• Caracas (Venezuela)

S:D:B Alejandro Moreno

Al instante

Temible panorama

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En varios artículos he venido señalando que el hampa en Venezuela se ha ido constituyendo en una forma peligrosa de Estado malandro paralelo al Estado formal, ocupando, incluso territorialmente, los espacios que este último deja desocupados ya sea por incapacidad de controlarlos, por proyectos de pretendida pacificación, por connivencias de corrupción con el delito, por luchas intestinas entre los organismos de seguridad y por muchos otros motivos.

En los últimos meses del año pasado y los que ya llevamos de este, el peligro se ha convertido en una situación real de poder efectivo sobre territorios y poblaciones. El Estado malandro ya ocupa espacios y se va dando un nombre. Si seguimos las informaciones aparecidas en la prensa, sin necesidad de informaciones especiales, y establecemos conexiones, el panorama se nos presenta como muy preocupante. Las grandes bandas crecen vertiginosamente, establecen contactos, acuerdos, conexiones de alta organización y compiten ya con los organismos del Estado nacional.

La banda del gran pran de los Llanos que hace poco se extendía desde Puerto Píritu, Zaraza, Valle de la Pascua, San Juan de los Morros, sur de Aragua, hasta el Tuy, se ha conectado y unido con el Tren de Aragua que desde Puerto Cabello, Valencia, norte de ese estado, llegaba con su influencia hasta Tejerías. Se trataría ahora de conquistar Caracas.Así, van dominando e integrando a las megabandas que desde hace tiempo están establecidas en la Cota 905, sectores de La Vega, El Cementerio, Coche y El Valle, hasta las cercanías de Plaza Venezuela, instalando en esos lugares sus “lugartenientes”. Esto ha incitado a la rebelión a los pranes tradicionales en ellas. En la zona se habla de un “paramalandraje” que se opone al “malandraje” establecido. A la guerra tradicional entre bandas, ahora se añade esta. El suroeste de Caracas es el escenario.

Esto no es sino un esbozo de la macroorganización del delito común que se ha convertido ya en un poder dotado de una organización cada vez más compleja y eficiente, de una potencialidad financiera muy notable, de un importante crecimiento de “personal” bien reclutado y seleccionado –El Picure habló de “selección de personal”, como en cualquier empresa– y de un armamento abundante y superior incluso al de los organismos del gobierno.

Lo previsible es que esto siga. Y seguirá. Para desgracia de todos, el régimen no parece estar en condiciones de defender ni siquiera nuestras vidas. Sus intervenciones se parecen más a criminales linchamientos que a actuaciones de autoridad.