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Cáncer de mama: un enemigo común

Mastectomía

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Seis países de la región dan cuenta del avance de una enfermedad contra la que es necesario fortalecer la prevención

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La campaña del lazo rosado, con el que se identifica la lucha contra el cáncer de mama, podría ser un estandarte común en América Latina, donde el mal se ha convertido en preocupación central de las mujeres y de los sistemas de salud.

Una revisión del panorama en seis países muestra que aunque ha habido avances en la prevención y el tratamiento, aún queda mucho camino por recorrer.

En Argentina, cada año más de 18.000 mujeres se diagnostican con un tumor de ese tipo, esto la coloca al frente de las naciones de la región con mayor incidencia de esa enfermedad.

El desafío que enfrenta el Instituto Nacional del Cáncer de ese país es reducir la alta mortalidad, pues con 5.400 decesos anuales, Argentina tiene la segunda tasa de mortalidad, después de Uruguay.

No es menos prioritario el asunto en México donde, según cifras oficiales, cada 2 horas muere de cáncer una mujer, y se ha convertido en la primera causa de mortalidad en mujeres en edad reproductiva. En promedio, se detectan entre 5.000 y 14.000 nuevos casos de cáncer de mama cada año, en este país, en 2011 se contabilizaron 5.142 defunciones. Anualmente ocurre un promedio de 16,7 muertes por 100.000 mujeres de 25 años de edad y más.

El caso de Brasil ilustra como los mejores indicadores económicos se traducen en nuevos desafíos en materia de salud. A medida que la población envejece y sus hábitos se han modificado (sedentarismo, mala alimentación y las mujeres tienen hijos más tarde), también ha experimentado un aumento alarmante del cáncer de mama: la mortalidad prácticamente se triplicó en 30 años.

En el periodo 1980-2010, el número de casos de cáncer de mama en mujeres entre 15 y 79 años de edad en Brasil saltó de 18.597 a 67.752, lo que significa un aumento de 264%, según datos de un estudio realizado por el Institute for Health Metrics and Evaluation, de la Universidad de Washington. De la misma forma, el número de muertes pasó de 5.760 en 1990, a 11.968 en 2009, un crecimiento de 100%.

El mismo estudio de la Universidad de Washington señala que las posibilidades de morir de cáncer de mama se han incrementado en Venezuela desde 1980.

De hecho, el número de casos diagnosticados en 2010 ­en total 6.059- fue 156% mayor en comparación con losde hace 30 años.

En ese país, este tipo de tumor ha sido tradicionalmente la segunda causa de muerte por cáncer en mujeres, después del de cuello uterino. Aunque el número de afectadas va en aumento, el porcentaje de decesos no se ha incrementado en la misma proporción: 483 venezolanas murieron por cáncer de mama en 1980, mientras en 2010, 1.652 mujeres fallecieron por ese mal, lo que se traduce en un aumento de 70% En Colombia también las estadísticas dan cuenta de un repunte, pues la enfermedad ha aumentado 34% desde 2007.

Oficialmente, se registran cerca de 6.700 nuevos casos de ese tumor cada año, que causa 2.200 fallecimientos anualmente.

Costa Rica ha visto cómo han ido en aumento las cifras, según los datos del Registro Nacional de Tumores del Ministerio de Salud; aunque en este caso se ha logrado un leve descenso en la cantidad de muertes. Mientras en el año 2000 se contabilizaron 40,19 nuevos casos de cáncer de mama por cada 100.000 mujeres, en 2008 (último año con registros oficiales) se diagnosticaron 44,09 nuevos casos por cada 100.000.

Sin embargo, mientras que en 2006 fallecieron 13,4 mujeres por cada 100.000, en 2011 ocurrieron 10,39 muertes por cada 100.000.

Estrategia clave. En los seis países, la estrategia de lucha contra el cáncer de mama presenta debilidades, muchas de ellas relacionadas con el acceso a la prevención y al tratamiento. En Argentina, a comienzo de este año, el Instituto Nacional del Cáncer señaló que en 10 años se podrían evitar 600 muertes por cáncer de mama con una mejor coordinación del sistema de salud. "La falla más importante es el déficit en la organización.

Tenemos los recursos humanos y físicos, pero no los estamos aprovechando como deberíamos. Con buenos sistemas de información, de capacitación, de control de calidad y pensamiento estratégico podríamos tener un mejor rendimiento", reconoció María Viniegra, coordinadora técnica de esa institución.

