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Un cirujano venezolano repara rostros de pacientes en Estados Unidos

Jesús Alberto Gómez, cirujano maxilofacial/Leonardo Noguera

Jesús Alberto Gómez, cirujano maxilofacial/Leonardo Noguera

El especialista en cirugía maxilofacial ha operado a más de 25 personas con tumores de grandes dimensiones

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En la Escuela de Medicina de la Universidad de Miami, un cirujano venezolano se dedica a esculpir rostros. Con su trabajo de cirugía maxilofacial y oral, Jesús Alberto Gómez ha transformado a pacientes de Haití, Costa de Marfil, China y Vietnam. Esos niños y jóvenes, afectados por tumores inmensos, han encontrado una solución en el quirófano del odontólogo egresado de la Universidad Central de Venezuela.

El cirujano repara los rostros de los pacientes, pero no se trata de operaciones con fines cosméticos. Si bien hay un impacto estético, la idea, explica, es hacer reconstrucciones para recuperar las funciones biológicas.

La labor de Gómez –que en la escuela primaria ya sabía que quería ser cirujano– ha sido reconocida desde hace tiempo. Se fue a Estados Unidos hace 15 años para hacer un posgrado en la Universidad de Miami. Al terminar, lo nombraron residente del año y le pidieron que se quedara en el servicio de cirugía maxilofacial. Así lo hizo y sólo ha vuelto para asuntos puntuales, como el I Simposio de Oseointegración, que se realizó en Caracas el 31 de enero y el 1º de febrero.

“Cuando la gente busca quién hace este tipo de cirugías, se impresiona al saber que las realiza un venezolano. Yo les digo que nosotros somos genéticamente tan competentes como cualquier ciudadano del mundo”, dice y se ríe. Justamente, por su trabajo Gómez fue reconocido el año pasado por el Gobierno de Estados Unidos –junto a otros venezolanos– por sus aportes a ese país.

 

El trabajo. Hasta ahora, Gómez ha operado a más de 25 pacientes –algunos en Venezuela– con tumores grandes. Dice que ha lidiado con casos especialmente complicados. Por ejemplo, el de una joven vietnamita, de 15 años de edad, que tenía una formación en la lengua de 9 kilos. Por el peso del tumor, dice el cirujano, había desarrollado una escoliosis cervical.

La operación, recuerda, duró 10 horas y se hizo la reconstrucción de la mandíbula con una placa de titanio. Después de varias revisiones y de la cicatrización, la joven regresó a Vietnam. “Eso fue hace dos años y no hemos sabido más de ella”.

Para él, lo más valioso es saber que los pacientes recuperaron su vida, su cotidianidad. Sin embargo, reconoce que es difícil separarse de ellos. “Uno se involucra tanto, que los siente parte de la familia. Entonces, cuando se van del servicio, aunque hay satisfacción profesional, siempre queda la nostalgia. Eso es lo que a mí más me ha costado”.

¿Vendría a Venezuela a trabajar? Dice que no, pero que siempre volverá cuando lo inviten. “No hay nada mejor que regresar al país y compartir. No se trata de demostrar que uno sabe más, sino de decirle a la gente que cuando se quiere, se puede. Los profesionales venezolanos están a la altura de cualquier profesional del mundo. Yo viajo por todos lados y cuando comparo los conocimientos, la mística y el compromiso profesional nuestro, me doy cuenta de que no tenemos nada que envidiarle a nadie”, asegura.

 

Tecnología. Gómez está convencido de que se debe avanzar para que los tratamientos sean cada vez menos invasivos. Uno de los trabajos que se ha hecho en este sentido es el empleo de la proteína morfogenética ósea –que permite el remodelado de los huesos y está presente en todos los individuos–.

Se trata de una técnica que comenzó a usarse con solidez desde hace 10 años y que permite acortar el tiempo de cicatrización –en lugar de 60 a 80 días, serían de 45 a 60 días–. El trabajo consiste en tomar células madre de la médula ósea, que se obtienen de la cadera o la tibia.

Esas células se centrifugan, se mezclan con la proteína –denominada RH BMP 2– y se colocan de nuevo en la zona que tiene el defecto. Ese procedimiento se usa para ciertos trabajos de reconstrucción maxilofacial, y así se evita el uso de injertos.

Para Gómez, aún hay muchos avances que podrán contribuir con este trabajo. Por ejemplo, el reemplazo de órganos de la cara a través de células madre, para así evitar las complicaciones y rechazos. También considera trascendental la telemedicina, para comunicar zonas alejadas con los grandes centros médicos del mundo.

Esta pasión, dice, lo ha convertido en un fanático de su profesión: “Yo me propuse una meta y trabajo diariamente para construir los escalones que me llevan a ella. Trabajo por mi compromiso con los pacientes. Quiero dejar a mi país en alto y motivar a las nuevas generaciones”.