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La obesidad, sinónimo de vejez

Almacenar grasa se ha conertido en un riesgo cardiovascular para el hombre moderno | Foto: Referencia

Almacenar grasa se ha conertido en un riesgo cardiovascular para el hombre moderno | Foto: Referencia

La depresión y la disminución de  serotonina que eleva los niveles de ansiedad aumentan el riesgo de infarto, problemas en la próstata, colon y la tendencia a desarrollar enfermedades degenerativas

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El ciclo de ayuno, ejercicio, comida y almacenamiento le ha permitido al hombre sobrevivir hasta que aparece el sedentarismo y la cosecha. La facilidad para conseguir los alimentos hizo al hombre sedentario pero mantiene la capacidad de almacenar grasa, convirtiéndose en un riesgo cardiovascular para el hombre moderno. La ganancia de peso comienza cuando se cambia el estilo de vida.

Así mismo, la grasa visceral que rodea los órganos internos aumenta la producción de las hormonas del estrés, cortisol y reduce los niveles de endorfinas, que son las hormonas que facilitan la sensación de felicidad y bienestar. También se puede producir una deficiencia de la dopamina en el organismo que favorece la depresión, mientras que la disminución de serotonina eleva los niveles de ansiedad.

Ambas carencias aumentan de tres a cuatro veces el riesgo de infarto, problemas en la próstata, colon y la tendencia a desarrollar enfermedades degenerativas: como parkinson o demencia senil. De esta forma, la grasa visceral es muy activa y genera un constante bombeo de sustancias tóxicas en el torrente sanguíneo. Este proceso conduce a la acumulación de ácidos, grasas libres en el hígado y otros órganos, desequilibrio de la regulación de insulina, del azúcar y el colesterol.

En Medicina Antienvejecimiento, explica la doctora Margarita Botero la obesidad se entiende como una enfermedad bio-psico-social. Dentro del componente psicológico se tiene a la ansiedad, el estrés y la depresión que fomentan en la persona la necesidad de comer constantemente, puesto que el cuerpo está tratando de aumentar los niveles de serotonina cerebral con la ingesta de carbohidratos. De esta forma, se ingieren grandes cantidades de energía que no se consumirán y que se almacenarán en forma de grasa, y el páncreas está liberando grandes y constantes cantidades de insulina que atraparán mayores cantidades de grasas en su tejido adiposo.

En el caso del estrés, se aumenta la producción de colesterol. Éste aumenta la producción de glucosa y disminuye su utilización. A su vez, incrementa la exigencia de azúcares que generan apatía hacia cualquier actividad física. El momento más difícil es cuando se desea pasar de querer hacer ejercicio a realmente hacerlo; entre ambos pueden pasar semanas, meses o quizás nunca se haga.

“El 65% de los casos de obesidad se encuentra ligado a factores hereditarios. La edad y la menopausia tienen un efecto importante en el metabolismo, puesto que se hace más lento a medida que se envejece” afirma la doctora Botero, especialista en medicina antienvejecimiento y obesidad. De esta forma, solo se puede aumentar la cantidad de oxígeno que se consume a diario con mayor cantidad de actividades aeróbicas: mantenerse erguido, mantener construidos los músculos abdominales, etc.

Agrega, además, que “como primer objetivo se trata de modular los neurotransmisores y neuropéptidos que se asocian con el hambre y la saciedad; y el segundo objetivo es controlar la inflamación silenciosa”. Esto se logrará con las siguientes recomendaciones:

  1. Regulación de los neurotransmisores: con triptofano oral, que se convierte en serotonina para la compulsión.
  2. Tratamiento para la resistencia a la insulina: protocolo y aplicaciones endovenosas para el manejo de la obesidad y de la insulino-resistencia. Entre los principios activos usan L-carnitina, taurina, zinc, selenio, magnesio, manganeso, vitamina C, etc.
  3. Control del estrés oxidativo: según los marcadores bioquímicos obtenidos, al paciente se le suplementa zinc, selenio, manganeso o cobre.
  4. Cambios en los hábitos alimenticios y control de la velocidad del vaciamiento gástrico: existen alimentos que combaten la inflamación silenciosa a partir de una dieta rica en grasas polisaturadas del tipo Omega 3, ácidos grasos monoinsaturados, proteínas magras de alto valor biológico e hidratos de carbono de bajo índice glicémico.
  5. Actividad física: esta mejora la sensibilidad de la insulina, disminuye la masa muscular en el obeso y la actividad aeróbica favorece la hormona del crecimiento, que mejora el sueño y ayuda a degradar la grasa visceral. Se recomienda hacer ejercicio de tres a cinco veces por semana, entre 30 y 45 minutos para comenzar.

Dra. Margarita Botero, médico cirujano, especialista en Medicina Antienvejecimiento del Centro Médico Energía Vital Activa

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