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Lanzan el primer medicamento para perros que temen al ruido

Se suelen usar técnicas conductuales para tratar el temor a los ruidos fuertes de los perros | Foto: AFP

Se suelen usar técnicas conductuales para tratar el temor a los ruidos fuertes de los perros | Foto: AFP

La farmacéutica veterinaria Zoetis Inc. informó el que el recientemente aprobado Sileo estará en las veterinarias de Estados Unidos en una semana

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Los perros ya no tendrán que esconderse bajo la cama cuando haya fuegos artificiales y tormentas, gracias al primer medicamento veterinario para tratar la ansiedad causada por ruidos fuertes, un problema común que causa destrucción de propiedad, el escape de perros atemorizados, lesiones que ponen en riesgo la vida o, en algunos casos, la eutanasia.

La farmacéutica veterinaria Zoetis Inc. informó el que el recientemente aprobado Sileo estará en las veterinarias de Estados Unidos en una semana.

Es una opción muy necesitada para perros que no encuentran suficiente cura en medicamentos hechos para humanos o en las poco efectivas estrategias conductuales.

Los propietarios de al menos un tercio de los 70 millones de perrosen Estados Unidos reportan problemas por el temor de sus mascotas a los ruidos fuertes. Los canes con frecuencia tienen tanto miedo que brincan a través de ventanas cerradas, destruyen puertas al intentar escapar o corren hacia el tráfico y son atropellados.

"He visto cosas absolutamente terribles que suceden por la ansiedad causada por ruido", le dijo en una entrevista a la agencia AP el doctor J. Michael McFarland, director de mercadotecnia de Zoetis, en Estados Unidos.

Sin tratamiento, la ansiedad empeora con el tiempo y es muy similar al estrés postraumático de los humanos, dijo McFarland, un veterinario que al inicio de su carrera trabajó 25 años en hospitales de animales.

Los tratamientos actuales incluyen pastillas ansiolíticas para humanos, como Xanax, y tranquilizantes que sedan a los perrosdurante muchas horas pero realmente no los calman, hasta terapias conductuales, como confinar al perro en un cuarto pequeño o intentar desensibilizarlos al exponerlos de forma frecuente a ruidos cada vez más fuertes, algo que McFarland dice que nunca ha visto que funcione.