• Caracas (Venezuela)

Rubén Osorio Canales

Al instante

Mucho ruido y pocas nueces

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No creo que a la manera de los talibanes fanáticos se me acuse de “infiel” si digo que las vistas del papa  Francisco a Bolivia, Ecuador y Cuba han estado, por decir lo menos, por debajo de las expectativas. Y no lo digo porque esperara de ellas ni ataques a la forma de gobierno de esos países, ni posiciones radicales en defensa de los derechos humanos, sino porque una vez más vimos un espectáculo mediático con un guion tan rígido, tan monótono, tan predecible de tanto ser visto, y unos discursos tan “diplomáticos”, que convirtieron lo que creímos un reforzamiento de la esperanza de libertad de un pueblo en un ocultamiento de la verdad.

Desde el momento de su llegada a suelo cubano seguí la gira y, en la medida de su desarrollo, mis sospechas de que allí no pasaría nada que fuese más allá de la afirmación de la fe cristiana y el regocijo del pueblo cubano por la presencia del papa no me abandonaron. El mismo guion de las vistas del papa a Bolivia y a Ecuador pero con  la disidencia perseguida y atropellada por los esbirros del régimen, cuando solo buscaban un encuentro con Francisco, encuentro que, por cierto, no se dio. No sé si habrá sido por las expectativas que la propaganda de la visita generó, pero en el fondo de sus corazones la mayoría de quienes la seguimos esperábamos más claridad y contundencia en el mensaje sobre aquellas materias que conforman el nudo grueso de la tragedia cubana después de sesenta años de tiranía. Por esta razón considero que el calificativo de “histórico”, del cual abusan hoy los medios, sobra.

Estamos claros en que las acciones del papa como jefe del Estado Vaticano se deben enmarcar dentro de unas reglas que impone el país que lo recibe, estamos claros en que no corresponde al papa actuar como un líder político en cada visita que haga, pero es que el asunto radica en que, no importa cómo se llame, el papa es la máxima figura del liderazgo cristiano y católico y, como tal, de él se espera siempre, sin importar las circunstancias en que se encuentre, algo más que visitas protocolares y encomiables manifestaciones de ternura, y más aún si el papa se ha propuesto rescatar la influencia política de la Iglesia como es el caso de Francisco.

Y es que en el caso que nos ocupa estamos hablando de una visita a un país dominado por la tiranía castro-comunista que no anda con miramientos a la hora de sacar provecho por la visita de un líder tan importante y mucho más si ese líder es latinoamericano y, además de eso, tiene carisma, como es el caso de Francisco, un hombre “con el que todos quieren hablar y hacerse una foto” y que logra hazañas que ni los Beatles, ni Pavarotti, lograron, como es vender en 10 minutos 10.000 entradas no para dar un concierto, sino para pronunciar el Discurso de Filadelfia que es el título de su pieza más importante de la gira por Estados Unidos. Y ¿qué se supone que nos  dirá en ese discurso el papa? ¿Acaso tratará de enseñarnos métodos para hacer del rezo una herramienta más eficaz, o indicarnos cuál santo es más milagroso y en cuáles circunstancias? No, en ese discurso el papa “fijará la posición de la Iglesia en el Encuentro Mundial de la Familia, que se llevará a cabo en Filadelfia. Se trata, como dice el analista Carlos Pagni, de un discurso dirigido a lo que el papa Francisco llama en privado “el rebaño disperso” para referirse a los feligreses norteamericanos, en el que el papa tratará temas tales como el calentamiento global, la política migratoria, la familia como piedra angular que es de una sociedad en su relación y vida dentro del capitalismo y eso, no me cabe la menor duda, lo obligará a entrar en consideraciones políticas que habríamos querido escuchar en territorio cubano y no escuchamos, que en este caso, serán hechas y dichas en un país donde se respeta la libertad de pensamiento.

El interés colectivo de seguir paso a paso las visita del papa a Cuba sin duda estuvo condicionado por el ingrediente político que marcó una campaña mediática en la que nada faltó, y en las expectativas que pudieron crear ciertos anuncios que hacían referencia a la libertad de presos políticos y a materias concernientes a los derechos humanos, razón por la cual los resultados de la gira no llenaron las expectativas que la propaganda sembró, y es por eso que no coincido con quienes la han calificado de histórica y han hecho de ella  materia de alabanza delirante. En mi modesta opinión, sus resultados nada añadieron a las visitas anteriores, o sea: nada que fuese más allá del entusiasmo de la comunidad católica de Cuba, de las declaraciones tan auspiciosas, como ambiguas, al final de cada acto, un amago de intermediación más mediática que real, un baño de indulgencia para una tiranía que ya se prolonga por más de seis décadas, una escondida y nunca confesada decepción de los demócratas, especialmente los latinoamericanos.   

Creo que todos estamos de acuerdo en que el papa Francisco, que no hay que olvidar coordinó la publicación de los Diálogos entre Juan Pablo II y Fidel Castro, estuvo siempre de acuerdo con Juan Pablo II cuando dijo: “Cuba ha de abrirse al mundo y el mundo debe acercarse a Cuba, a su pueblo, a sus hijos que son sin duda su mayor riqueza”, y que luego lanzó la tesis según la cual, el papa polaco “internalizó un esquema racional de diálogo como plan concertado, como método en su misión pastoral”, afirmando de paso que la misión del papa es “la de liberar, dialogar y participar, para construir la comunión entre los hombres y la Iglesia”, por lo tanto, está de acuerdo con Wojtyla y con Obama  y que con base en ello ha construido lo que Carlo Pagni llama “la estrategia indirecta de Francisco”, pero  esta, con toda seguridad, está muy lejos de satisfacer las urgencias de libertad del pueblo cubano. Pienso que es esta la causa de la insatisfacción de muchos, entre los cuales me encuentro, con los resultados de esta nueva visita a Cuba.

Mientras escribo estas líneas me salta a la memoria aquella frase del papa  Francisco que dice: “El diálogo se contrapone a la expresión monologada y subordina al espíritu en la búsqueda de la verdad”, diálogo que a mi manera de ver no se dio en Cuba en esta oportunidad, circunstancia que sirvió para que los Castro quedaran más satisfechos con la visita que el propio pueblo cubano.