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Los orgasmos no se jubilan con la menopausia

La mujer debe esforzarse por retomar la vida sexual, pese a que con la edad disminuye la secreción vaginal, lo que acarrea relaciones dolorosas y a veces insatisfactorias

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La noche que Helena apagó las velitas de los 50 años de edad pensó que a la mañana siguiente tendría que llenar la planilla de las doñitas que ven telenovelas en las tardes, anotarse en la sección de chismes del edificio y cancelar la cuenta de su vida sexual. Pero la viuda, maestra retirada y abuela de dos niñas, no siguió el patrón que se supone fija la tradición de la tercera edad. A las tres semanas conoció a un vecino de 65 años de edad, viudo también. Ambos se enamoraron y se refugiaron en el sexo y, aunque no exhiban las habilidades de una pareja de veintiañeros, han descubierto que sus orgasmos no se habían jubilado.

“Hasta hace unos años, la menopausia se veía como el fin de la vida sexual, pero ya sabemos que no es verdad y que no basta con la experiencia personal, pues estudios clínicos señalan que para muchas mujeres la sexualidad mejora a partir de los 40”, afirma la psicóloga Ligia Lizarraga, con base en avances médicos que aconsejan a quienes entran en esa etapa seguir disfrutando del sexo.

Lizarraga cita los Estudios del Envejecimiento de la Universidad de Duke, en Estados Unidos, que refieren que 72% de mujeres mayores de 40 años reconocía haber mejorado su experiencia orgásmica en el acto sexual en comparación con su etapa juvenil, mientras que 19% afirmaba no haber notado diferencia con años anteriores.

“Esto se explica por el hecho de que las mujeres de 50 años de edad no viven ni se encuentran física y psicológicamente como las de 50 años de hace unas décadas”. Ya no son las abuelas dedicadas al cuidado de los hijos y los nietos. Todavía son bellas, activas, con ganas de vivir y afrontan los síntomas de la menopausia (cambios de peso, sofocos, sudoración excesiva, dolor de cabeza, sequedad vaginal) que pueden afectar su sexualidad para seguir disfrutándola.

La era del cambio. La menopausia no es el elemento determinante que produce un cambio en la vida sexual de la mujer, pero sí es un proceso en el que surgen dificultades que no deben ignorarse. Desde luego, nadie pasa por alto que la llegada a los 50 años no deja huellas en el organismo. Las primeras razones que se toman en cuenta son de orden fisiológico. Los cambios hormonales se reflejan en la piel, el cabello, los genitales. El deterioro de la piel se acelera durante el climaterio debido a la deficiencia hormonal (progesterona y estrógeno), que causa degeneración de la fibra elástica del colágeno y se refleja en el adelgazamiento de la piel, sequedad, descamación y consecuente menor resistencia y tensión. “Es obvio que, al mirarse en el espejo, ya no se ve como antes, y ese dato le baja la autoestima a cualquiera”.

La ginecóloga Mirna Azuaje de Morales añade los cambios en la zona urogenital. “Una vez que comienza la disminución de los estrógenos, se adelgaza la mucosa de la vagina. Con la menopausia se reduce la irrigación, lo que adelgaza ese tejido y lo deja más vulnerable”. Al no ocurrir el proceso de lubricación ni secreción vaginal, la mujer puede experimentar relaciones sexuales dolorosas y por tanto insatisfactorias. “Si le sumamos la caída de la libido, episodios de incontinencia urinaria o de molestias para orinar, calorones y dolores de cabeza, ¿qué vemos? Una mujer de mediana edad, irritada, de mal humor y hasta deprimida”.

Una de las dificultades más graves de la mujer posmenopáusica es la pérdida del deseo sexual, que ella, generalmente, relaciona con un problema de tipo psicológico.