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Gobierno incumple regulaciones sobre equipos de radioterapia

Las normas Covenin obligan a dar mantenimiento preventivo, pero las garantías de 53 máquinas clave vencieron en marzo pasado

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Una carta escrita por personal del Hospital Miguel Oraa de Guanare, en Portuguesa, constituyó una advertencia dentro de la red oncológica del Estado. El 24 de julio, según registra el documento, la Dirección Nacional de Salud Radiológica le recomendó a la unidad de radioterapia del centro de salud suspender los tratamientos a los pacientes con cáncer. Una revisión exhaustiva de los equipos comprobó que estos incumplían los parámetros de mantenimiento y de control de calidad establecidos en la normativa Covenin.

El acelerador lineal de Portuguesa fue comprado por el Gobierno a Argentina a través de un convenio de cooperación firmado en 2004. El paquete incluyó la adquisición de 53 equipos –entre ellos otros 9 aparatos del mismo tipo que el de Portuguesa, 8 unidades de cobaltoterapia y 14 máquinas de braquiterapia– cuyos contratos de mantenimiento preventivo vencieron entre marzo de 2011 y marzo de 2012, según Antonio Orlando, presidente de Meditron, empresa venezolana encargada de la conservación de los equipos por los proveedores sureños: Philips Argentina e Invap, una corporación pública especializada en tecnología nuclear.

La situación contradice el contenido de las regulaciones nacionales establecidas en la normativa Covenin 218:2:2002, que señala lo siguiente en el artículo 6.8.9: “Se debe disponer de un programa de mantenimiento preventivo, revisiones periódicas y reparaciones en correspondencia con las recomendaciones del fabricante. Para esto debe concertarse un acuerdo oportuno con el proveedor u otra entidad calificada, y ambas debidamente autorizadas por la autoridad competente”.

Las regulaciones Covenin están basadas en las establecidas por la Agencia Internacional de Energía Atómica. Lo dicho por Orlando ha sido ratificado por fuentes consultadas en hospitales, otras compañías privadas y en el propio Ministerio de Salud. En el caso de Portuguesa se indica además que falta un equipo de calibración para hacer los monitoreos diarios y semanales: el aparato llegará al país en cuatro meses, de acuerdo con fuentes vinculadas al caso.

Calibración vital

Omar Arias, directivo de la Sociedad Venezolana de Protección Radiológica, explica que la calibración de los equipos –reforzada por una buena labor de mantenimiento– es necesaria para garantizar que el tiempo de radiación administrado al paciente sea el correcto y que la energía efectivamente se dirija a la lesión sin afectar otras zonas. “Se está aplicando tratamiento de radioterapia sin los controles debidos”, alerta. En el interior del país –agrega– existe una dotación deficitaria para hacer la calibración y corrección de fallas de las máquinas. Aún así, afirma que en el país no se ha registrado ningún accidente radiológico en pacientes de oncología.

En los hospitales, los físicos médicos que diariamente evalúan el comportamiento de los equipos de radioterapia, se muestran preocupados porque los desperfectos son recurrentes. “Todos los mantenimientos que se les están haciendo son correctivos; los servicios llaman a los técnicos cuando falla algo. Cuando estábamos bajo garantía, pasaban un cronograma en los que se especificaban los días de mantenimiento preventivo, pero se venció y nos olvidamos de eso”, lamenta un especialista de un centro de salud público de Caracas.

La preocupación del personal que labora en los centros de radioterapia radica en la responsabilidad legal que tienen ante el desempeño de los aparatos. “Toda persona natural o jurídica que realice prácticas de radioterapia con fuentes o equipos generadores de radiaciones ionizantes, debe estar sometida a la inspección, supervisión y vigilancia de la autoridad competente”, señala la norma Covenin 128-2-2005.

La norma establece y detalla las responsabilidades de los especialistas de los servicios de radioterapia para garantizar un adecuado tratamiento: la dirección de la instalación, el jefe del servicio de radioterapia, el oficial de seguridad radiológica, el médico especialista en radioterapia, el físico médico que hace las pruebas a los equipos, los técnicos en dosimetría y radioterapia y los ingenieros y técnicos de mantenimiento de los dispositivos.

Mobiliario y cobaltoterapia

David González

La compañía pública argentina Invap ha construido equipos de alta tecnología como reactores nucleares y radares. Sin embargo, en 2004 selló un acuerdo con el Gobierno de Venezuela en el que incluyó la venta de un tipo producto menos sofisticado: muebles como sillas y escritorios.

Así lo reconoció la propia empresa en el informe correspondiente a su balance contable de 2010 en que habla de la negociación de “mobiliario común y mobiliario clínico” como parte del acuerdo de 52,3 millones de dólares que incluía la venta de equipos para radioterapia. Una parte sustantiva fue adquirida por los sureños a una fabricante sueca: Elekta, que le vendió 10 aceleradores lineales que finalmente recalaron en centros de salud venezolanos.

Otra parte sí fue fabricada por Invap: 8 simuladores de radioterapia y 8 unidades de cobaltoterapia. Sobre éstas últimas hay un debate: ¿convenía comprarlas? Hay técnicos que defienden la adquisición de las también conocidas “bombas de cobalto” porque permiten tratamientos de emergencia y porque hay tumores que reaccionan mejor al tipo de radiación que emiten. Otros, sin embargo, consideran que son máquinas del pasado si se les compara con el desempeño que de equipos que Invap no tiene capacidad de construir.

Los aceleradores lineales pueden atender, según los expertos, mayor cantidad de pacientes, con sesiones más cortas y con ventajas con respecto al otro modelo porque las fuentes de cobalto tienden a agotarse y a hacer progresivamente más lentas las terapias.