• Caracas (Venezuela)

S:D:B Alejandro Moreno

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S:D:B Alejandro Moreno

Ni tiros ni puñetazos

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La masacre de París ha suscitado los más variados comentarios, todos o casi, en defensa de la absoluta libertad de expresión, de prensa y del derecho a la crítica, a la sátira y al sarcasmo practicados por una revista humorística objeto de ese horrendo atentado terrorista. Si de crítica y sátira hablamos, nadie puede en buena lógica negar el derecho a la crítica de la crítica, a la sátira de la sátira, a la crítica y sátira de la crítica y de la sátira, y así, como decían los escolásticos, in infinitum.

Al ejercer su derecho a la crítica de la crítica, quedándose un poco más acá del infinito, el papa Francisco despertó las iras críticas y satíricas de la gran mayoría de los medios de comunicación, incluyendo a este periódico en una editorial. Críticas lícitas, libres, pero injustas. Injustas porque nadie en su sano juicio puede atribuirle a Francisco implícitas e indirectas justificaciones del horror que acababa enfáticamente de condenar sin reticencias.

Los furiosos defensores de la libertad de expresión a toda costa no tuvieron nunca en cuenta que el ataque terrorista no fue ejecutado propiamente contra esa libertad, cosa que a los terroristas les tenía sin cuidado porque para ellos se trata de una aberración entre otras muchas del perverso mundo occidental, sino contra la ofensa. Ofensa al profeta, a su implacable dios y a su ambiciosa religión. Así lo proclamaron clara y enfáticamente. A todos los ofendidos finalmente los habían vengado.

Contra la ofensa ningún tiro es aceptable. Ni violencia mayor ni tampoco violencia menor, la de un puñetazo según la desafortunada expresión de Bergoglio. Parece que entre Bergoglio y Francisco no siempre hay acuerdo. El primero a veces filtra en el discurso del segundo una argentinada (esas campechanías jocosas a las que los argentinos son adictos) dirigida ingenua e ineficazmente a producir empatía. Creo que está claro que aun si le mientan la madre Francisco no se va a agarrar a puñetazos.

Fue su llamada a los límites lo que más irritó a los medios. Límites aceptados e indiscutidos existen en toda democracia: ¿se puede hacer propaganda de guerra, ensalzar el crimen, fomentar la pedofilia…? La llamada de Francisco no se dirigió a exigir ningún tipo de coerción sino a la conciencia y responsabilidad de quien ejerce la libertad porque ésta tiene consecuencias. En Níger diez personas murieron y siete iglesias fueron quemadas en protestas por la portada de Charlie Hebdo. ¿Son daños colaterales? ¿No se deben prever y tener en cuenta? No estamos en un mundo de ángeles.