• Caracas (Venezuela)

Santiago Zerpa

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El Dr No y el héroe moderno

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Agente 007 contra el Dr. No es la primera película de la saga James Bond, suponiendo el debut de Sean Connery como dicho personaje. Estrenada en 1962 en el Reino Unido, allanó el camino para crear el resto de películas al recaudar 16 de millones de dólares en ese país (suma muy importante para la época).

También introdujo a la primera chica Bond, así como el primer villano excéntrico. Fue basada en la sexta novela de Ian Fleming del mismo nombre.

En la película, el agente James Bond es enviado a Jamaica a una misión para investigar el reciente asesinato de un compañero relacionado con una serie de fracasos actuales en el programa espacial estadounidense. Allí descubre que el malvado genio Dr Julius no está planificando algo macabro en su isla privada.

Allí, donde hay mito, hay héroe, lo cual es una teoría tácita en nuestro inconsciente. Esto es bien legítimo, ya que está demostrada la presencia de héroes ya sea en narraciones literarias, en sagas épicas, en gestas políticas, en leyendas religiosas o en el imaginario psicosocial activo. Todos estos lenguajes, con sus figuraciones heroicas, forman parte del mito en cuanto relación/relato de las hazañas de una persona más o menos histórica. En el cine, ocurre lo mismo.

El héroe, en efecto, es un salvador y, en consecuencia, la mitología sería un relato de salvación. Este aspecto salvador posee un background religioso, aunque normalmente transformado por ubicarse en el mundo profano. El héroe en cuestión “puede salvarse a sí mismo salvando a los demás o, viceversa, puede salvar a la comunidad salvándose así a sí mismo”. Pero el héroe siempre salva (a sí mismo y los demás) de algo peligroso, malo, empecatado, cruel o dañino. James Bond es el héroe que surge para acabar con el mal, llámese Goldfinger, la organización Spectre o el mismo Dr. No. En este sentido es un santo o un elegido que en su actuación reúne a los contrarios normalmente separados: el sí mismo individual y el colectivo, o el mundo real y el ideal, el interior y el exterior. A través de su misión emancipadora se encuentran los contrarios en una conjunción casi sagrada, encajando los elementos dispersos y dotándolos de un sentido de implicación.

Ahora bien, dicha reconciliación puede ser pacífica o violenta, en el interior o en el exterior, política o religiosa, acción o pasión. Bond, como héroe moderno, las usa todas con lo cual atraviesa transversalmente a los contrarios que tratan de complicarlo (mujeres, villanos, autoridades). Hay una diferencia entre el héroe que trata de superar o trascender los contrarios (el primer James Bond, el del Dr. No), y el antihéroe que trata de integrar o internalizar los contrarios (el Bond de Skyfall). El primero es el héroe extrovertido típicamente occidental, un arquetipo de no solo el soldado perfecto, sino un espejo a semejanza para el resto de la población. Así como Ulises era admirado y emulado por los antiguos habitantes griegos. Se trata de figuras históricas heroificadas o idealizadas, pero que también ahondan sentimentalmente con el espectador.

La presencia de héroes o figuras salvadoras se ha sostenido a través del tiempo. Saber que lo heroico no pertenece solo al pasado, sino también al presente, es obvio. Sin embargo, a pesar del tiempo transcurrido, el héroe debe iniciarse en un largo proceso de iniciación que, a través de un rito de pasaje, posibilita el acceso y contacto con el más allá. Esta iniciación o rito de paso consta de tres momentos esenciales:

1)            Primer momento: Preliminar, la separación de la vida ordinaria. Llaman a Bond para que inicie su misión.

2)   Segundo momento: Liminar, afrontamiento de la otredad, envés o reverso de la existencia. Bond ejecuta su misión y supera los obstáculos.

3) Tercer momento: Posliminar, retorno a la vida cotidiana. Tras derrotar al Dr No, regresa a Inglaterra.

