobre la mesa.

B: Basta. Ya. No quiero saber. No quiero creer que me estás diciendo lo que me estás diciendo y que además pretendes que sea cómplice. Lo siento, pero no, gracias.

A intenta decirle algo, pero B vuelve a callarlo. B se va del bar. A se queda desmoralizado mientras ve a su amigo irse. Resopla. Se toma un trago de cerveza. Vuelve a sacar su celular y lo revisa resignado. Intenta volver a llamar por teléfono, pero no tiene suerte. Cuelga bruscamente la llamada, molesto. Se toma el rostro con las manos. Al cabo de unos segundos, B regresa y vuelve a ocupar su puesto sobre la mesa. A se quita las manos de la cara y sonríe.

B: No estoy diciendo nada. No estoy aceptando nada. Sólo quiero saber si mi amigo está cometiendo la mayor estupidez del mundo, o la mayor estupidez de todo el universo. Explícame tu plan.

A: El plan es muy fácil. Todos los días mi jefe sale a trabajar a eso de las 7:00 de la mañana. Se monta en su Mercedes, maneja cinco cuadras, y se baja a comprar medialunas en una confitería. Todos los días hace lo mismo, desde hace años. Tanto así, que se baja del auto y ya adentro lo están esperando con el paquete de medialunas. Ni siquiera tiene que pedirlas. Ya están ahí para él.

B: ¿Y lo vas a secuestrar en la confitería?

A: No. Mientras se baja a buscar las medialunas siempre deja la puerta del auto abierta. En ese momento uno de nosotros se sube al auto y se esconde en el asiento de atrás. Cuando el viejo vuelva a montarse, se le amenaza y se le obliga a que se regrese a la casa. A esa hora no ha llegado la señora de servicio y la esposa está afuera haciendo Pilates. Tenemos 45 minutos para que abra la caja fuerte, dejarlo amarrado en algún sitio y huir de ahí. El viejo tiene la plata asegurada, así que no va a poner mucha resistencia. Y la esposa llegará después y pondrán la denuncia y cobrarán el triple de lo que perdieron, y todos contentos. Para ese entonces estaremos muy lejos repartiendo la plata.

B: ¿Cuánto nos repartimos?

A: Ya te dije, debe haber al menos cincuenta de los verdes. Y vamos a mitad y mitad. Te estoy pidiendo que seas mi socio.

La camarera vuelve a entrar y trae cerveza, pero esta vez A no la mira. Mantiene la mirada fija sobre el rostro de B, que también observa silencioso. La camarera se retira, ninguno de los dos se mueve.

B: 25.000 dólares en efectivo…

A: Por 45 minutos de tu tiempo.

B: ¿Pero no le va a pasar nada a tu jefe?

A: Nada. Va a estar asustado y va a colaborar. Después lo dejamos amarrado y haciéndose más rico. Es más, seguro que va a estar hasta agradecido y todo.

B: ¿Y te vas a ir a Bora Bora?

A: Sí, por un par de meses. Luego regreso y no sé… todo sigue igual.

B: Después todo sigue igual… sí… me imagino…

A: ¿Entonces? ¿Aceptas?

B mira su reloj. Se levanta y recoge sus cosas. Vuelve a colocar un billete sobre la mesa.

B: Me tengo que ir. Es muy tarde y mi mujer me va a matar. Y ya apesto a cerveza.

A: Con 25.000 te la puedes llevar a Bora Bora también. O a Europa. O a China, o a donde te dé la puta gana. O te puedes comprar ese velero que me habías contado y pasearla por el caribe.

B: El velero… sí…

A: ¿Entonces?

B: Bueno. Sí. Cuenta conmigo.

A: JAJAJAJAJA ¡SÍ! Estupendo. Te quiero, coño, te quiero.

A se levanta y abraza a B. Se quedan un par de segundos así.

B: Llámame mañana y nos volvemos a reunir para afinar los detalles. No quiero que nada se salga de control y me terminen metiendo preso. Ahí te mato.

A: Todo va a salir perfecto. Confía en mí. Soy tu mejor amigo.

B se despide y se marcha. A se queda bebiendo de su cerveza. La camarera vuelve a acercarse.

Camarera: ¿Dijo que sí?

A: Dijo que sí.

Camarera: ¿Y hablaste con Sol? ¿Ya la mandaste al carajo?

A: No me atiende ni me responde los mensajes. Pero no te preocupes, yo me voy a encargar de todo.

La camarera sonríe y abraza a A.

Camarera: ¿Y nos vamos a las Bahamas?

A: Sí. Esas islas son el paraíso.

 

FIN