• Caracas (Venezuela)

Salud y Bienestar

Al instante

Sexualidad responsable

Pareja en una habitación / El Mercurio / Chile / GDA

Pareja en una habitación / El Mercurio / Chile / GDA

Los jóvenes adultos pueden iniciar o incrementar conductas que les exponen más al contagio de enfermedades de transmisión sexual o embarazos no deseados

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

No les gusta usar condón. Unos dicen que es incómodo. Otros, que no les da tiempo a ponérselo. También hay quienes se sienten invulnerables, aún cuando cambian frecuentemente de pareja sexual y no acostumbran realizarse pruebas médicas para saber si han contraído alguna enfermedad venérea.

¿Eres tú uno de ellos? ¿Sí? ¿No? ¿A veces?

Sea cual sea tu respuesta, entérate de que estas características de comportamiento describen a la población de 18 a 24 años de edad que está activa sexualmente en Puerto Rico, según información recogida en el más reciente estudio de necesidades de prevención de enfermedades sexuales que realiza el Departamento de Salud. Por eso se les considera “desprotegidos” cuando de educación sexual se trata.

El grupo está formado por adultos jóvenes que no están –o comienzan a dejar de estar– bajo la supervisión de sus padres, ya sea porque gozan de una mayor libertad en casa, se hospedan o han empezado a trabajar y recién ganan independencia económica.

En esta etapa, “comienza fuertemente la sexualidad recreativa, la que se consigue en una noche, en el momento. O se empieza a desarrollar este tipo de pareja weekend love o amigos con privilegios”, explica la doctora Alicia Fernández.

Aunque otros podrían tener una pareja estable, no necesariamente se han casado. Según cifras del Censo para el 2010, en promedio, la tendencia es que ellos contraen matrimonio a los 30 y ellas, a los 28.

Especialmente en los tempranos veintipico, muchos jóvenes viven una transición a veces muy acelerada a la adultez, observa, por su parte, la doctora Lourdes E. Soto de Laurido, catedrática del Recinto de Ciencias Médicas y educadora sexual certificada.

Es en ese transitar y debido a los factores mencionados cuando estos jóvenes adultos pueden iniciar o incrementar conductas que les exponen más al contagio de enfermedades de transmisión sexual o embarazos no deseados. Las estadísticas apuntan a que dos de las tres enfermedades de transmisión sexual más comunes en Puerto Rico se detectan en las poblaciones de 15 a 19 y de 20 a 24 años. Estas son clamidia y gonorrea.

La vida cambia

Soto de Laurido, también investigadora en temas de sexualidad, observa que, a partir de los 18 años, se suele comenzar a disolver de forma más tajante esa línea que separa la adolescencia de la adultez.

“Las fronteras de edad ya no están. Los jóvenes comienzan a relacionarse con todo el que aparece. Y eso puede representar una variedad tremenda de prácticas, culturas y personalidades”, apunta Soto de Laurido, quien también es catedrática del Recinto de Ciencias Médicas en Río Piedras.

El grupo entre los 18 y 24 años es identificado como uno que, en general, tiene más parejas sexuales, está conociendo aún su sexualidad y no suele protegerse consistentemente con el uso de condones para evitar el contagio de enfermedades o de métodos para el control de los embarazos, explica, por su parte, la doctora Trinidad García, directora de la División de Prevención de ETS y VIH del Departamento de Salud.

También identifica como una conducta común que tanto hombres como mujeres dejen de utilizar condón cuando entienden que su relación tiene cierta estabilidad, sin tomar en cuenta cuál puede ser el comportamiento de la otra persona o sin tener claro el estatus de la relación.

Roxana es una joven de 24 años que se toma en serio la protección, pero confiesa que en ocasiones no ha sido consistente.

“Ha habido momentos, excepciones. Por ejemplo, si ya conozco a la persona, hemos estado juntos en el pasado, he confiado... me he dejado llevar por el momento. Después, es horrible. No puedo parar de pensar que pudo haberme contagiado con algo”, cuenta.

Al igual que ella, son muchos los que utilizan protección “casi siempre”. Otros, sencillamente no piensan que deben protegerse, quizás porque confían en que no les pasará nada.

“La costumbre de no protegerse viene desde que empiezan a tener relaciones sexuales y continúa hasta que tienen una pareja estable y se ve un cambio de comportamiento”, indica García.

El auge en las “relaciones abiertas” también influye en el riesgo que corre esta población, no solo en términos de su salud física, sino de la emocional.

“La sexualidad está ligada a las emociones”, comentaFernández.

Educarse es la opción

Para Soto de Laurido, existe un desfase. Los jóvenes tienen libertad para decidir sobre su vida sexual, pero les falta mucha información para asumir esas decisiones de forma saludable.

“Entran en conductas adultas sin necesariamente tener todo el conocimiento de la responsabilidad que implica la convivencia, las relaciones sexuales más frecuentes, la disminución de las inhibiciones, entre otras”, apunta la educadora.

Las entrevistadas coinciden en la necesidad de reforzar las bases de la educación sexual para que, cuando llegue el momento de tomar decisiones, los jóvenes tengan las herramientas necesarias.

Coinciden también en la percepción de que muchos jóvenes adultos mantienen erróneamente una actitud demasiado relajada o confiada que les impide considerar en su justa perspectiva el riesgo que puede representar la actividad sexual una sola vez sin protección.

“Ese sentido de complacencia, tenemos que combatirlo”, apunta García.