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Santiago Zerpa

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Santiago Zerpa

Hablemos de cine: Mister Arkadin

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El cine clásico es una expresión un tanto técnica para referirse al cine que es resultado de las estrategias cinematográficas establecidas en la cultura norteamericana. Un periodo flexible que abarca en una primera instancia los años entre 1900 y 1960, tal y como reflejan David Bordwell y su equipo.

El cine clásico es, entonces, aquel que mantiene ciertas convenciones visuales, sonoras, genéricas e ideológicas que permiten al espectador reconocer el sentido de la historia y sus connotaciones. Establece un sistema, unas convenciones que son reconocibles ante cualquier espectador de cine narrativo, gracias a la existencia de una tradición.

Por el contrario, el cine moderno es un conjunto de películas que se alejan de dichas convenciones. Su evolución se centra en apartarse del cine clásico y establece una ruptura en todos los sentidos. Surge de la imaginación de artistas individuales en vez de una tradición prestablecida, que ofrecen elementos específicos derivados de su visión personal. Obedece a una búsqueda  de las posibilidades expresivas del lenguaje cinematográfico.

Orson Welles (1915-1985) fue un escritor, actor, productor y director estadounidense. Se le considera uno de los más grandes directores de cine y teatro del siglo XX. Fue elegido por el British Film Institute como el mejor director de la historia del cine. Aunque logró el éxito con su famosa película Citizen Kane (1941) no es hasta que viaja a Europa en 1946 que su visión de cine sufre un vuelco. Abandona el cine clásico y orienta su búsqueda personal a un cine moderno y característico que lo distinguiría en adelante.

Mister Arkadin (1954) fue producida por Welles durante su estancia en Europa. La película en sí nunca fue terminada, ya que le fue quitada mientras estaba en etapa de producción. El filme cuenta, además, con tres finales distintos. Sin embargo, Mister Arkadin es una película impresionante a pesar de la dudosa producción a la que fue sometida. Sombría, laberíntica, resulta una suerte de híbrido entre Citizen Kane y la posterior Seed of Evil.

Se narra la historia de un ladrón y contrabandista, Guy Van Stratten, que tras presenciar la muerte de un hombre en el puerto, decide averiguar sobre la vida de un tal Mr. Arkadin; hombre/mito excéntrico y adinerado. El mismo Gregory Arkadin decide contratarlo por 10.000 dólares para que investigue su propio pasado, del que reclama no saber nada. Van Stratten pronto se ve inmerso en un gran viaje alrededor del mundo, donde se verá inmiscuido en relaciones con extraños personajes, en asesinatos y complots que pondrán su propia vida en peligro.

Aunque comienza con las últimas palabras de un hombre muerto (como en Citizen Kane) el público no está al tanto de lo que se ha dicho. Nunca podemos estar seguros de que aquello que se nos dice es real. Así comienza en rompecabezas armado por Welles, un Film Noir subversivo, donde la idea es que el detective sea la catálisis de la acción, y que su investigación sea el propio reflejo de los monstruos que tenga escondidos bajo la cama. 

El quiebre con el cine clásico es claro. En una primera instancia puede observarse que predomina la función metafórica, lo cual se ve desde el principio de filme con una avioneta que vuela vacía sobre la costa de España. No solo es una antesala al final de la propia película, sino que es un intento de representar un poder impresentable, una suerte de comparación entre Arkadin con Dédalo o Ícaro. O quizás, cuando el propio Gregory Arkadin habla de sí mismo (y de toda la intención del filme) al contar la historia del escorpión y el sapo. El carácter del personaje queda enmarcado, así como el hilo conductor de las acciones, a través de dicha historia. A menudo hay composiciones des-centradas, de gran complejidad, muy dinámicas, con gran capacidad metafórica y simbólica que ayudan a desarrollar el carácter laberíntico de la película. Un laberinto construido por el propio Arkadin, un minotauro que te enreda y te persuade de no huir de aquel enmarañamiento que es su propia vida.

