• Caracas (Venezuela)

S:D:B Alejandro Moreno

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Hampa política

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Últimamente la prensa de El Salvador viene señalando que las pandillas de delincuentes o maras han comprendido que ocupando territorios tanto en la capital como en otras ciudades del país estarán en condiciones de influir muy significativamente en las elecciones de los distintos candidatos a cargos políticos y conseguir así impulsar al más conveniente para sus proyectos y actividades criminales. Algo muy similar estaría sucediendo en Honduras y posiblemente en otros países centroamericanos. El intento de dominio de la política por parte del crimen no es nuevo. Pablo Escobar logró ser elegido diputado suplente en el Congreso de Colombia y quién sabe a dónde hubiera podido llegar si Carlos Galán, luego asesinado por sus esbirros, no le para el trote.

Según investigaciones de la Fiscalía salvadoreña, dice El Faro, la mara Barrio 18, con el dinero producto de extorsiones actúa como una empresa con empleados, inversiones, pagos, contadores y auditores, desde los penales, invirtiendo en armas, drogas y otros negocios ilícitos.

Nuestras pandillas no son tan ilegales como las maras. Actúan libremente en las “zonas de paz” producto de acuerdos y convenios con funcionarios del gobierno plenamente legítimos como el viceministro del Interior.

Todo el mundo sabe que el programa homónimo no ha disminuido el delito sino todo lo contrario. En dichas zonas, en las cuales la entrada le está taxativamente prohibida a cualquier organismo de seguridad, la impunidad es absoluta, la banda criminal que mora en el sitio establece un régimen de cobro de vacunas, sometimiento de la población y refugio de delincuentes de otros lugares, amén de funcionar como base de operaciones para actuaciones delictivas en el entorno.

Si las “zonas de paz” fueron un tiempo un experimento limitado a ciertos lugares, hoy se han extendido y se siguen extendiendo ocupando comunidades por decisión autónoma independiente del gobierno pero con su anuencia. Como las maras, ocupan territorios –¿todos los circuitos del país?– y cualquiera entenderá lo que puede eso significar en influencia política electoral.

El hampa se encamina a elegir. Ya lo hizo Guarataro arriba en las primarias del PSUV. Hubo que eliminar el centro de votación.

El Estado malandro real, paralelo al Estado formal o fusionado con él, está en marcha.

No hay que confundir los colectivos, netamente político partidistas, con las bandas “zonopacíficas” en proceso de plena politización. Siempre ha habido por lo menos connivencia entre política y crimen.

¿Qué tal una política totalmente malandra?