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Cuando los orgasmos no se detienen

Se estima que un 90 por ciento de los filmes de sexo explícito que se distribuyen legalmente en Estados Unidos / EFE

Un simple roce en la calle puede desencadenar la sensación / EFE

Mujeres afectadas del síndrome de excitación genital permanente suelen tener clímax involuntarios todo el día

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La discreción de Bárbara oculta un problema que, visto de cerca, le acarrea más incomodidad que placer. Con 27 años de edad y soltera, la joven padece el síndrome de excitación genital permanente, lo que la lleva involuntariamente a sobrexcitarse sexualmente ante cualquier contacto o roce físico, sin relación con el deseo o pensamiento erótico.
“Se trata de un trastorno que surge de forma espontánea, en ausencia de deseo sexual, que no desaparece con el orgasmo y que ha sido reconocido como un problema médico”, explica el psicólogo José Ángel Alzurú. Indicó que en 2001 el Persistent Sexual Arousal Syndrome o PSAS fue incluido en el Manual Diagnóstico y Estadístico de Enfermedades Mentales, que elabora la Asociación Americana de Psiquiatría, como una disfunción semejante o equivalente en femenino al priapismo del hombre.
El PSAS no está relacionado con la hipersexualidad. Ni siquiera con el sexo. Consiste en una activación genital intensa, sin deseo sexual, a toda hora, y que puede durar semanas o meses. “Alcanzar el orgasmo puede aliviar los síntomas durante unas horas, pero vuelve a aparecer”.
Alzuru indica que las mujeres afectadas sienten oleadas de orgasmos espontáneos a cada rato, sin desencadenante posible que logre ser identificado. “Pero, atención, hablamos de algo indeseado, más desagradable, frustrante y doloroso que placentero y que les impide desarrollar sus tareas diarias con normalidad”.
Las mujeres que padecen el PSAS de manera crónica llegan incluso a perder su capacidad para sentir placer mediante el sexo porque el orgasmo se convierte en una forma de aliviar los síntomas dolorosos.
 
¿Quién dijo placer? Vistos con poco interés por largo tiempo, los problemas sexuales femeninos son hoy objeto de atención por médicos y psiquiatras. Es el caso de esta disfunción de la cual poco se sabe y que se supone se manifiesta al comienzo de la vida sexual o se desarrolla más tarde. No obstante, se habla de factores emocionales, como problemas de pareja o psicológicos del individuo (depresión, miedos y culpa, traumas, entre otras).
Aún así sobran las incógnitas respecto al número de mujeres afectadas, así como de las causas físicas y tratamiento. Hay varias hipótesis que intentan explicar el origen del fenómeno: una malformación arterovenosa que lleva a una irrigación permanente y excesiva del clítoris, la anomalía del sistema nervioso periférico (de la zona genital) o central (del cerebro), el comenzar a tomar o el dejar de tomar determinados medicamentos (antidepresivos del tipo de inhibidores de recaptación de serotonina).
Un estudio reciente de la Universidad de Indiana señala que los pacientes con PSAS son de clases, edades y medios diferentes. Sandra Leiblum, profesora de psiquiatría de la University of Medicine and Dentistry's Robert Wood Johnson Medical School, y una de los sexólogos que más lo ha estudiado, advierte acerca de lo grave de esa disfunción, ya que algunas mujeres podrían tener problemas psicológicos a consecuencia del síndrome, como estrés, ansiedad, depresión, pensamientos suicidas, trastorno de pánico, así como sentimientos de culpa y frustración.

No toquen a Kim
El año pasado, Kim Ramsey obtuvo notoriedad mundial al revelar su pesadilla: la británica, de 44 años de edad, experimenta 100 orgasmos por día. Información publicada por The Daily Mail indica que cada acción que Ramsey realiza a diario va acompañada de un gatillazo sexual. El más mínimo movimiento de la pelvis, el bamboleo en tren o auto o las tareas domésticas, puede desencadenar un orgasmo. Tal cantidad la deja agotada, dolorida y le impide tener una relación sexual normal. Los médicos creen que en el caso de Ramsey este desorden fue causado por un accidente sufrido en 2001, cuando rodó por unas escaleras y la caída pudo causar un quiste de Tarlov en la columna vertebral, justo en el punto donde se origina el orgasmo. "Algunas mujeres se preguntan cómo tener un orgasmo. Yo me pregunto cómo detenerlos", declaró entonces Ramsey.