El momento culminante es el liminar o de afrontamiento de los propios límites: aquí tiene lugar la lucha dramática con el otro (monstruo, dragón, bruja, mar, laberinto, toro, noche, agujero, caos, Dr. No). Esta lucha, a la vez, es positiva y negativa, amorosa y odiosa, de descenso a los infiernos y resurrección como un héroe más grande. Se trata de engullir y ser engullido, vencer y padecer, trascender e implicar. La clave está en asimilar lo contrario de uno para su integración. Por esa razón la lucha aparece simbólicamente como un lance amoroso, en el que se realiza la unión sagrada entre el héroe y su destino, que en el caso de Bond es muy gráfico, ya que sus misiones, además, involucran salvar la vida de sus amantes. Comienza la iniciación de ida y vuelta de las que nos habla Vogler: a través del abrazo del peligro (en última instancia con la muerte), el héroe ha recorrido el borde de sus límites externos para adentrarse ahora en el borde de sus límites internos. Una lucha física y emocional. El héroe moderno es un mediador de los contrarios, así como un pacificador de los opuestos. El héroe moderno está en el borde, aquel que nos lleva a confrontarnos con los límites tanto propios como ajenos, delineando una raya de demarcación o relación de los contrarios. Si en su acción el héroe se “sale de los bordes” se pierde en el reino abstracto del espíritu, pero si no sale del útero materno, queda atrapado. En Bond siempre existe esa dualidad. La madre patria que lo mantiene a raya, materializado bajo la figura de M, y a la vez sus caprichos, sus deseos de rebeldía, su improvisación que lo hace fallar o salvarse. Bond anda entre ambos caminos, en un proceso de ida y vuelta que realiza una complicación de los contrarios en su medio/mediación. Todo héroe moderno es así, andrógino y complejo, interiorizando opuestos, y sin asomo de ser perfecto o especializado. A pesar de ser el mejor agente, Bond es apresado, torturado y humillado continuamente. Por ello, precisamente, es un héroe. Ni Dios, ni animal. Este doble aspecto está bien señalado por la enigmática fórmula que elige Campbell para definir al héroe como “el hombre de la sumisión alcanzada por sí mismo”, o el héroe sometido a su destino apropiado. A menudo consideramos tales a personalidades exageradas, hombres sin límites, locos de atar. La clave del héroe moderno es su iniciación a través de pruebas e implicaciones. El agente 007 no derrota a la oscuridad en nombre de la luz, sino que la concilia, traspasando su reino subterráneo hasta devenir el otro de sí mismo y asumir su propio envés. Actúa en nombre de la madre patria, pero lo hace en primera instancia bajo sus propias inquietudes. Así puede salvar a los demás al salvarse a sí mismo, y viceversa: salvarse a sí mismo ayudando al prójimo en el proceso.

El héroe moderno lucha por la complexión propia y ajena: un triunfo sobre sí y no sobre los demás. Solemos asociar con el héroe el valor de la valentía, pero no es precisamente un bien. El héroe auténtico valoraría por tanto un valor menos heroico-viril, ya que su iniciación le llevaría a dominarse a sí mismo en lugar de dominar a los demás. Por eso es capaz de asumir el error, ya que precisamente un error suele posibilitar el fallo como héroe y la salida del círculo estrecho del sentido común. Dejar de ser bueno y volverse… ¿malo? Duda que se ve en la palestra en el filme Skyfall. Y, por lo mismo, el héroe moderno nunca hará a los demás lo que no quiere que ellos le hagan a él.

El auténtico héroe habita en el  límite como mediador de los contrarios. Es un mediador de sí mismo, ya que si en la primera parte de la vida sale de sí, en la segunda parte de la vida vuelve a sí y en sí, tomando conciencia plena o amplificada de una aventura de ida y vuelta, tal y como dice Campbell. En la primera parte afronta la vida, en la segunda afronta la muerte: el héroe es auténtico en medio de los contrarios, aquel que sabe salir de casa y volver a ella, siendo capaz de desligarse y religarse, matar con su Waltherppk y enamorarse de la chica que sale en bikini de la playa, destruir una planta nuclear y regresar a su amada tierra como si nada. Un héroe moderno.