En el caso de México, Mirella Loustalot Laclette San Román, directora general adjunta de Salud Reproductiva de la Secretaría de Salud, reconoce que se deben hacer esfuerzos por detectar a tiempo esta enfermedad en las mujeres.

Actualmente, 85% de los casos se descubre en etapas tardías y sólo entre 15 y 10% en etapas tempranas. Aunque destaca avances en los 12 años que lleva el programa de cáncer de mama en México (el número de equipos para mamografía aumentó de 63 en 2001 a 570 en 2012), hace falta aumentar la cobertura de las pesquisas para detectar la enfermedad y el acceso al examen, que es inalcanzable para muchas mujeres que habitan en comunidades rurales e indígenas.

También Colombia debe superar el obstáculo que supone el diagnóstico tardío. Jaime Duarte, médico asesor de la Liga Colombiana contra el Cáncer, considera que la cifra de muertes no es sólo alta, sino injustificada: aunque todas las mujeres de ese país están cubiertas por el sistema de salud y deberían tener acceso al tratamiento integral, 75% de los tumores se detectan en fases avanzadas. Las razones incluyen un pobre conocimiento de la enfermedad, la falta de médicos adiestrados para descifrar las mamografías y las trabas administrativas que el sistema impone a las pacientes para tener acceso a tratamiento.

El diagnóstico precoz ha sido precisamente una meta del Ministerio de la Salud de Brasil, que en un informe aseguró que hubo un aumento de 16% en el número de exámenes con ese fin, que pasaron de 1,8 millones en 2011 a 2,1 millones en 2012. Sin embargo, actualmente aún transcurren 147 días desde el momento en que una brasileña tiene síntomas hasta que se confirma la enfermedad, cuando lo ideal es que no pasaran más de 60 días, advierte el mastólogo Carlos Frederico Lima, del Instituto Nacional del Cáncer de ese país. Además, también transcurren por lo menos 6 meses, un tiempo excesivo, entre el diagnóstico y la cirugía, lo que llevó al gobierno de Dilma Rousseff a firmar una ley especial para evitar esa espera que cuesta vidas.

En Costa Rica, los especialistas hacen un llamado para prestar atención a lugares del país desasistidos. Es el caso de la provincia de Guanacaste, que tiene la menor incidencia de ese tipo de tumor, pero exhibe la mayor mortalidad, 34,4 casos por cada 100.000 mujeres, mucho más que el promedio. Para Roberto Castro, subdirector de Vigilancia de la Salud del Ministerio de Salud, eso puede responder a un problema de acceso al sistema sanitario y a razones culturales, como la resistencia a autoexaminarse o a dejar que un profesional lo haga.

El Observatorio Venezolano de la Salud alertó en un documento de este año sobre fallas del Programa Nacional del Cáncer, por la ausencia de campañas de prevención que promuevan hábitos saludables. Señalan que hay barreras para el acceso de los pacientes a los servicios, lo que se traduce en "un retraso inaceptable en el tiempo de espera de consultas, evaluaciones, estudios, intervenciones quirúrgicas y otros procedimientos de diagnóstico y tratamiento".

Mamografía: debate y consenso

A medida que se han intensificado las campañas contra el cáncer de mama, también ha adquirido importancia la mamografía como estrategia preventiva, mucho más que el autoexamen. "El mensaje `Tócate’ es cosa del pasado. No se puede infundir la creencia de que es suficiente para detectar el cáncer, porque una lesión puede gestarse durante años y ser asintomática e imperceptible al tacto", dice Jorge Uribe, médico mastólogo y ex presidente de la Sociedad Venezolana de Mastología.

Aunque todavía está extendida la recomendación de indicar mamografías a partir de los 50 años de edad, cada vez más los especialistas se inclinan por bajar esa edad para facilitar la pesquisa.

En el caso de Venezuela, las sociedades especializadas aconsejan comenzar a practicar el examen a partir de los 35 años de edad. "Eso posibilita un diagnóstico temprano y las probabilidades de recuperación son muy grandes", señala Uribe.

El Instituto Nacional del Cáncer de Argentina, sin embargo, mantiene la recomendación de practicar el examen a partir de los 50 años de edad en las mujeres sin antecedentes familiares de la enfermedad, o antes cuando existan esos antecedentes o factores de riesgo. En Brasil han tenido eco las recomendaciones de la U.S. Preventive Services Task Force ­organización independiente de especialistas de Estados Unidos­ que desaconsejó la masificación de la mamografia antes de los 50 años.