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Pautas para tener una buena presión arterial

La vida sana previene la hipertensión | Foto: Prensa Sol Comunicaciones

La vida sana previene la hipertensión | Foto: Prensa Sol Comunicaciones

El objetivo es mantenerla dentro de un rango que evite daños a las arterias, el corazón, los riñones y el cebro en ancianos diábeticos y enfermos renales

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Se han refinado las pautas para la presión arterial de los ancianos, los diabéticos y los enfermos renales. Mayo Clinic Health Letter explica los cambios y por qué ocurrieron.

La hipertensión es un problema de salud grave y común, que puede derivar en varios riesgos importantes, tales como: ataque cardíaco, accidente cerebrovascular, insuficiencia cardiaca y renal, así como daños a otros órganos. Los ancianos son quienes particularmente corren ese riesgo, pues más de 50 % de personas mayores de 65 años y cerca de 80 % de los mayores de 75 años padecen de hipertensión.

La presión arterial se considera normal cuando es menor de 120/80 mm Hg. En algunas personas, la hipertensión tiende a desarrollarse en el transcurso de varios años, sin que exista una causa exacta; mientras que en otros, la causa de la hipertensión es una afección subyacente, tal como una enfermedad del riñón o de la tiroides.

El objetivo del tratamiento de la hipertensión es mantener la presión arterial dentro de un rango que evite daños a las arterias, el corazón, los riñones y el cerebro. Dicho rango varía un poco, según el subconjunto de pacientes.

Las últimas pautas son las del Octavo Comité Nacional Conjunto para Prevención, Detección, Evaluación y Tratamiento de la Hipertensión. Dichas pautas recomiendan que quienes padecen hipertensión mantengan la presión arterial en menos de: 

150/90 mm Hg para los adultos sanos a partir de los 60 años. Estas cifras son ligeramente mayores que las pautas anteriores.

140/90 mm Hg para los adultos sanos menores de 60 años.

140/90 mm Hg para los adultos con diabetes o enfermedad renal. Estas cifras también son ligeramente mayores que las pautas anteriores.

Uno de los principios subyacentes de las nuevas pautas es que para mejorar la salud, no siempre es bueno el tratamiento más agresivo, el mismo que tampoco está respaldado por pruebas contundentes, especialmente en el caso de los ancianos diabéticos o con problemas renales crónicos. Los objetivos de un tratamiento menos agresivo disminuyen la intensidad del mismo, lo que también conlleva menos efectos secundarios.