• Caracas (Venezuela)

S:D:B Alejandro Moreno

Al instante

Proyecto hampa

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

ciporama@gmail.com

 Tomo de “El Diario de Hoy” (elsalvador.com): “Los pandilleros se han dado cuenta de que el control territorial les da control político”. En entrevista exclusiva el periodista de investigación Douglas Farah lo afirma y lo completa así: “Ya están asumiendo un poder político real en lugares específicos y eso va a seguir creciendo”.

¿Qué es en concreto, más allá de cualquier teoría y en los hechos, poder político real? Gestión  efectiva de la vida de las personas que constituyen una sociedad, un país o una comunidad de convivientes. El poder político en la actualidad lo ejerce teóricamente el Estado a través de instituciones legítimamente constituidas. Sin embargo, el Estado legítimo muchas veces es sólo formal, una máscara que vela otro estado, real y efectivo, ilegítimo, que actúa mediante el control o la simple sustitución de los actores formales explícitos por otros informales encubiertos.

La izquierda siempre ha dicho que la burguesía es el verdadero poder político detrás de un Estado sólo aparentemente democrático y controlado por ciudadanos libres. La transparencia de una verdadera democracia justificaría la revolución. Sobre esa base ética surgió en Venezuela el llamado proyecto revolucionario desde hace quince años en proceso.

En simultáneo, se ha desarrollado vertiginosa, libre, expansivamente y en pleno real proceso, una violencia delincuencial multiforme que ha ido copando la vida cotidiana de todos los habitantes de este país, en las ciudades, en los campos, en los barrios, en las urbanizaciones, en las calles, en los lugares de reunión y en el propio interior de los hogares. ¿Algún venezolano, es sólo un ejemplo, sale a la calle sin pensar qué de malo le sucederá en ella? Toda nuestra vida está regida, gerenciada, por un poder hamponil real efectivo tras la careta de cualquier institución legal. La policía, los tribunales, las cárceles, la distribución de alimentos, el uso y adquisición de divisas, la construcción de viviendas, carreteras y calles, la asignación de recursos para proyectos a los consejos comunales y las comunas, sacar de la aduana y nacionalizar importaciones, y dele, dele y dele, no están regidas por la ley sino por decisiones delictivas.

En El Salvador las pandillas piensan controlar el poder político formal mediante el dominio de elecciones. Entre nosotros una red malandra forma el sistema nervioso del verdadero poder político.

Sobre el proyecto revolucionario se afirma, consentido y apoyado en forma cómplice, un proyecto delictual de Estado que se asienta como real futuro de país.