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Cuando el placer se queda dormido

La negativa a propiciar el acercamiento sexual | Mauricio Lemus

La negativa a propiciar el acercamiento sexual | Mauricio Lemus

La comunicación es clave en los casos de deseo sexual inhibido, una disfunción frecuente pero poco conocida

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Pablo y Vanessa tamborilean los dedos en el borde del sillón donde esperan ser atendidos. No es que su vida matrimonial sea una película romántica de Hollywood, pero resulta difícil creer que esta pareja de profesionales, ambos de 38 años de edad y con dos hijos, tenga que acudir al sexólogo porque sienten que el cielo se les oscureció de pronto. “Claro que nos amamos y seguimos apostando a la fidelidad pero, al llegar a la cama, el sexo se nos queda dormido”, lo dice sin tapujo esta administradora, consciente de que están a punto de cruzar la línea en la que él podría acusarla de frigidez y ella, de impotencia.

“Es verdad, la falta de deseo sexual es un frecuente motivo de disputas que preceden al divorcio”, explica Gerardo Giménez Ramírez, psiquiatra y sexólogo, cuya experiencia en asesoría de parejas va a la par de sus investigaciones sobre tópicos sexuales que pocas veces son bien interpretados.

“Tradicionalmente, la falta de deseo se ha asociado de forma injusta a la carencia del sexo femenino, por aquello de la frigidez, sin reparar en que se trata de un deseo sexual inhibido, que es como se conoce esa disfunción, y que a la hora de repartir culpas se mira como un problema individual consustancial con el género”.

El especialista subraya el hecho de que la respuesta sexual humana no es la misma en todas las personas, ni siquiera en el mismo individuo a lo largo de su vida. Incluso en cada etapa la respuesta sexual individual puede sufrir variaciones cuantitativas y cualitativas. De modo que el deseo, la libido, las ganas de aproximación sexual varían de persona a persona.

Se nos rompió el amor. El deseo sexual inhibido (los sexólogos le denominan DSI) se caracteriza porque la persona carece de apetito sexual, y no se siente atraída por el sexo ni por la posibilidad de poder llevar a cabo conductas sexuales.

Visto así es lógico que se comporte con indiferencia a las interacciones sexuales, pese a que estas sean accesibles, o que su capacidad de respuesta sexual no esté afectada. “Esta falta de deseo no sólo se refiere al coito, puede incluir la masturbación, las fantasías y pensamientos de naturaleza sexual; incluso puede haber pérdida de capacidad de percibir aspectos atractivos en otros que podrían hacer de posibles compañeros sexuales. Si se dan todas o la inmensa mayoría de las características anteriores estaríamos hablando de DSI total”.

¿Cuándo el DSI se convierte en un problema grave? Otro sexólogo, Rafael Cortez, responde: Cuando se hace selectivo y el rechazo afecta en específico a la pareja, y la persona busque alivio en otros brazos u otras prácticas sexuales. “Pasa con frecuencia cuando el hastío sexual sirve de excusa para que el paciente logre mantener relaciones paralelas o rechace el coito con su pareja, pero se refugie en la masturbación como actividad sexual satisfactoria”, agrega.

Es justamente lo que la consulta al especialista trata de evitar: que la reiterada negativa a propiciar el acercamiento sexual por uno de los integrantes de la pareja desemboque irremediablemente en episodios de ira o de infidelidad, algo que ha podido evitarse si existe una comunicación adecuada, que permita incluso cuestionar el propio atractivo, si el amor se ha extinguido o si existe una tercera persona.