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Un dolor físico puede ocultar una depresión sin tristeza

Depresión / BBC

Depresión / BBC

Aunque la persona no manifiesta que está triste, siente malestar muscular, problemas para dormir o falta de apetito. Los especialistas señalan que molestias crónicas se relacionan con el cuadro depresivo

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Los dolores físicos que pueden ocultar cuadros depresivos son un fenómeno que se está estudiando sobre todo en personas mayores de 50 años de edad, aunque también pueden ocurrir en gente más joven, señalan los expertos. “En general, la depresión melancólica, con tristeza, desesperanza, se da en la edad media de la vida, pero en los extremos suele adquirir formas distintas”, explica Alejandro Koppmann, psiquiatra de la Clínica Alemana de Santiago de Chile.

Así, no es raro que un niño o adolescente con depresión comience a mostrar trastornos de la conducta o problemas en el rendimiento escolar, o que un adulto mayor se queje de dolores que no tienen una causa médica evidente. “Es un trastorno por somatización, una depresión enmascarada. La persona más que tener síntomas emocionales, tiene síntomas físicos que le causan dolor, como lumbagos que se perpetúan, por ejemplo”, explica la psiquiatra Lina Ortiz.

La gente suele consultar al médico por las molestias, y a veces como no se encuentra una causa concreta, tienden a ser miradas como hipocondríacas. Pero la realidad es que las tensiones emocionales las transfieren al cuerpo.
“Eso hace difícil llegar al diagnóstico; lo más frecuente es que el paciente reciba tratamientos innecesarios, que no atacan la causa de origen y hacen que la depresión continúe”, agrega Koppmann.

Si un médico recibe a un paciente que se queja de síntomas físicos, pero cuyo organismo funciona bien, hay que prestar atención. “Cuando el paciente se presenta con síntomas físicos hay que descartar que no haya patología médica que esté causando el dolor. Por lo general, un dolor crónico suele relacionarse con cuadros depresivos”, precisa.

Entonces se debe indagar en la búsqueda de estresores ambientales, como situaciones difíciles de la vida que podrían dar la alerta de un trastorno del ánimo. “Dolor y depresión comparten el mismo combustible, los mismos neurotransmisores y vías nerviosas; por ello se usan para el tratamiento del dolor antidepresivos en dosis bajas”.

Dificultades emotivas. Se calcula que la depresión no disfórica, otra forma de denominar a este trastorno, aumenta con la edad y afectaría a alrededor de 5% de las personas mayores de 50 años. “Se ve más en personas que les cuesta conectarse con lo que les pasa; les es más fácil conectarse con el plano físico que con las emociones”, precisa Ortiz.

De hecho, la alexitimia -dificultad para reconocer y expresar los sentimientos- se considera como un factor predisponente. “Son personas vistas como frías desde afuera; cuando están sometidas a estrés no se quejan, sino que el cuerpo tiende a quejarse por ellos. Entonces hacen una depresión sin pena”, comenta Koppmann.

En el examen psiquiátrico se distingue entre una tristeza que el paciente dice que tiene, algo que en este caso no ocurre, y una tristeza que el paciente no describe, pero que el evaluador ve.

La pobreza expresiva de quien padece depresión sin tristeza está claramente ligada a la dificultad de comunicación de los propios sentimientos, como explican los expertos. Y en eso influyen también condicionantes culturales y estilos de crianza.

Al igual que otros trastornos anímicos, factores ambientales, rasgos de personalidad (cómo afrontan las situaciones difíciles) y la predisposición biológica son otros aspectos que se encuentran entre las causas de esta depresión. El problema se puede tratar con medicamentos y psicoterapia, pero lo primordial es tomar conciencia y pedir ayuda.