• Caracas (Venezuela)

Santiago Zerpa

Al instante

Ideas en torno a las lecturas

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(O cosas que pienso mientras paseo en la Feria del Libro)

 

1)                Comenzó la feria del libro en Buenos Aires. Un galpón enorme con decenas ­de expositores tanto nacionales como internacionales. Entras y no puedes creer la marea de gente que ha ido a lo mismo que tú: comprar libros. Te das cuenta de que aquí se lee, que hay una cultura ligada a la lectura y que es algo que se fomenta desde la niñez. Ves a un abuelo que compra un libro de Borges (El libro de la arena) y sabes que tanto el escritor como el lector siguen siendo jóvenes. O más aún, son inmortales. El que lee nunca muere porque vive, a su vez, todas aquellas historias que pasan entre las páginas de sus libros. El escritor se vuelve perpetuo mientras sus imágenes retumben en la memoria de al menos una persona. Se nota que es un pacto tácito que todos los que han llegado a la feria admiten y asumen sin mayores complicaciones. El fetiche por el libro en físico, por el olor a hoja vieja, o el de la tinta nueva, se vuelve un ritual que pasa billetes de mano en mano hasta que la pobre Evita morada que aparece en el billete se desgasta de tanto roce. Es hermoso ver que se invierte tanto dinero en lectura, porque nunca, jamás, comprar un libro es gastar la plata. Entiendes por qué de aquí salieron Borges, Cortázar, Arlt, Bioy Casares o Puig; o más recientemente Laiseca, Fresán, Pron, Casciari y un sinfín de escritores no tan anónimos que inundan la ciudad. Aceptas que una feria del libro dure dos semanas y se quede corta. Husmeas entre los diferentes stands intentando encontrar una joya, haciendo cálculos mentales sobre cómo administrar el dinero que te llevaste, y lo más difícil de todo: saber decirle adiós a los desafortunados libros (por lo general por abuso de precio) que no ocuparán un puesto en tu biblioteca.

2)                En la feria veo a Arturo Pérez-Reverte que estrecha una mano detrás de otra y firma con soltura una larga y estilizada firma en cada libro que le alcanzan. No hay mucha diferencia entre un escritor de best sellers o un rockstar, al menos no en una feria del libro. Admito que no me he leído ninguno de sus escritos, sin ninguna razón en particular. No me atraen sus temas, pero conozco al capitán Alatriste, he hojeado la versión gráfica de la novela, y he leído terribles críticas de la versión cinematográfica estelarizada por Viggo Mortensen (que aunque no venga al caso, vivió parte de su infancia entre Venezuela y Argentina. Aparte de actor es poeta, músico, pintor, fotógrafo e hincha a muerte del Club Atlético San Lorenzo, del que no se pierde ni un solo partido. Fin del fun fact.). Aun así, y sin entender muy bien por qué, una extraña fuerza gravitatoria me invita a colocarme en la kilométrica cola que espera ansiosa un autógrafo y una foto de su héroe literario. Me pongo a pensar en la literatura venezolana, ¿habrá alguien que levante tantas pasiones en mi país? Recuerdo la última vez que estuve en la feria del libro de Altamira, donde la única cola de personas la había formado Leonardo Padrón que acababa de sacar alguno de sus libros de entrevista (Los Imposibles 7000), sin embargo otros escritores como Salvador Fleján, Gabriel Payares, y hasta el mismo Patricio Pron (que había sido invitado para la feria) descansaban aburridos sobre sus sillas a la espera de uno que otro lector entusiasmado. También recuerdo la kilométrica cola que se hizo tras la muerte del expresidente Chávez, donde entre llantos y lamentos marchaban aquellas personas a obtener un tatuaje de su amado presidente, para no olvidarlo nunca jamás. Pienso en todo eso y me da un escalofrío en la espalda. En Venezuela ser político es lo más cercano a un rockstar que puede haber, y es una lástima. Un país donde la gente sueña (y tiene como prioridad) ser dirigente estudiantil, luego concejal, luego alcalde, luego gobernador, y luego ser el presidente que tanto necesita el país. Todos quieren ser presidentes y creen tener la razón y las soluciones necesarias para cambiar la historia. Y si no se creen políticos, se creen directores técnicos de fútbol, o se creen más arrechos que todos los demás. Las prioridades son extrañas, pero en ningún momento pasan por el tamiz de la cultura. Los escritores son sujetos raros, cangrejos que se asoman desde sus agujeros cuando nadie los mira. Pienso en todo eso y me salgo de la fila de Pérez-Reverte. Hoy no será.

3)                El año pasado fui a Venezuela y durante mi estadía se realizaba la feria del libro del Estado. Apenas te acercabas podías ver aquellos enormes ojos que te observaban desde lo alto, cual Big Brother de 1984, o hasta la misma torre de Sauron de El señor de los anillos. Los ojos de Chávez te vigilaban en cada rincón de la ciudad desde que llegabas del aeropuerto, y la feria del libro desgraciadamente no era la excepción. Ojos en todos lados, de todos  los tamaños y colores, volviendo aquel símbolo del socialismo en una imagen Pop a la par de cualquier obra de Warhol. Los libros, en su mayoría, eran afines a cierta ideología política: Chávez, Cuba, socialismo, Alí Primera, el Che, el gobierno bolivariano, el socialismo del siglo XXI, etc. Se pueden hacer una idea, aunque seguramente lo hayan visto ustedes mismos. Salí saturado de tanto rojo, de tanta ideología y ganas de lavar cerebro. En verdad era ingenuo pensar que podía encontrar otra cosa. Pero una parte de mí, siempre, piensa que algo puede cambiar. Quizás la esperanza de que no hubiese ojos, tan solo eso, aunque no se diera el caso. Aquí en Buenos Aires la feria también es del Estado. Ves que el gobierno de la ciudad tiene su logo en todas partes, pero nunca es protagonista por la sencilla razón de que están claros en que ahí la atención debe ser puesta en la lectura. Los logos aparecen abajo, y hasta tan discretos que podrían pasar inadvertidos. También hay stands a favor y en contra del gobierno (también llenos de ideologías), compartiendo el mismo techo, aire, y apenas unos escasos metros unos de otros. Pero no ves a ningún dirigente, ningún rostro, ningunos ojos que te vigilan desde arriba. No salen ni Cristina ni Néstor Kirchner, ni Perón, ni el Che. En la feria del libro dejan que los mismos libros sean los que hablen, que es al fin y al cabo como debería ser. Hay de todo, y está a la vista y a la mano, y es tu decisión si vas y compras un manifiesto progobierno, o si te metes a buscar literatura argentina, o hasta si prefieres buscar autoayuda o recetarios de cocina. Hay de todo conviviendo, y eso es hermoso, y es más sencillo de lo que aparenta. México y Colombia también lo hacen. Sin embargo, a mi pesar, a Venezuela todavía le falta mucho camino por recorrer. Quizás lo peor es la idea de que ni siquiera se ha empezado. No sé todas las respuestas, pero sé que hay mucha gente con talento, hay mentes brillantes que se han formado en medio de paros nacionales, golpes de Estado, secuestros, violaciones, asesinatos, escasez, hambre, miedo, incertidumbre y una enorme falta de cultura que tiene años instalándose sobre los venezolanos. Y a pesar de todo, como aquellas plantas que nacen entre las rendijas de un muro de concreto, surgen mentes brillantes. Aun entre las heces pueden salir cosas hermosas. Y cuando llegue el momento, BOOM. Espero que valga la pena.