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Cuando el orgasmo se niega a llegar

Pareja en una habitación / El Mercurio / Chile / GDA

Pareja en una habitación / El Mercurio / Chile / GDA

Hay quienes prefieren fingir antes que confesar a la pareja que padecen el trastorno que les impide lograr el máximo placer

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A Leidys no le hace falta que le exijan pruebas de su amor por Juan Antonio. Casados desde hace dos años, la pareja –ambos frisan la treintena– da fe de su inquebrantable fidelidad por encima de cualquier eventualidad. Salvo una circunstancia que los ha obligado a visitar al sexólogo. “Todavía no sé lo que es un orgasmo, aunque intentamos hacer el amor de todas las formas posibles y logro sentir cierta excitación”, narra la mujer, con un dejo de inquietud porque con el tiempo la relación podría resultar afectada.
Lo que ella padece se llama anorgasmia, de acuerdo con los especialistas que definen el trastorno que, de forma persistente o recurrente, impide el orgasmo después de una fase de excitación sexual. Esa incapacidad de alcanzar el pico más alto del placer, aun cuando se sienta deseo, puede explicarse más por razones emocionales que biológicas, y un estudio reciente calcula que lo padece 25% de las mujeres mayores de 20 años. “En mi caso, hago lo que hacen las otras: intento disfrutar de mi excitación y, sencillamente, finjo el orgasmo justo cuando Juan ha obtenido el suyo”, confiesa.
 
La cúspide del deseo. Según los sexólogos, hay dos tipos de anorgasmia: la primaria, que afecta a mujeres que jamás han obtenido un orgasmo a través del coito ni por masturbación o estimulación directa de la pareja, ya sea con la mano, la boca o algún instrumento o juguete sexual. La secundaria ocurre en quienes ya han experimentado orgasmos con normalidad, pero dejan de sentirlos de forma recurrente.
Los especialistas diferencian la anorgasmia de la frigidez, pues esta última se refiere a un trastorno del deseo, es decir, que no se desea tener sexo. Mientras que la anorgasmia remite a una disfunción biológica o psicológica que impide llegar al orgasmo. “Las mujeres con frigidez presentan alteración del apetito sexual o deseo, lo cual generalmente se acompaña de una inocultable falta de excitación y, sin embargo, pueden obtener orgasmos de forma esporádica”, indica el terapeuta Vicente de la Cruz.
 
De la desinformación al trauma. Visto en su fase fisiológica, el orgasmo es un proceso complejo. Para lograrlo deben presentarse contracciones de los músculos genitales ubicados entre la vagina y el ano. Una enfermedad o traumatismo en esa zona, al igual que el uso de drogas, alcohol o medicamentos, podrían propiciar la inhibición del orgasmo. En el caso de la anorgasmia, sólo 5% está asociado a causas físicas, lo que equivale a decir que 95% se debe a causas psicológicas, educativas o sociales. Entre esas causas destacan la enseñanza que la mujer recibió sobre el sexo, el peso de tabúes, miedos y prejuicios adquiridos, desconocimiento del propio cuerpo, las creencias culturales, religiosas y sociales de cada persona e, inclusive, el hecho de haber sufrido un suceso traumático de índole sexual.
“Hay casos de mujeres que confiesan no haber tenido un orgasmo jamás, pero que luego de la evaluación descubrimos que en realidad su capacidad orgásmica está intacta, sólo que la manera como es estimulada por su pareja o cómo abordan la relación sexual, no les permite alcanzar el orgasmo”, aclara De la Cruz.
El especialista advierte que, por lo general, hombres y mujeres reducen la obtención del orgasmo sólo con la penetración, sin saber que para la mujer la forma más directa y sencilla se logra a través de la estimulación del clítoris. Los juegos sexuales, la fase previa de caricias y la exploración de los cuerpos sin temores ni tabúes facilitan tanto la excitación como la generación del orgasmo.

Revolución
Gracias a los estudios de Masters y Johnson, en la década de los cincuenta se demostró la importancia del clítoris en el orgasmo, lo que fue una liberación porque el uso de la mano para obtener el orgasmo dejó de percibirse como anormalidad. Con la reacción a la liberación sexual en los sesenta, volvió el orgasmo vaginal mediante el redescubrimiento del punto G, un lugar algo misterioso en la pared vaginal tras la entrada de la vagina, que hoy en día ya no falta en ningún artículo o libro de educación sexual.