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Compartir en familia equilibra cuerpo y psique

Más allá de las comilonas y regalos, la Navidad es ideal para reunirse. Preparados con antelación, los encuentros pueden convertirse en píldoras que benefician la salud mental

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Para la mayoría es sinónimo de alegría, para otros es motivo de melancolía, y aunque haya posiciones encontradas, lo cierto es que las festividades del mes de diciembre movilizan emociones. Si son bien atendidas se pueden extraer de ellas beneficios que se materialicen a lo largo del año que está por comenzar.

La psicóloga Jennifer Molgado explica que el punto de partida debe ser la concientización acerca de lo que significan estas fechas. A partir de esto se pueden comenzar a tomar decisiones acertadas respecto a la manera en la que se vivirán las celebraciones y prepararse para dar lo mejor de sí y recibir lo que los demás tengan para compartir.

Planificar. Aunque ya para esta fecha es muy tarde, Molgado considera que los meses previos a las fiestas deben servir para comenzar a establecer contacto con los familiares que se darán cita en diciembre y llegar a acuerdos. Una vez que el núcleo familiar ha decidido cómo quiere pasar esos días ­de viaje, solos o en reunión con el resto de la parentela, por ejemplo­, hay que planificar lo que se espera de cada miembro.

En aras de que los gastos de las celebraciones no recaigan sobre una sola persona, convendría repartir las responsabilidades entre varios y los regalos materiales, pueden sustituirse por otros más económicos o, mejor aún, ofrecer regalos sentimentales, como un momento a solas con esa hermana con la que no se tiene tiempo de conversar.

Mientras antes se llegue a acuerdos, más temprano se empieza a disfrutar de las fiestas. El compartir, llamarse por teléfono y visualizar positivamente lo que será la Navidad, abona el terreno psicológico para lo que vendrá.

Conversaciones mágicas. Independientemente de la religión que se profese, las celebraciones decembrinas tienen un poder mágico sobre las familias. "El hecho de extraer la energía de todas esas personas queridas, indudablemente, llena al alma de esperanza", afirma Molgado, y añade que este sentimiento puede perdurar durante el año nuevo si las navidades sirven para descubrir vínculos con miembros que se tratan poco o afianzar aquellos que ya están establecidos.

En vez de hablar de política durante la cena, recomienda hacer una ronda en la que cada uno manifieste un par de propósitos para el año por venir y que los demás se ofrezcan tanto a colaborar como a vigilar que la persona los logre.

"Esto asegura que la familia se mantendrá en contacto por un tiempo", augura la psicóloga.

Del mismo modo, se puede aprovechar que están todos juntos para planificar actividades para realizar durante el año.

El amor como antídoto. Estudios científicos dan cuenta de los beneficios que tiene el contacto con los seres queridos en la salud. En la revista Psychosomatic Medicine se publicó una investigación que concluye que las personas que pasaron más tiempo con su familia experimentaron disminución de la presión arterial.

Otros investigadores encontraron que el solo hecho de mirar a un ser amado libera hormonas como la dopamina, la adrenalina y la noradrenalina, lo cual causa reacciones en el cuerpo parecidas a las que resultan luego de realizar un ejercicio aeróbico, pero en una intensidad placenteramente menor.

La Universidad de Carolina del Norte, por su parte, puso en relieve la acción de la hormona oxitocina, que genera sensaciones de bienestar y ayuda a combatir el estrés, al relacionar el incremento de su secreción con el momento en el que las personas reciben abrazos.

Y para que el humor sustituya los sentimientos negativos conviene tomar en cuenta que la Universidad Maryland encontró un vínculo entre el estrés y el estrechamiento de los vasos sanguíneos. Sin embargo, con la risa, ocurrió lo contrario, es decir, ésta ayudó a expandir estas vías.