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Terapia de inducción con inmunosupresores previene el rechazo de órganos trasplantados

Trasplantes | Foto: Cortesía

Trasplantes | Foto: Cortesía

El uso de medicamentos inmunosupresores antes de un trasplante renal mejora a largo plazo la sobrevida del injerto y  del receptor

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El trasplante renal sigue siendo la mejor opción de tratamiento para las personas que presentan falla crónica de los riñones, porque mejora la calidad de vida, la sobrevida del paciente y es menos costoso. Así lo manifestó el doctor Jesús Díaz, especialista en enfermedad renal crónica y pacientes sometidos a trasplante de riñón.

La principal dificultad cuando se realiza la sustitución de un órgano proviene de la capacidad que tiene el sistema inmune para diferenciar lo propio de lo extraño y actuar contra el injerto. Es por ello que para convencer al cuerpo de que tolere las células extrañas, los especialistas deben disminuir las defensas con medicamentos inmunosupresores.

El también médico adjunto del Hospital Clínico Universitario y del Hospital José María Vargas, destacó la importancia de una adecuada terapia farmacológica durante la fase de inducción, previa al trasplante. El galeno explicó que esto ayuda a mejorar la sobrevida del trasplante a largo plazo.

Los inmunosupresores más eficientes consiguen disminuir las defensas del cuerpo lo justo para evitar el rechazo, sin exponer al paciente a continuas infecciones. El galeno explicó que existen dos grupos de anticuerpos: los monoclonales, cuya característica es actuar contra una sola sustancia y los policlonales, que tienen capacidad de reconocer diferentes partes de una proteína. En Venezuela se tiene por el momento tres fármacos de inducción (dos policlonales y un monoclonal).

Escogiendo adecuadamente

Para poder seleccionar el mejor agente en la terapia de inducción se debe hacer un estudio exhaustivo para determinar ciertas variables en el paciente. Esto requiere del conocimiento de la composición del HLA (antígenos leucocitarios humanos), si se trata de un donante vivo o cadavérico, la raza o la etnia tanto del donante como del receptor, el periodo sin riego sanguíneo del órgano o tejido (isquemia) y si se trata del primer o segundo trasplante.

Con las variables bien definidas y siguiendo la orientación de guías clínicas internacionales, en especial de la KDIGO, (Clinical Practice Guideline for the Evaluation and Management of Chronic Kidney Disease) se recomienda clasificar al paciente receptor en bajo o alto riesgo. Esta selección determina el uso de los anticuerpos en la inducción. Allí se orienta a usar agentes monoclonales para los de bajo riesgo inmunológico  y los policlonales para pacientes expuestos a mayor riesgo inmunológico.

Díaz reconoció que una de las cosas que aún no han podido mejorar los agentes inductores y que representa un reto para los especialistas es el rechazo subclínico (sin rasgos evidentes), del  injerto, por lo que está latente el riesgo de desarrollar nefropatía  crónica en el injerto a largo plazo. A pesar de esto reitera que los protocolos de inmunosupresión ayudan de manera fundamental a los especialistas y pacientes en la prevención, el tratamiento y el mantenimiento del trasplante renal.