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Aprende a controlar una hemorragia

El enfermero Alejandro Blanco Aoiz, explica tres técnicas para detener una hemorragia | Foto: EFE

El enfermero Alejandro Blanco Aoiz, explica tres técnicas para detener una hemorragia | Foto: EFE

Vendas, presión y torniquete es lo recomendable para controlar una hemorragia, así lo asegura Alejandro Blanco Aoiz, un enfermero de Urgencias que se encargó de explicar en un vídeoblog cada uno de los pasos que se deben hacer para actuar ante una emergencia de salud

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El enfermero de Urgencias de la Universidad Complutense de Madrid, Alejandro Blanco Aoiz, explica a través de un vídeoblog, acompañado de un maniquí educativo, tres técnicas complementarias para “detener una hemorragia que ponga en riesgo vital a una persona tras sufrir un accidente que le ha causado cortes superficiales o profundos en la cabeza, el abdomen o en una pierna”.

Un traspié mientras baja una escalera, un corte profundo en la mano al manipular un cuchillo, una herida hasta los huesos cuando se resbala en un accidente en moto o bicicleta resbalan y se estrella contra un objeto punzante, o múltiples traumatismos de todo tipo al tener un accidente de tráfico, entre otros.

Cualquier día, a cualquier hora, puede necesitar la ayuda de una persona que le aplique técnicas de hemostasia, que según define el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, es la “detención de una hemorragia de modo espontáneo o por medios físicos, como la compresión manual o el garrote, o químicos, como los fármacos”.

Pero antes de actuar es necesario dar unos pasos en los que prevalezca la seguridad del herido y del socorrista.

“Tenemos que cerciorarnos de que no seremos causantes de un mal mayor o que se pueda poner en peligro nuestra integridad o la del herido”, expresa Blanco.

“Aconsejo no tocar esas heridas con las manos o con tejidos que no estén desinfectados; no es conveniente que nos contagiemos con algún fluido corporal”, apunta.

Si tenemos guantes profilácticos, los usamos.

“Cuando la herida es superficial, a nivel de los vasos sanguíneos más finos, es recomendable lavar la herida con agua y jabón. Luego se tapona el corte con gasas estériles, usando las manos para comprimir la hemorragia”, describe el enfermero.

Se produce isquemia o disminución del riego sanguíneo en esa parte del cuerpo, aunque a veces, según las características fisiológicas del herido, el sangrado no se detiene porque el paciente toma fármacos anticoagulantes o padece una coagulopatía.

“Las primeras gasas se irán empapando de sangre y lo que nunca debemos hacer es retirarlas. Siempre cogeremos otro paquete de gasas nuevo y lo aplicaremos sobre el anterior, donde se está formando el coágulo de sangre -apunta-. Solo se quitan las últimas gasas empapadas en sangre, nunca las primeras”, reitera.

Cuando la hemorragia proviene de cortes en el sistema venoso más profundo se necesitan técnicas de mayor precisión.

“Se comprimen las gasas con las manos y también podemos aplicar hielo recubierto con una tela o bolsa de plástico encima de las gasas, continuando con la presión. La fuerza produce isquemia y la crioterapia vasoconstricción, ayudando así a la coagulación”, describe uno de los instructores más mediáticos del Consejo General de Enfermería.

“A nivel profesional se aplica sobre la gasa un suero fisiológico mezclado con adrenalina -medicamento hemostático- o se acomodan otros paños que incluyen polvos o geles hemostáticos que favorecen la coagulación”, detalla.

Cuando la herida abierta ha provocado una gran hemorragia en una pierna o en un brazo se necesita colocar un torniquete.

“Hay que pasar de la presión directa sobre la herida a cortar el flujo de sangre que viene desde la arteria por la zona más proximal al corazón”, indica Alejandro, según las últimas recomendaciones de la Asociación Americana del Corazón o la Cruz Roja.

“Evitando el daño en el músculo o el sistema nervioso, circundamos la extremidad con una venda elástica, lo más ancha posible, dando tantas vueltas como sea necesario, hasta que cortemos la hemorragia. Vendamos con fuerza en forma de círculo, sin estrangular”, subraya.

Los profesionales también usan como apoyo un esfingomanómetro, instrumento médico para medir la presión arterial.

Si no se dispone de vendas o esfingomanómetro, hay que emplear otros materiales que estén al alcance de la mano, como un trozo de sábana, una bufanda o una manga de camisa.

“La presión se efectúa intercalando un palo o vara de hierro entre la tela con la que hemos rodeado la extremidad. A modo de tornillo o garrote, ajustamos esa tela hasta cortar el riego sanguíneo”, expone el enfermero de Urgencias.

En cualquiera de los casos es muy importante “anotar” en la memoria el minuto en el que se realizó la isquemia, dato de gran valor para no generar un problema mayor, como una amputación.

“Ante estos tres tipos de hemorragias, la enfermería o cualquiera de ustedes puede actuar con estas tres técnicas vasoconstrictoras complementarias”, concluye Alejandro Blanco Aoiz.