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Parejas que usan la cama solo para dormir

La asexualidad no tiene nada que ver con celibato ni con castidad, puesto que estas últimas están asociadas a la represión y renuncia del placer sensual | Cortesía ABC

La asexualidad no tiene nada que ver con celibato ni con castidad, puesto que estas últimas están asociadas a la represión y renuncia del placer sensual | Cortesía ABC

Ni bichos raros ni reprimidos. Los miembros de esa comunidad –en Venezuela llegan a 30.000– simplemente no sienten interés por el sexo en ninguna de sus formas

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Aunque es un hecho que le atrae la chica nueva que llegó al Departamento de Cobranzas, Fernando no está interesado en inventar planes para conquistarla y, en caso de lograrlo, acostarse con ella. Hay que precisarlo. A los 34 años de edad, bien parecido y heterosexual, a este diseñador gráfico publicitario no le atrae el sexo de la forma indómita como lo expresan sus compañeros de trabajo, esos que se reúnen en torno a la jarra del café para comentar acerca de las piernas, nalgas y senos de las mujeres de la oficina.

Como parte de otra tendencia que parió la revolución sexual del siglo XXI, los asexuales no sienten interés hacia nadie o, en todo caso, es muy poco. Ocurre tanto en hombres como en mujeres. Unos se masturban y a otros les tiene sin cuidado no mantener una relación amorosa intensa con intercambio de coitos y caricias, porque para ellos esa parte de la biología no les quita el sueño. En otras palabras, el sexo no forma parte de sus vidas, lo que no les supone un sacrificio prescindir de los estímulos que a otros les pone a aullar como lobos. Al contrario, tal condición es para algunos de ellos una liberación e inclusive una bendición.

Cero hit cero carrera. La sexóloga Elena Daniel sabe de parejas jóvenes asexuales. No acuden a su consultorio desesperadas porque él no registra erección cuando la novia se desnuda o ella llega llorando porque no tiene orgasmos. “Usan la cama solo para dormir y ver la tele”, aclara la especialista al referirse a la tendencia. “Siempre ha existido pero, como pasó con los gays, permanecían de incógnito”.

Daniel dice no estar segura de si el término asexual es el adecuado para definir la tendencia. Cuando comenzó en la profesión, ella lo llamaba anerotismo. “En realidad, todos somos seres sexuados, aunque el interés y las manifestaciones eróticas no estén presentes”.

Otro aspecto que debe ser aclarado: la asexualidad no tiene nada que ver con celibato ni con castidad, puesto que estas últimas están asociadas a la represión y renuncia del placer sensual. Los asexuales no son reprimidos, sino personas que, como se ha dicho, no tienen interés por el sexo. Puede aparecer a temprana edad. Un joven, como es el caso de Fernando, admite que no siente interés o atracción sexual por nadie. En su mayoría lo callan, se aíslan y no comparten actividades por temor a ser discriminados por no hablar de sexo, o por no compartir con sus pares experiencias de esa índole. Otros mienten para pasar debajo de la mesa. “El problema empieza cuando se enamoran y terminan por confesarlo a la pareja o dejan que la pareja se dé cuenta de su bajo nivel de excitación; de manera que cuando ya las excusas no sirven, lo confiesan: soy asexual”.

"No estamos solos”

La especialista Elena Daniel advierte que no debe confundirse asexualidad con deseo sexual disminuido, con las parafilias u otros problemas sexuales. Ya que se trata de quienes viven felices sin sexo, y punto. Mientras que los que no pueden disfrutar de la sexualidad porque tienen algún problema, se sienten mal o la echan de menos. “Por eso hay que tener cuidado y citar la expresión sexual como un derecho, nunca como una obligación, y los derechos sexuales deben incluir esa posibilidad como una opción más, de manera que los profesionales de la salud sexual puedan entenderla sin afán de “medicalizarla” o ajustarla a la “norma”.

Tanto es así que, aunque solo constituyen 1% de la población mundial (se calculan en Venezuela cerca de 30.000), la revolución sexual del siglo XXI –la misma que le dio visibilidad y derechos a la comunidad LGBTI– hoy chatean, intervienen en foros y dan vida a la página web AVEN (Visibilidad Sexual y Red de Educación). Allí dialogan jóvenes y adultos mayores. A estos últimos, por lo general, la edad los convierte en asexuales, no solo por la falta de oportunidad, sino por el papel que juegan las hormonas. Estos asexuales, conscientes de su existencia como grupo, se ayudan a entenderse. La mayoría de los miembros de la comunidad ha sido asexual toda su vida, de modo que se transmiten sus impresiones y, como toda asociación anónima, celebran si uno de ellos abandona el club porque descubre ¡al fin! el placer sexual. Aunque sus antiguos correligionarios sigan defendiendo la trillada frase atribuida a Federico Nietzsche: “El sexo es una trampa inventada por la naturaleza para no extinguirse”.