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50 veces con malaria

En Bolívar hay quienes padecen de manera recurrente la enfermedad / Francesca Commissari

En Bolívar hay quienes padecen de manera recurrente la enfermedad / Francesca Commissari

Los centros asistenciales en la parroquia San Isidro, que concentra 45% de los casos del país, son insuficientes ante la epidemia

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Esta no es una reunión familiar cualquiera. Alberto Buitrago, minero de 40 años de edad, llegó el 11 de septiembre, a las 9:00 am, acompañado de su esposa y sus tres hijos al ambulatorio de la población Las Claritas, en el municipio Sifontes, estado Bolívar. Entraron por una estrecha puerta, luego de hacer una fila detrás de varias personas, soportaron el pinchazo en las orejas hecho por un médico y esperaron un diagnóstico que ha sido recurrente para la familia desde hace unos años: tienen malaria.

El resultado no los sobresalta. Buitrago es el más experimentado al momento de lidiar con la enfermedad. La malaria lo atacó por primera vez en 1998. Incursionó en el oficio de la minería y no tenía idea de que la picadura de un mosquito anofeles iba a causarle dolores capaces de derribarlo al suelo. El cuadro se repitió una, dos, tres, cuatro, cinco, 10, 20, 40, 50 veces. "He tenido 2 tipos de malaria: vivax y falciparum. Hubo años en que casi cada 45 días me daba, pero últimamente me siento mejor. Cada 3 o 4 meses me vuelve la enfermedad", contó.

Jaime Torres, director del Instituto de Medicina Tropical, asegura que casos como el de Buitrago son frecuentes en las zonas mineras: "Los que no se mueren por malaria desarrollan resistencia o cierta inmunidad. Con el tiempo tendrán menos síntomas asociados a la enfermedad".

Ahora, en medio de una epidemia que concentra este año en el estado Bolívar 89% de 55.372 casos y acompañado de su familia, Buitrago forma parte de una masa en expansión. Está en el único ambulatorio de Las Claritas -un inmueble de 40 metros cuadrados, aproximadamente, caluroso, con paredes y puertas deterioradas- junto a una veintena de pacientes. Una mujer de facciones indígenas le pide que espere, mientras enciende un secador de cabello y lo pasa sobre las láminas que tienen las muestras de sangre. "Es para acelerar el proceso", asegura.

El ambulatorio está en la parroquia San Isidro, en Sifontes, y concentra 45% de los casos de malaria registrados este año en el país. Los habitantes podrían ir a los centros de diagnóstico instalados en las minas, al modulo de Barrio Adentro o, inclusive, trasladarse durante tres horas en vehículo hasta otros centros asistenciales en la parroquia Tumeremo, pero la enfermedad ataca con rapidez. "No tenemos, prácticamente, opciones con relación a la salud. Cuando uno se siente mal no puede rodar mucho. Debemos venir obligatoriamente a Las Claritas", dice Federico Navarro, mecánico residenciado en el kilómetro 83. Sólo uno de los 7 hospitales de Bolívar está en el municipio Sifontes, el José Gregorio Hernández de la parroquia Tumeremo, fundado en 1973, que cuenta apenas con 42 camas para los pacientes que requieran estadía y atiende a una población superior a los 44.000 habitantes. Hasta el año pasado sólo una ambulancia estaba operativa porque esperaban los repuestos -procedentes del exterior- para reparar otra.

Opciones limitadas. Navarro, su esposa Jennifer Brown y uno de sus tres hijos están sentados en un pequeño banco del ambulatorio de Las Claritas, a pocos metros de distancia de la familia Buitrago. Pese a que no se conocen, tienen en común la recurrencia en el malestar. "Otra vez nos dio malaria. Ya me ha dado 16 veces en los 2 años que llevo viviendo acá. No estoy en las minas, pero igual me contagio. Esto es insoportable. Estamos pensando en mudarnos a El Tigre, en Anzoátegui, para huir de las enfermedades", cuenta Navarro.

Un grupo de médicos se desplegó el mes pasado para atacar la malaria. El Ministerio de Salud concentra la atención en las minas. Allí fumigan casi a diario, reparten medicamentos y diagnostican casos. En agosto entregaron 78.737 fármacos en varias zonas de Sifontes: cloromaquina, cloroprimaquina y primaquina. Del último se dieron 30.891 unidades y quedaron sin existencia el 28 de agosto en los depósitos del Instituto Salud Pública de Bolívar. Aunque la primaquina ya llegó a la entidad, la falta de medicamentos y prevención contra la malaria fue denunciada antes del repunte de casos. En 2008, el Gobierno nacional desarrolló el Plan Nacional de Lucha Contra Vectores, para controlar las epidemias transmitidas por zancudos. Más de 90 millones de bolívares y 1.350 funcionarios fueron dispuestos para combatir el mal.

Pese a la inversión, los medicamentos no llegaron a tiempo. Así consta en la circular número 7 de la Dirección General de Salud Ambiental de Ministerio de Salud, del 9 de septiembre de 2009, que ordenaba el uso de fármacos vencidos en los pacientes con paludismo. "Motivado a que en la actualidad esta Dirección General no cuenta con los medicamentos antimaláricos por encontrarse en trámites de adquisición y luego de hacer la revisión bibliográfica pertinente, se exhorta a los estados a hacer uso de manera provisional de aquellos medicamentos después de que caduca su fecha de expiración", decía la comunicación suscrita por la entonces directora, Vilma Pacheco Amaro.Un año después se aplicó otro programa, el Plan Bicentenario para el Control de Vectores 2010, que tampoco frenó los embates del anofeles. Otras 45.155 personas contrajeron malaria ese año.

Aferrados a las pastillas

Pocos se salvan de la malaria en las minas. "Mi familia y yo hemos tenido. He sobrevivido porque me tomé mis pastillas. Pero tenía un compañero, Juan Torres, que se murió porque se le complicó con hepatitis y tampoco acudió rápido al hospital", indica el minero Alberto Buitrago.

En la mina Puerto Beco, en la parroquia San Isidro, muchos comenzaron a medicarse sin tener la malaria. María Rojas no está enferma, pero el resto de su familia sí. "Tomaré mis pastillas para evitar contagiarme", afirma.De acuerdo con el médico Jaime Torres, no es usual ofrecer medicamentos profilácticos en esos casos. "Puede suceder que se den para tratar a un grupo familiar. Una de las cosas que más preocupa es la automedicación contra la malaria por parte de los mineros (algunos utilizan fármacos traídos del extranjero), ya que puede generar resistencia a la enfermedad. Siempre es importante acudir antes al médico para que evalúe al paciente", explicó.