Se ve una abundancia de picados y contrapicados que califica las relaciones de poder entre los personajes. Así, a Arkadin siempre se le verá desde abajo, más grande, más fuerte, más monstruo de lo que en verdad es, ayudado por fuertes contrastes de luz que califican la acción. Unas largas (y excesivas) tomas en primer plano para que no queden dudas de lo que se desea transmitir. A menudo los decorados califican a los personajes que los ocupan. Así que vemos al personaje envuelto en exuberancia, apartado, escondido. No necesita disfrazarse como los demás penitentes en la fiesta de España porque ya su rostro es un disfraz por sí mismo. Cuando lo vemos más relajado, más feliz, es en medio de la habitación del barco, cuando este se mueve sin control. La cámara pareciese seguir al personaje que ante tanto movimiento se mantiene inmóvil. ¿O acaso es su mente aquello que tanto se distorsiona?

El tratamiento del sonido potencia el carácter simbólico de algunos espacios, como en el caso del castillo en España. Sin embargo, lo más curioso está en la utilización de técnicas radiofónicas, que empleadas en las escenas clímax de la propia película, acentúan el dramatismo de la acción. De esta forma, el final dramático de la película, con un Mr. Arkadin volando sin control y gritando por su hija es filtrado a través de un micrófono. Un puente que separa aún más al personaje con aquella realidad a la que no pertenece. Ni siquiera puede llegar a encarar a su hija en persona, se desvanece en una avioneta que se pierde en el mar. Esto es debido a que su construcción narrativa es fragmentaria (al menos en apariencia) y laberíntica. El cierre de la película no restituye ningún tipo de equilibrio original: el misterio solo es resuelto para nosotros; y parcialmente, ya que la avioneta se encuentra vacía y no vuelve a responderle a su hija.

Otro punto a resaltar es que todos los personajes, no solo el protagonista, poseen una compleja profundidad psicológica, y representan sus acciones con una extraordinaria riqueza, de forma exagerada y casi teatral. Es un punto interesante, ya que sin los aportes de dichos personajes (desde el domador de pulgas, al coleccionista, a las femme fatales y al mismo Van Stratten) sería imposible poder definir la historia. A través de ellos se desenlazan nudos y acciones que tienen como resultado una explicación de aquella estructura alzada por Arkadin. Incluso podemos llegar a conocerlo a él, aunque sea el personaje más sombrío, silencioso y encadenado de todos.

La articulación del relato se apoya en la investigación sobre el significado del pasado de Arkadin, una mera excusa para construir una historia coral. Por lo que el filme no posee una estructura lineal. Los flashbacks componen un relato fragmentario que obtiene sentido dentro de su propia lógica.

El cine moderno, al tener una naturaleza irrepetible y autosuficiente, es resultado de una visión individual. Cada película está dirigida solo a un determinado tipo de espectador o a ningún espectador en particular. La estructura del cine es experimental, y está sometida a una lógica antinarrativa, por lo cual tiende a alterar la sucesión del tiempo cronológico y la estructura de naturaleza causal. La sucesión lógica y cronológica son sustituidas por la fragmentación. Un cine de autor que satisface sus propias necesidades expresivas de carácter individual, irrepetible e intransferible. Los recursos visuales como el plano-secuencia, el empleo de técnicas expresionistas o los finales abiertos, forman parte de la ideología que define al cine moderno como un distanciamiento de las convenciones de la tradición narrativa.

La ambigüedad moral de Arkadin parece mantener a todos en la película bajo su mirada. Aquel juego de marionetas que trama Welles a lo largo de la película toma unas dimensiones magníficas. Jorge Luis Borges describía Citizen Kane como un laberinto sin un centro. Pues bien, Mr. Arkadin sí tiene un centro, uno construido por el propio minotauro y que habla sobre sí mismo a medida que te vas perdiendo.