• Caracas (Venezuela)

S:D:B Alejandro Moreno

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S:D:B Alejandro Moreno

Impunidad deseable

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La impunidad del delincuente, que es ciertamente una de las causas principales de la desatada violencia, en estos momentos parece que se está convirtiendo en algo mejor que su captura y castigo.

Recojo el testimonio ejemplar de un amigo que cuenta su experiencia.

“Ahora resulta ser que te jode un malandro y tienes que darle gracias a Dios que no lo agarre la policía”. Así arranca su relato.

Robaron en una casa cercana a la de mi amigo. Entraron cinco sujetos armados y dominaron a toda la familia que estaba dentro. La urbanización se ha protegido organizando un grupo de información con el que comunicarse en caso de emergencia. El señor de la casa pudo mandar un mensaje a ese grupo. Contactaron a la policía, llegó la patrulla, capturaron a los ladrones menos al que se llevó el botín. Más tarde atraparon a ese sujeto, pero no apareció nada de lo robado. “Me agarraron dos pandillas, la de los malandros y la de la policía”, comentó el dueño de casa. Una semana después, le llega un mensaje lleno de amenazas al hijo menor de esa familia exigiéndole entregar 400.000 bolívares para sacar a los 4 malandros de la cárcel. El mensaje incluía toda la información bien detallada de su familia, conteniendo además la de todos sus primos y la de los amigos de la casa cercana. La familia se tuvo inmediatamente que mudar lo mismo que la de los amigos.

De este modo, tenemos ya multitud de familias desplazadas, y no solo en los barrios, por efectos de la inseguridad.

¿Cómo les llegó a los compinches de los delincuentes esa información? ¿Quién les dio el número de teléfono?

Cuando se logra que la policía intervenga, el agraviado y los presentes están obligados a dar declaraciones y eso consta en un acta donde aparecen todos sus datos. La misma policía los filtra. Hay que rogarle a Dios que si a uno le atracan los delincuentes, no los detenga la policía y se vayan tranquilitos para donde les plazca, porque en caso contrario, el remedio es muchísimo peor que la enfermedad.

He aquí por donde, la absoluta impunidad del malandro es lo más deseable.

¿Logrará Bernal reorganizar a fondo las policías? No parece, por toda la secuencia de acontecimientos que le llevaron a dirigir esa nueva comisión, que la seguridad ciudadana esté propiamente en el foco. La reestructuración como que obedece a otros objetivos.

Mientras sigan así las cosas, ¿no habrá que desear y bendecir la impunidad de todo delincuente?

El absurdo, el caos, lo impensable y lo contradictorio parecen convertirse en la norma que rige hoy la cotidianidad del venezolano.